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lunes, 26 de diciembre de 2011

¿De verdad hay tanto?

Ya estamos de vuelta.


Metropolis es una muy buena publicación para aquellos a quienes nos resulta difícil leer las columnas de texto japonés y enterarnos de una abundante oferta cultural. Gracias a ese canal nació el título de esta entrega. ¿De verdad hay tanto de presentación cultural?
Hay más de lo que uno podría cubrir, a menos que tenga el don de la ubicuidad y una mente prodigiosa para asimilar todo y no morir en el intento de catalizar cada evento que está disponible.
La Metropolis de No. 925 trae algunos anuncios que son dignos de relevar, como muestras nada más y circunscrito a lo planificado en los siguientes 20 días, desde hoy.
Lo primero, la marathón de Beethoven. En el Tokyo Bunka Kaikan, un teatro estatal, se presenta The Complete Beethoven Symphonies Concert on New Year's Eve 2011. Desde las 12:00 del 31 de diciembre, por 10 horas seguidas y por unos USD 400, los espectadores pueden ver las sinfonías del alemán desde la 1 hasta las 9, de corrido. La interpretación está a cargo de la Hiroyuki Iwaki Orchestra.
El 8 de enero -sea permitida esta licencia, aunque diré a mi favor que esta es una expresión cultural absolutamente identitaria del Japón- se lleva a cabo el esperado Gran Torneo de Sumo, esos atletas grandes, fornidos, flexibles y expertos en artes marciales que se enfrentan en este deporte cuyos primeros rasgos aparecieron antes de nuestra era.
Los bomberos tienen lo suyo. El Departamento de Bomberos de Tokio organiza un evento para a orar por un año seguro, sobre todo en este país que por siglos usó la madera para las construcción. La atracción principal es la escena de la escalera. Hombres vestidos de bomberos del periodo Edo (siglos 17 a 19realizan acrobacias circense en la parte superior de un bambú de seis metros de alto. El bambú es sostenido por una parte de los bomberos para que otro suba a la punta y realice las acrobacias.
Cada discoteca prepara su propio "exitómetro", como este: Ooooze, Tri-Bute y los Guerreros de Fin de Semana se juntan en la discoteca Legato, para calentar a los parroquianos antes que llegue DJ Laurent, quien fue "uno de los productores del épico reventón del año pasado", con una fiesta rave que sonó en todo Tokio.
Bajo el slogan de "Luego de un año difícil, hay razones para celebrar la vida", se puede asistir a una exposición de fotografías del reconocido Kyoichi Tsuzukien, quien presenta "Anya Komichi Ueno Asakusa, crucero subterráneo". El artista se fue por el lado más gastado de Tokio, en busca de las culturas subterráneas: travestis, los fanáticos del death metal, las barras de bares gay, las excavaciones baratas a donde fueron los jóvenes creativos desplazados por el glamour de los barrios centrales.
Lo más importante para un japonés siempre será ir el primero de enero al templo, es probablemente el único acto religioso nacional, miles acuden a hacer ofrendas para asegurar un año próspero. Es el mejor de todos los actos culturales, el que engloba a todos los anteriores.


Hasta prontito, ya mismo me voy yo también a un templo a ver cómo es esa vaina.

jueves, 22 de diciembre de 2011

Adolescentes en la cumbre

Muy buenas:


