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lunes, 30 de abril de 2012

El terror de una licuadora con alas


Buenas tardes:

No he aguantado las ganas de escribir esta vez por dos razones. Va la primera: miré unas estadísticas sobre las visitas que hacen los internautas a diferentes blogs. Me ha impresionado saber que los países en dónde más número de personas han leído este Llamingosan están en Rusia, Estados Unidos y Japón. Gracias a esos conciudadanos del mundo por unirse a este espacio de reflexión de lo de aquí y lo de allá.
Lo segundo es que estamos en pleno GW y que este fenómeno del turismo me ha maltraído hasta Kumamoto. Enseguida paso a explicar los detalles de la frase anterior que, a simple vista, aparece confusa, producto de un ataque hepático más que de un racionamiento adecuado.
Las iniciales GW representan las palabras Golden Week, la semana de oro. Si se suma y se resta, durante este período se juntan algunas fiestas nacionales que la convierten en una semana maravillosamente dorada:
  • 29 de abril: Día de Showa: Durante la Era Showa Japón perdió la guerra contra Estados Unidos (II Guerra Mundial). Sufrió los efectos de la más grande estupidez guerrerista, dos bombas atómicas; y, se recuperó gracias a una tenacidad admirable. Eso se recuerda el Día de Showa.
  • 3 de mayo: es el Día en Memoria de la Constitución.
  • 4 de mayo, Día del Verdor: luego de que los sakuras florecieron y, días después, se quedaron sin pétalos, viene la primavera. La nueva estación.
  • 5 de mayo: Día de los Niños.
De manera que quedan libres el 1 de mayo (el Día del Trabajo se celebra el 23 de noviembre) y el 2 de mayo. La acción lógica es hacer puente, aunque haya quienes piensen que son demasiados días sin trabajar, pero la decisión se tomó porque es una oportunidad inigualable para para promover una actividad fuertemente dinamizante de la economía: el turismo. La mayor parte del país tiene unos buenos 9 días de vacaciones salvo, obviamente, quienes trabajan para el sector turismo.
Sabíamos que había que actuar con tiempo para lograr conquistar algún destino interesante. Logramos comprar unos pasajes muy baratos para ir a Kumamoto, 1.000 kilómetros al sur-oeste de Tokio, en la isla de Kyushu. Y nos embarcamos.
(Paréntesis: odio volar).
Desde que las ruedas de la aeronave se despegaron del pavimento del aeropuerto de Haneda ese fierro volador comenzó a traquetear, a bambolearse, a rebotar en las nubes. La cosa se puso un poco más difícil cuando atravesamos un techo de nubes, que tomó unos 20 minutos. Luego, teníamos la cama de algodón abajo y el cielo azul arriba y la pendejada no dejaba de traquetear. Una hora y unos minutos después de moverse y moverse y moverse, con insistencia pero con cierta consideración para los pasajeros, la aeronave comenzó el proceso de aproximación al aeropuerto Aso Kumamoto. Entonces vino lo bueno, porque de ahí para adelante se convirtieron en sacudidas indolentes, por un momento sentí que estaba subido sobre una plataforma de simulación de un terremoto de más de siete grados. Y el avión descendía y batía a sus ocupantes, una licuadora voladora. Y faltaba lo mejor: Estábamos a un par de minutos de tener contacto con la pista, se veía ya con claridad a las personas y sus penas caminando por las vías y el avión se seguía batiendo. Probablemente quince segundos antes de que las ruedas volvieran al bendito piso fue cuando los pensamientos se turbaron. El susto pasó a pánico y después a abandono, la suerte estaba echada, el desenlace final era ese, vislumbraba los titulares en la prensa amarilla ecuatoriana, “Llamingo fallece en accidente aviatorio en Kumamoto”. Lo que realmente me indignó es que el resto de pasajeros ni se despeinaron, para muchos esa batidora infernal no fue suficiente para despertarles. Nadie emitió ningún sonido parecido a la preocupación, el azoramiento interno, el sino trágico que nos deparaba. Cinco segundos antes el avión tuvo suficiente estabilidad para tomar la pista y mientras frenaba un viento lateral nos ladeó lo suficiente como para que nos hiciera sentir algo parecido al quiebre de cintura de un andarele.
El avió se detuvo. Al salir de la terminal vimos unas enormes hélices para generación eólica de electricidad… O sea que aquí el viento sopla siempre, ¿y por qué no se les ocurrió construir el aeropuerto en un lugar menos turbulento? Demonios. Ese aeropuerto no registra ningún accidente, pero su servidor aún siente que el sistema digestivo sigue fuera de su lugar. Ahora estoy en el hotel en el centro de Kumamoto, sumo y resto para ver si me sale el negocio de volver por tierra, pero las posibilidades por ahora son limitadas. Creo que en poco tendré que verle las arrugas a la muerte. De nuevo.
Así comenzó este GW, la vertiginosa apuesta nacional por el turismo. Se calcula que doce millones de personas se movilizarán a diferentes destinos por vía aérea y otros tantos millones por tierra. Es tal el frenesí por viajar en GW que las tarifas se ponen horribles. En año nuevo y en GW hacer turismo cuesta una monstruosidad, básicamente debido a la demanda, pero con tiempo y paciencia se puede armar un paquete interesante.
Aquí nos tienen, en Kumamoto, a dónde llegamos solamente con un pasaje comprado y una hotel reservado. El resto quedará en manos de la suerte. Otra vez.

Hasta entonces.

lunes, 2 de abril de 2012

El juego de la identidad II

Saludos a todos, abrazos:

Hoy, luego de tener mis dos horas diarias de japonés y de luchar contra mis propias limitaciones, me quedé conversando con Nishimura sensei, mi profesora o, mejor dicho, mi profesora preferida. Le conté lo que había escrito como primera parte de este tema y me ha dado más luces.
Tiene que ver con los kanji, la escritura idiográfica que se usa en el Japón y que es una versión adaptada de la escritura china.
Nishimura sensei me contó que el Gobierno del Japón establece un número de kanji como referencia para todas las actividades, es este caso, la lista asciende a 2.136 caracteres.
Históricamente, se había usado ese número casi infinito de ideogramas pero para quienes no tenían el tiempo, la dedicación o la inteligencia suficientes, era una limitación, no podían acceder a textos en los que estuvieran trazos que no conocían.
Luego de la II Guerra Mundial, en 1946, el gobierno decidió determinar un número de kanji que deben saberlos todos y decidió dejar el saldo para quienes quisieran hacerlo por voluntad propia. Es decir, si en algún texto escolar, un periódico o un letrero se usa un kanji que está fuera de la lista oficial es imprescindible acompañarlo de la "furigana", esto quiere decir que se debe colocar sobre ese kanji la versión fonética en hiragana.
Limitar el número de kanji que se utiliza puede ser útil para fines prácticos. Es decir, la palabra precisa que se debe escribir en un cartel que prevenga accidentes puede estar compuesta por un kanji que no es muy conocido y el cartel perderá el objetivo de avisar de un peligro.
El problema es tan complejo que el Ministerio de Educación ha determinado que en los nueve primeros años de enseñanza un estudiante ya ha de aprender la lista y ser capaz de leer cualquier documento.
Luego de publicada la primera lista oficial aparecieron problemas. Uno de ellos es que  muchas personas no tuvieron ya un sistema para escribir sus nombres. Por eso, se han realizado tres reformas, si mis datos no están equivocados.
Paralelamente, el desarrollo de la escritura katakana ha subido en intensidad. Esa escritura fonética se usa sobre todo para nombrar palabras extranjeras. Por ejemplo, los japoneses, tradicionalmente, no han usado camas. Durmen sobre un futón que se coloca sobre el tatami, el piso de fibras tejidas tradicional del japón. Pero inevitablemente llegaron las camas y había que llamarlas de alguna manera. Lo que han hecho es utilizar la fonética original de la palabra y adptarla a sus propias reglas. Cama en inglés es bed y la adaptación al japonés es bedo que, escrito en katakana resulta en esto: ベド.
Ahora, lo de la limitación del uso del lenguaje me ha producido un cierto ardor interior. Con este artículo trato de hacer una catarsis para saber qué me pasa frente a esa realidad japonesa.
Me fascina el misterio que encierran esos trazos, me encantan sobre todo porque es una obra de almquimia que unas líneas dibujadas por aquí y por allá signifiquen un concepto tan profundo como el desprecio. Es decir, qué tuvo que pasar por las mentes de cuántas generaciones para que se llegara a sintetizar el concepto del desprecio en una decena de trazos. Creo que este proceso habla bien del desarrollo de una civilización. Y creo que ponerle límites contribuye a propósitos utilitarios pero debilita la autogeneración permanente de identidad.
Alguna vez leí que los hispano parlantes, en promedio, usamos un vocabulario de 500 palabras. Genios como Borges habrán alcanzado a usar unas 25.000. Y el diccionario debe tener más de 200.000 palabras. Habla bien del español que haya palabras que definen con precisión las cosas, las sensaciones, las personas, pero es una vergüeza que los hispano parlantes desperdiciemos con tanto desparpajo semejante herramienta de la cultura, la identidad, de la esencia.
Y no quisiera que al Japón le pase eso, que haya entrado en una espiral en la cual reunucie a sus increíbles cualidades por dar espacio a lo utilitario. De alguna manera ya ha sucedido, Estados Unidos, después de la guerra, se encargó de "occidentalizar" todo lo que pudo al vencido pero como que ha logrado aguantar en muchos aspectos.
Pero el idioma es la última defensa, con la que no se puede negociar, la que nunca puede claudicar.