Ya que estamos aquí, veamos esto. ¿Quién es el cantante o el grupo ecuatoriano que tiene las mejores ventas? ¿Pamela Cortés, Juan Fernando Velasco o Delfín Quishpe?
No lo sé, no tengo la más remota idea, no sé si haya esa estadística, pero el fenómeno japonés de la música masiva tiene, básicamente, un nombre: AKB48.
No sé si referirme como a un grupo de cantantes o a una empresa. Ustedes decidan cómo llamarlo, yo les cruzo los datos.
AKB48 son 48 chicas que forman tres grupos de 16 jovencitas cada uno, de manera que la empresa puede atender presentaciones simultáneas. Es decir, solo en muy contadas ocasiones se reúnen todas a cantar. Tienen un teatro donde hacen presentaciones permanentes en la zona de Akihabara y de ahí se derivan las iniciales de AKB.
Un dato alhaja es que cada vez que se va a grabar un disco se debe seleccionar a las 16 que participarán en el proceso. ¿Saben cómo se hace la selección? Pues todas tienen que jugar "piedara, papel o tijera", el tradicional juego jan-ken-po.
Este es principal grupo idol japonés. Es diferente de los ídolos de, por ejemplo, American Idol. Lo dice la inefable Wikipedia: "El término usualmente se refiere a celebridades femeninas japonesas que van desde adolescentes hasta jóvenes con poco más de veinte años que son consideradas kawaii (lindas, adorables) y han conseguido fama gracias a la publicidad en los medios de comunicación".
La página oficial informa que fue creado en diciembre de 2005 con el concepto de que los ídolos se pueden conocer todos los días. Y se puede ser como ellas, vestir como las guambras, ser como ellas. Su estilo musical es el conocido J-pop, pop de origen y para el público japonés, aunque ha trascendido a países como Perú y Brasil, por le intercambio cultura que provocan las olas migratorias del pasado.
En 2011 solamente por la venta de discos la empresa facturó algo más de 200 millones de dólares, sin contar los ingresos por la comercialización de productos, del programa de televisión semanal que tienen y del programa de radio. 

El creador de esta industria del entretenimiento es Yasushi Akimoto, quien comenzó su carrera escribiendo guiones para radiodifusión, elaboró guiones para obras de teatro y musicales, dirigió una película. Todo este desarrollo le valió el nombramiento como Decano de la Facultad de Artes y Diseño de la Universidad de Kyoto y luego Rector de la universidad.
Si bien podría parecer que Akimoto san es un buen ejemplo de la industria del entretenimiento, hay mucho más en la experiencia AKB48.
Una de las cosas que más me ha llamado la atención, y que les puede suceder si activan el vínculo que aparece al final, es ese juego permanente en la inocencia de adorables adolescentes y unos deslices hacia una provocación sexual.
Las minifaldas mínimas y los pantalones cortos que usan en sus presentaciones pueden parecer prendas cuyo objetivo es despertar ilusiones y activar la imaginación para construir sueños vedados. Pero en las calles de las ciudades de Japón se usa esa misma ropa. Ahora mismo, cuando el termómetro se quedó empecinadamente en siete grados centígrados, se veía a señoritas con minifaldas abstinentes, botas que llegaban hasta un poco más arriba de la rodilla y nada más (a veces son insultantes esos desafíos al frío ajeno). De manera que las cantantes no son diferentes de las transeúntes.
Tienen exactamente lo que las colegiales buscan: un estilo, un sueño, un objeto que les diferencie, un amor, todo está en sus presentaciones. Pero hay deslices. En algún video vi que repetían una escena bastante trillada de las jóvenes lavando un auto y jugando con el agua, escena que, de alguna manera, tiene el estigma de ser más propio del entretenimiento de los adultos. Por último, en un video musical que se transmitió por la televisión local, las jóvenes se besaban en la boca, con harta picardía.
De otro lado, las AKB48 son una derivación de la cultura otaku, la del arte electrónico, quizás leve y desviada, pero no deja de establecerse un nexo con esa que es como una marca de identidad de buena parte de los jóvenes japoneses. Los personajes de ánime (películas de dibujos animados) se visten de una manera parecida, pero difícilmente muestran una actitud tan desenfadadamente comercial como las AKB48.
Hay quienes afirman que hay una línea de comportamiento común entre ciertas adolescentes quienes sienten placer por ser vistas por hombres mayores. Los varones, por su parte, crearán sus historias personales de un desliz con una adolescente, si por eso convertirse en infractores de las leyes y la moral. A dichas señoritas les encanta que dichos hombres originen las mencionadas ficciones.
No me atrevo a dar una opinión sobre esto, no hasta que entienda un poco mejor expresiones culturales y reacciones sociales cuya comprensión depende un poco del tiempo y otro poco de lo abierto que esté el entendimiento, afiladito incluso para aquello que nunca entenderé por completo.
Hasta mientras, ahí les va el vínculo y nos encontramos aquí mismo para los comentarios de rigor: http://www.youtube.com/watch?v=vEVq_Bx7_KY.

miércoles, 21 de diciembre de 2011

Cena por "X-mas" a la japonesa

Hola, saludos.


No sé bien cómo llegamos al apartamento, ubicado en el piso 14, de la familia Takeda. Sí se bien que desde allí se veía el monte Fuji preciosamente triangular, vestido de un blanco aparatoso, envuelto en una capa de azul cielo. Con semejante traje de semejante caballero no quedó más opción que suspirar. Pero esa respiración abismal se cortó porque Takeda san llamó la atención con copas de champán repletas de un espumante local. Era una cena de navidad ("X-mas", ese término se usa con frecuencia por aquí para nombrar a esta fiesta).
Afuera del departamento de los Takeda, es decir en las zonas más comerciales de Tokio, la ciudad se viste con la tradición navideña occidental: luces, bombillos, regalos, descuentos, promociones, cenas, árboles de navidades y noeles completamente cocacolizados.
En los jardines posteriores del complejo urbanístico Tokyo Midtown se presenta un espectáculo de luces brutal: 250.000 focos LED, sincronizados por computadora, ¡asombroso!
Navidad, para un japonés tiene el significado de una fiesta occidental en la cual se intercambia regalos y nada más. Sus dioses, los del shintoísmo y los del budismo, no tienen cédula de identidad, de manera que no se puede saber el día de su cumpleaños (además que son muchos... unos ocho millones de dioses).
Para ellos hay dos fiestas anuales fundamentales: el día del cumpleaños del Emperador (23 de diciembre en el caso actual, Akihito) y el año nuevo, pero no necesariamente el que manda el calendario chino. Y tienen una serie de tradiciones alrededor que se contarán en el futuro, cuando eso pase.
Los Takeda se tomaron el reto occidental, decoraron su casa y nos sentaron en una mesa con mantel rojo. La mesa estaba llena de bandejas con comida, especialmente verduras y uno que otro cárnico, pero muy escaso. Y vino, las botellas iban y venían con una naturalidad asombrosa, así como fluye la cordialidad de los japoneses, que es abundante. Noche de abundancias.
Los otros cinco comensales se baten bien con el japonés, pero para este llamingo el ejercicio fue intenso y apareció una conclusión importante: se puede entender el sentido de las conversaciones sin entender las palabras. Será exageración, pero la comunicación humana es capaz de entrar por la piel. Es que hay un idioma al que le prestamos poca atención: el de los gestos, las miradas, la posición de las manos, el tono de la voz. Una conversación de la que no se entiende nada (salvo algunos nombres) puede parecerse a la composición musical que tiene el suficiente poder de generarnos las sensaciones exactas.
Lo cierto es que me reí cuando había que hacerlo y tome un gesto adusto en el momento indicado.
Pero hay un segundo elemento que aporta en circunstancias de ignorancia llaminga frente a lo desconocido: la actitud. La más fácil era volverse autista, como dice el Nicolás Cornejo, "no audio, no video", encerrarse en uno mismo y comerse mierda porque el resto de comensales no hablan en el idioma que uno entiende. La otra es tratar de ser permeable: que esa carga de información sutil encuentre un camino abierto y que se apliquen los tamices sensoriales para buscar un punto de armonía.
Al final de la jornada creo que no quedé muy mal. Unos días atrás, mientras caminábamos por el impresionante barrio de Omotesando, se nos acercó un equipo de televisión de la cadena estatal NHK. Estaban haciendo un reportaje sobre las palabras en japonés que más les llama la atención a los extranjeros; y, nos entrevistaron.
Yo respondí que la que más usaba era chotto matte, que quiere decir algo así como "espere un momento", pero que vuelto al lenguaje criollo vendría a ser "chuta aguanta". Obviamente, mi explicación a la NHK fue en mi chapucero inglés y ahí sí que no hay traducción posible.
Ya en el postre en la casa de Takeda san se produjo ese el vínculo que nos permitió tener una noche de carcajadas desenfadadas. Escuchar a un japonés decir "chuta aguanta" no tiene precio.
"X-mas" con una vida nueva por descubrir, es como un nacimiento hermoso.

miércoles, 14 de diciembre de 2011

La maldición de la página en blanco

Hola todos, bello verles.