Me despido preocupado.

domingo, 1 de abril de 2012

El juego de la identidad

こんにちは:

Desde hace rato quería contarles cómo me va después de 43 días en clases de japonés, pero la verdad no he estado convencido de muchas cosas; es decir, sospechaba que algo estaba pasando pero no podía ponerlo en palabras, a pesar de que esta artesanía periodística se basa en las palabras.
Pero, hay que hacerlo. Provisionalmente todavía, pero hay que hacerlo. Parcialmente; explicar el japonés desde el punto de vista de un hispano parlante es como tratar de explicar la cultura nipona desde los prejuicios latinos. Aprender japonés no se parece a las rutinas de los aeróbicos. Digamos, hay que gente que seguro logra aprenderlo a través de travesuras en las que intervienen la memoria, las relaciones, la práctica.
Pero este llamingo cree que el momento que sepa japonés habré entendido la identidad japonesa. La lengua, el idioma, es la más fiel expresión de un pueblo, de su manera de ser, de su forma de no ser, de sus tribulaciones históricas y sus aspiraciones futuras.
Ya está bien de traducciones. Lo que viene a continuación son una serie de aspectos de la gramática japonesa, o de la lengua, que marcan una diferencia fundamental con el español.
Se escribe de arriba par abajo y de derecha a izquierda. No todo está escrito así, los letreros, anuncios públicos, avisos se escriben de izquierda a derecha y de arriba hacia abajo, pero los libros, toda la literatura, algunos periódicos y tantas revistas lo hacen así.
No existen consonantes. Existen sílabas y las vocales como letras sueltas. No tiene las siguientes consonantes del español: c, l, ñ, q, v, x, y. De manera que el alfabeto conjuga vocales y silabas: a, i, u, e, o, ka, ki, ku, ke, ko, sa, shi, su, se, so, ta, chi, tsu te, to....
En todas las oraciones, el verbo es la última palabra.
No existe ni el género ni el número.
Los tiempos verbales son cuatro: presente/futuro positivo, presente/futuro negativo, pasado positivo y pasado negativo.
Los adjetivos tienen también algo parecido como los tiempos verbales, con la misma combinación de los verbos.
El japonés se compone de dos alfabetos y un ideograma. Cada uno de los dos alfabetos tiene 46 caracteres. El ideograma (kanji) proviene de china y los siguientes son unos ejemplos utilizando los días de la semana. Existen algunas coincidencias: 
 
Kanji
Significado
Japonés
Significado
Español
Luna
月曜日
Día de la luna
Lunes (Luna)
Fuego
火曜日
Día del fuego
Martes (Marte/fuego)
Agua
水曜日
Día del agua
Miércoles (Mercurio/comercio)
Árbol
木曜日
Día del árbol
Jueves (Júpiter/dios de dioses)
Oro
金曜日
Día del oro/dinero
Viernes (Venus/amor)
Tierra
土曜日
Día de la tierra
Sábado (Saturno/descanso)
Sol
日曜日
Día del sol
Domingo (día de Dios)

Para los católicos, el domingo es el día de adoración a Dios, lo mismo que para los japoneses. En la religión shintoísta, la diosa mayor es el Sol y tiene el mismo día para recordarlo.
Tiene tres alfabetos: hiragana, es es una representación fonética del idioma; katakana. una escritura para los términos extranjeros; el sistema de kanji, ideogramas, dibujos que representan ideas. En el ejemplo de los días de la semana, por ejemplo, es evidente el significado de ki (árbol).
Un extranjero puede aprender, en un año de estudios intensivos, unos 800 kanji. Para leer el periódico se necesita saber por lo menos 2.000 kanji. Se dice que existen 50.000 kanji y se supone que en Japón no existe nadie que los conozca todos, porque tampoco existe acuerdo de cuál es el número real; no hay que olvidar que esta forma de escritura se origina en china.
De lo que me cuenta Mi Señora, existen kanji que pueden tener 30 trazos y puede significar una sílaba, como el siguiente, que representa la sílaba so:



Es complejo, muy complejo el japonés, sin embargo de lo cual sus poetas han logrado llevarle a unos niveles de simpleza asombrosos. El haiku es un poema breve que debe tener diecisiete sílabas: un verso de cinco sílabas, el segundo de siete y el tercero de cinco. Pero lo que caracteriza y lo distancia de otras formas poéticas es su contenido, pues trata de describir de forma brevísima una escena, vista o imaginada. Jorge Luis Borges, el más grande escritor de español, declaró que hizo un esfuerzo supremo para lograrlo. Produjo esto:
Algo me han dicho
la tarde y la montaña.
Ya lo he perdido.
Personalmente, este es mi reto. Cuando les cuento a mis profesores que mi interés es lograr escribir alguna pieza literaria en japonés en tres años hacen lo que siempre, se disculpan, sonríen y sueltan su famoso がんばってください、una expresión que los extranjeros usan como "buena suerte", se aproxima más una traducción de "da lo mejor de ti" pero la verdad es que el sentido es diferente y, en tierra de llamingos, la traducción personal que uso es "suerte o muerte".
A propósito, al inicio de este escrito usé el término japonés típico para saludar (konnichiwa). Por último, mejor no usar el internacionalmente aceptado "sayonara" para despedirse, porque se usa para despedirse de alguien a quién no se volverá a ver nunca más.

じゃまた (Nos vemos pronto)