Probablemente el que viene a continuación es uno de los temas más manoseados, tanto como hablar del clima, pero vamos ahí, una reflexión más no le hará daño al ecosistema intelectual del mundo (a lo mejor sí, pero me arriesgo).
La página en blanco suele ser el efecto perverso de no tener qué decir o de constatar que en el cerebro está poblado de un enjambre caótico de ideas. El primer estado no es una debilidad, pero no muchos aceptan que esa sensación de vacío existe, es perfectamente humana y tiene una acción paralela valiosísima: el silencio. 
La segunda es la que trae problemas y riesgos. Es difícil priorizar las ideas, todas pesan lo mismo pero se pintan de colores distintos de acuerdo a la necesidad humana. La idea de una flor es perfecta, al menos, para el amor, la elegancia y la muerte. En los tres casos tiene una consistencia diferente, pero ninguna opción individual es esencialmente más valiosa que cualquier de las otras dos. Quiero decir, un clavel rojo en la solapa del traje de un caballero que va a un velorio es una zoquetada, nadie regala una corona de flores a la amada.
Tras estos ejemplos básicos está el barullo que se forma el momento de poner orden a las ideas.
Y los procesos de decantación son harto complicados porque dependen de una mecánica singular. Tenía pensado escribir sobre los maid café en los cuales unas jovencitas no menores a 18 años ni mayores a 22 se visten con un estilo flemático/britácnico/manga/ánime y expresan al cliente su respeto y reverencia de formas casi humillantes para ellas pero mimosas para ellos. Pero no, no ha sido posible todavía abordar esa realidad, porque enseguida se me cruza por la mente la cultura otaku, que se sustentan en el ánime, las manga, las computadoras y los videojuegos: una suerte de arte electrónico.
Pero ni el un tema ni el otro aparece las narices por la neblina del pensamiento y más bien le ponen una música de ascensor nada entusiasta a las ganas de escribir sobre este mundo y el otro.
Y sigo con la página em blanco.

A lo mejor debo hacer silencio y esperar que el día aclare.

miércoles, 7 de diciembre de 2011

Kojiki o la obra fundacional

Ya volví.


Pero claro, uno extraña su país como puede. Ventajosamente inclusive en el lenguaje, que parece la más imponente, larga y tortuosa barrera, se puede encontrar esos nexos sutiles, exquisitos e inasibles que de pronto se convierten en transmisores de la sensación de que el mundo es la cabeza de una cerilla. Ittekimasu, esta palabra es muy usada en Japón y significa, literal y conceptualmente, "me voy a volver". Me dio esa sensación de estar en la Patria pero al mismo tiempo sufrí una pena importante debido a la comprobación de que no es solo nuestra esa manera absurda de usar el lenguaje; yo pensé que esa frase era parte de la lista del patrimonio intangible del Ecuador. Pero no, ha habido otros como nosotros.
Bueno, nos quedamos en que volví y me fui a visitar el Instituto Cervantes de Tokyo: "El Instituto Cervantes es la institución creada por España en 1991 para promover, enseñar español y difundir la cultura de España y de los países hispanohablantes". Había visitado la página web y se veía bien, actividades culturales, biblioteca, exposiciones, cine. Se extraña el idioma, por un lado, y no es conveniente perder los vínculos que el idioma que tanta pasión me genera.
Encontré esta maravilla porque, mientras leía la mitología japonesa, supe que en la biblioteca del instituto existe una versión en español y me lancé a la aventura, a por el Kojiki. Rápidamente me hice miembro de la Biblioteca Federico García Lorca y pedí prestado el libro, que ahora está a mi lado siempre.
El estudio de introducción, al que quiero referirme ahora, es muy interesante tanto sobre la naturaleza del libro, los aspectos históricos que provocaron su escritura y asuntos antropológicos del Japón en su época de guagua nación.
Dice: "El misterio de Japón empieza en el Kojiki (Crónicas de antiguos hechos). Saludado como "la Biblia del Japón" (...) es la obra conservada más antigua de Japón. Narra las tradiciones nacionales desde la edad mítica de los dioses hasta el reinado de la emperatriz Suiko (593-628)".
Pero además es de las más importantes obras por varias razones. En la introducción, escrita por los traductores -Carlos Rubio y Rumi Tani Moratalla- se dice claramente que es necesario dudar de los datos históricos, hay que gozar de las referencias mitológicas, hay que aprender de las citas antropológicas y hay que acariciar las virtudes literarias.
"Además, el valor literario del Kojiki se acentúa por ser 'obra puente' entre una literatura oral perdida, anterior a la introducción de la escritura importada de China, y otra escrita de la cual es pionera. En ese sentido, sus páginas nos colocan al borde de un abismo por cuyo fondo corren las aguas oscuras y ricas de una cultura que, aunque ágrafa, tenía como actor a un pueblo que desde el siglo II ya desempeñaba un papel destacado en el concierto de naciones del Asia oriental".
(Ágrafa: "que es incapaz de escribirlo o no sabe hacerlo", RAE)
Probablemente muchas de las preguntas que uno puede hacerse sobre el alma japonesa se respondan leyendo este libro y su hermano gemelo, el Nihongi, que será el próximo en la mesa de noche (esto último es poesía de trole, disculparán no más).
Pero, qué sentido puede tener abordar estas obras de la historia nipona. Para ir un poco más atrás, cuántos libros sobre el espíritu de los habitantes del Ecuador hemos leído, cuánto sabemos de la cosmovisión andina, qué datos tenemos de la mitología previa a la llegada del señor Jebús (para citar a Mi Señora quien cita a Homero Simpson). La verdad es que sabemos muy poco de la serpiente emplumada y del mundo de los muertos, en general nos parecen dignos del folklore nacional, al que vemos de lejos y con cámara de fotos.
Rayos, entonces parecería que este llamingo se interesó por el alma de otro pueblo en vez de sentir en las venas el alma propia. Sí y no. La "Narración maravillosa situada fuera del tiempo histórico y protagonizada por personajes de carácter divino o heróico. Con frecuencia interpreta el origina del mundo o grandes acontecimientos de la humanidad", es decir el mito, no es un tema de las aulas ni de las conversaciones y sí, acaso, sí de simposios a los que acuden cuatro viejas feas.
Ese desinterés, que tampoco es patrimonio ecuatoriano ni especie endémica rara de mi país, viene determinado porque a nosotros, los ciudadanos llanos, nos cuentan la historia que el poder decide. El poder puede tener la buena intención de fortalecer la identidad nacional y contarnos toda la historia no científica que tanto nutre nuestra sensación de cultura propia. El poder puede querer perpetuarse en base de la modificación de la historia, de los hechos, de las creencias. La iglesia católica predica el dogma de la fe, es decir que sus fieles deben creer lo que se les dice sin cuestionar y en base a eso ha intervenido en la política mundial desde hace siglos. En Estados Unidos el capitalismo puro ha logrado, entre otras cosas, aquietar a los ciudadanos, hacerlos sujetos pasivos de la construcción de la historia, el dogma de que el vivir en un estado estático es la mejor manera de alcanzar el sueño americano. En el Ecuador quisieron tapar todo lo andino para poder imponer la forma española de ver el mundo y saquear a placer los ornamentos dorados del imperio, al punto que hicieron creer al mundo que los indígenas no eran humanos, no tenían alma, y había que negociarlos con las azadas y las acémilas. Todos lo han hecho, eso no quiere decir que esté bien. Lo malo es que nos los creamos.
El Kojiki, aunque todavía está bastante puro del uso de la historia y la mitología para fundamentar el poder, trata de alargar en todo lo que sea posible los pocos datos que se rescató de la cultura oral para generar la sensación de que es una república tan antigua como la China, su vecino de abrazos y tormentos.
Pronto terminaré de leer el Kojiki e iré directo al Nihongi, con lo cual acabará, al menos por ahora, esta aventura por los intrincados caminos del tuétano de esta nación.
Seguro que sí, les contaré para dónde van los tiros.

viernes, 2 de diciembre de 2011

Cima y sima del pudor de un llamingo

Entonces, como les iba contando...


Todo fue muy rápido. Después de almorzar nos dijeron que todo estaba listo, debíamos viajar 20 minutos desde Nagatoro, donde navegamos en un río de aguas transparentes como una gota de lluvia, ascendimos montañas bajas pero igual obesas.
Entramos por una carretera flaca, entre otras tantos cerros gordos, nos metimos tanto por las quebradas que se perdió la señal de celular; eso en uno de los países con mayor conectividad del mundo fue un llamado de atención. Montaña adentro, a lo profundo.
Onsen. Había oído hablar de aquello pero de pronto lo tuve en frente. Onsen. 温泉. Dícese de los baños termales públicos. Públicos porque no son clubes privados sino abiertos a quien pueda pagarlos. Para quien tuviera ¥ 1.200 en el bolsillo. Una billetera con 15 dólares para tres horas de uso y dos toallas incluidas.
Y bien, mi guía fue Javier, quien ha vivido como siete años en el Japón.
Onsen es el sitio donde los japoneses van a relajarse y a cumplir el ritual de la limpieza, es además el lugar en el cual desaparecen casi por completo los rangos, la posición económica, los laureles intelectuales o las medallas de la farándula. Todos son hueso y pellejo. Los autos bonitos se quedan afuera, los PhD se evaporan como el agua que brota de las entrañas de la ardorosa madre tierra.
Y bueno, los chicos a la izquierda y las chicas a la derecha. ¿Problemas de género?, me pregunté. No. Javier no me respondió, me dirigió a lo vestidores, en segundos se quitó la ropa y se puso al nivel del resto. Unos 30 tipos desnudos, lluchos, piluchos, calatos, desvestidos, adanes, en pelotas. Por eso se separan los niños de las niñas, porque pasada la puerta del destino la ropa es una categoría retórica. Y ya. A caminar con timidez con el maíz jugando al péndulo sin Foucault.
¡Mierda!, ¿y ahora qué hago con el pudor inculcado por mamita, el padre Acosta del colegio San Gabriel, monseñor Arregui desde el PSC y la tía Gracielita? ¿Qué hago ahora con las enseñanzas de que hay que guardar el cuerpo de las tentaciones del innombrable que predicaban la vecina de la tienda, el sabio conductor del taxi, el elegante presentador de televisión, qué dirán Oprah Winfrey, Jose María Aznar, Bernardo Abad, Arjona y los Chiriboga Uribe? Ahí estaba este llamingo, rodeado de japoneses, llucho pero, sobre todo, con la moral en pelotas.
A donde fueres haz lo que vieres. Entré a la zona donde estaba la primera piscina de aguas termales que se originan en las chimeneas volcánicas producto del rozamiento incesante y morboso de las placas tectónicas y continental del Cinturón de Fuego del Pacífico y pensé por un momento en el Hugo Yépez; solo un momento, malpensados. Como buen llamingo me lancé de una para sancocharme igual que el resto. Se hizo el silencio, el agua detuvo su retozo, los asistentes me miraron con ganas de meterme un tortazo en la torre, ni una gota se animaba a salpicar hasta que el llamingo saliera y se bañara. Y es lógico, pensé luego de que Javier me reprendió; a quién se le ocurre meterse a una piscina comunal con toda la mugre que andamos a cargar en el cuerpo y que sacamos de paseo  sin ninguna vergüenza.
Esa primera ducha se realiza en unos lugares especiales, porque los japoneses no practican la ducha vertical sino la ducha de traslación: regaderas con mangueras para trasladar la fuerza del agua por todas las esquinas del cuerpo, proceso que se lleva a cabo cómodamente yacentes sobre las asentaderas lluchas en vulgares bancos pika. Y ya, mi entrada al agua fue finalmente aceptada por la comunidad de japoneses desnudos y casi puedo decir que me convertí en uno de ellos. Había dejado la pestilencia del mundo se fue gracias a la ducha de traslación y yo estaba diáfano para el rito del onsen.
La siguiente lección tiene relación con la toalla. Uno entra a la piscina con una toalla y este llamigno hizo lo que ustedes harían, meterla en el agua, exprimirla y limpiarse el rostro, volver por el proceso una y mil veces porque, además, es bien alhaja exprimir un trapo. ¿Pero cómo se le puede ocurrir a una persona limpiarse el rostro, del que saltan como canguil las impurezas y después remojarle en la piscina diáfana donde la comunidad practica el rito de la limpieza del alma? A un llamingo, claro está. "Inmundicia asqueroza", como dirían Les Luthiers.
Pero entonces ahora sí tenía lógica que los cobañantes se pusieran las toallas en la cabeza que a mí, de entrada, me pareció un detalle estético digno de relevar, simpáticos estos "japonésidos", para citar a Mafalda. Es que la cabeza es lo único que se mantiene fuera del agua y la toalla que limpia las impurezas del rostro está fuera del contacto de la piscina de uso comunal. No, tampoco se puede meter la cabeza por completo al agua, las mujeres se recogen el cabello para evitar que roce con el agua que sigue ahí límpida, transparente, circulando todo el tiempo, humeante.
Ya con mi toalla en la cabeza, quietito y calladito como guagua después de travesura, después de la segunda regañada de Javier, pude ver el entorno. ¡Qué maravilla! Piscina de piedra, bambú alrededor y en el techo y el paisaje de una quebrada con los árboles vistiéndose presumidos de los colores de otoño, en un arranque dichoso de amarillos y rojos, más una cascada y su sonido. A no, me dije, estoy en el paraíso. ¡Además vestido de Adán! Hasta se me pasó por la cabeza cubrirme las partes pudibundas con una hoja, al puro estilo del cuadro La Expulsión de Adán del Paraíso, de un tal Masaccio, pero evite la travesura porque podía ser expulsado del onsen y sin redención posible.
A seguir desnudando ideas. Cuando los asistentes se sancochan demasiado se sientan en unas gradas fuera del agua y dejan solo las piernas al remojo. Ese fue de los momentos cruciales. ¿Y ahora? ¿Así no más? ¿Y con la toalla en la cabeza? ¿Y si me ven? ¿Y si les veo? ¿Y si me ven y les veo y creen que estoy viendo lo que no debo y piensan que soy un gaijin fisgón y me quieren expulsar de nuevo del paraíso? Fue horrible, ¿qué hago con mis ojos? ¡Dios, quiero ser protagonista del Ensayo sobre la Ceguera! Ver o no ver, he ahí el dilema. Ver a los ojos me parecía impropio, casi una indecorosa que terminaría en carga montón. ¿A dónde ver? ¿Más abajo de los ojos? Pues ese más abajo de los ojos tiene un límite que yo no estaba dispuesto a trasponer. La salida fue pensar en otra cosa.
Queda dicho que había que desnudar el pensamiento de manera que la siguiente constatación por la vía de la observación fue que los japoneses son lampiños. Salvo el oasis selvático del área que está un poco al sur del pupo equinoccial. Y yo que trataba por todos los medios pasar desapercibido encontré otra razón para sentirme observado. En ese momento la solución fue simplemente no ver y concentrarse en detalles 
Para terminar la experiencia en el onsen, había que bañarse. De vuelta al banco pika pero, luego del tiempo que tuve para la observancia cáustica y pormenorizada, supe que el servicio incluye shampoo, jabón, la regadera para el baño de traslación y un balde adicional. Ese sí es lavada a fondo. Léase literal, no hay cavidad, cráter, hendidura, pozo o profundidad que no sea lavada a conciencia.
Otra novedad, que me contó Mi Señora a quien le tocó ir a la zona de chicas con Náoko, el rostro no se les pone rojo. Cuando el llamingo se mete a esos calores la cara se vuelve del tono de una pelota de básquet, pero sobre todo las japonesas mantienen el inmaculado color blanco de su piel y ni siquiera una puerca gota de sudor se atreve salir corriendo por la frente marmólea de los rostros marmóleos. ¡Qué pieles! Son tan perfectas que no sudan. Al menos por la cara.
Y llegó el momento de vestirse. Justo cuando me estaba acostumbrando a que mi desnudez era igual a la del resto, en el momento en que sentía que el pudor se había ido por el caño.