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lunes, 30 de julio de 2012

De novios a hermanos

En Japón ya pega el verano y con ese mismo calor les saludo.

Camino a casa en el bus que una las estaciones de Shibuya y Shimbashi unos días atrás se bajó una persona que vestía una camiseta apretada y una minifalda celestes. El rostro tenía evidentes facciones masculinas.
Entonces recordé lo que he leído con respecto al debate ecuatoriano sobre GLBTT, las iniciales que engloban a gays, lesbianas, bisexuales, travestis y transexuales. (Comentario al margen, horrible que a seres humanos que han tomado una opción sexual diferente, utilizando el libre albeldrío que Dios les dio, teminen por encasillarles en una siglas. Ese es un hecho histórico que debería formar parte del Museo de las Horripilancias).
Evidentemente, entre la retórica de la discusión nacional y la persona que se bajó del bus coquetamente vestida de celeste, surgió la interrogante de cómo se maneja el homosexualismo en Japón.
Se maneja como todo. Es decir, existen pocas muestras públicas porque en su cultura no se han desarrollado las expresiones abiertas del amor; la pasión desmedida se verá en occidente, no por aquí. Es raro ver a una pareja tomados de las manos, más difícil todavía atraparles dándose un beso en la boca. Es su forma de ser. Pero, me ha pasado varias veces que he visto a una chica pasándole la mano por el culo a su novio; y viceversa. Y de cualquier lado.
Al contrario de la formación católica y protestante de occidente, en esta isla, que solo se parece a sí misma, el sexo ni siquiera entra en el rango de tema de discusión moral, sirve para el placer, la posición social y la responsabilidad social; no es ni pecado ni una ilegialidad.
En 2011 se convocó a una marcha mundial para defender los derechos de opciones sexuales alternativas. En Roma marcharon 200.000 personas, en Nueva York 700.000, casi un millón en Madrid y en Tokio... 2.500.
Y no es que no existan. Se calcula que la 9,2% de la población masculina es homosexual, es decir algo menos que toda la población del Ecuador. Y si se suma gays y lesbianas equivale a la suma de la población de Paraguay y Ecuador (un poquito más de 20 millones de personas).
Es que se protesta de manera masiva cuando se busca alcanzar derechos que no se tiene o cuando esos derechos no se cumplen. La legislación japonesa ni alienta ni prohibe las opciones sexuales y todas las personas tienen la misma condición frente a la ley.
Sin embargo, no se reconoce el matrimonio homosexual, a menos que uno de los dos provenga de un país en el que sí se reconoce la unión legal de dos personas del mismo género. Un japonés no sentirá la repulsa social -que es inexistente- pero puede sufrir algunos obstáculos burocráticos.
Pero ya le encontraron la solución: los padres de uno de los dos adopta al que no es su hijo y de esa manera pueden vivir su amor sin ninguna restricción ni límite. Son innovativos, ¿no?
Pero discriminación como tal no hay porque históricamente siempre ha existido opciones sexuales diferentes a las de occidente. En tiempos pasados, el aprendiz de un samurai era también su amante.
Los monjes budistas han tenido libertad sexual y la han practicado. Son muchas las referencias históricas de los religiosas y sus parejas del mismo género. Esa tradición se traspasó al mundo militar.
El samurai y su aprendiz
Era un honor para un joven ser acogido como aprendiz de un samurai y sucedía con mucha frecuencia que aprendía cómo convertirse en un guerrero integral pero también las artes del amor de manos de su sensei.
Cuando occidente comenzó a ser importante para los japoneses aparecieron ciertos intentos por penalizar las opciones sexuales diferentes a las establecidas como "naturales" por los líderes cristianos y protestantes, pero esos esfuerzos se esfumaron. Para los japoneses ese no es un problema, no está en su cabeza que una relación entre personas del mismo género sea un problema, no está en su cabeza que el sexo deba tener reglas de esa naturaleza. La única norma que, en realidad existe, es la que obliga al consentimiento de las dos partes y que sean mayores de edad.
Y lo último, para ellos las personas no son heterosexuales u homosexuales, los actos son heterosexuales u homosexuales. Las personas siguen siendo todas iguales. Y punto.
¿Que si estoy de acuerdo? Creo en el libre albedrío que Dios nos dio.

Les veo en un rato más.

jueves, 26 de julio de 2012

La ciudad de abajo

Siempre será un gusto saludarles.

He vivido casi toda mi edad en una ciudad horizontal. Es decir, las cosas suceden la una al lado de la otra y solo en casos de la esclavitud laboral o de la vivienda los espacios están el uno arriba del otro.
Una de las primeras cosas que me dijo Mi Señora cuando llegamos a Tokio es que debía ver para arriba. Y de su mano aprendí que también hay que ver la ciudad de abajo. Sí hay opciones para que la ciudad crezca para los lados, con una visión horizontal, pocas pero existe; pero la soluciones a los problemas de una ciudad que carga el trofeo de la de mayor densidad poblacional del mundo son más fáciles desde una perspectiva gravitacional. O antigravitacional. Arriba y abajo. Hacia el cielo o hacia el centro de la tierra.
De entre las decenas de aristas que se analizan para mitigar los efectos de los fenómenos naturales, hay una que me ha llamado la atención. El municipio de Minato-ku, al que pertenece un pedazo del Tokio metropolitano y una pequeña parte del gran Tokio, tiene calculado que tiene 40 minutos para evacuar a los habitantes de la ciudad de abajo.
Vamos por partes: la ciudad espera desde hace décadas el ya bautizado "Gran Terremoto de Tokio". Luis, un amigo chileno, cuando llegó a Japón hace 30 años, escuchó que "the big one" se produciría en los siguientes 20 años. Recientemente hubo una fricción entre el mundo académico y las autoridades. Los científicos vaticinan que ese fenomenal remezón sucederá en los próximos cuatro años. Las autoridades dicen que en los siguientes 30.
Los unos y los otros navegan sobre la predicción científica porque nadie está en capacidad de anunciar con anticipación un colosal eructo geológico.
Pero, la capacidad de análisis del comportamiento de las placas tectónicas ha avanzado mucho y también el análisis de las tendencias históricas. Es decir, se ha descubierto que ciertas tendencias previas a un terremoto mayor, sucedido en 1923  se repiten ahora.
Por eso, hay que estar prevenidos. La línea que divide a la prevención de la paranoia es frágil, sobre todo para quienes hemos vivido en un mundo de improvisaciones. Pero, los japoneses se preparan toda su vida para enfrentar con serenidad un movimiento sísmico que quizás no verán nunca. Y no sufren de paranoia, es quizás patrimonio de los extranjeros.
Mi teléfono móvil viene con una aplicación de paquete, una alerta de terremoto. Es decir, cuando el epicentro se estremece, el teléfono emite una alarma. Existen otras aplicaciones para aparatos digitales de alta tecnología en las que cada uno puede programarlo para que emita alarmas de acuerdo a la intensidad de la sacudida. Desde que se produce el sismo hasta que las ondas lleguen al lugar donde uno está pueden pasar unos valiosos siete segundos.
El mío está preparado para hacer sonar un chirrido insistente cuando hay seísmos de más de 5,5 grados en la escala de Ritcher, que puede significar un Shindo de 4. El Shindo es una medida de intensidad sísmica desarrollada por la Agencia Meteorológica de Japón, muy parecida a la escala de Mercalli, e indica la sensación que tienen las personas. Es decir, si tuvo 5 grados en la escala de Ritcher cerca del epicentro se sentirá de 5, a 50 kilómetros se sentirá una escala de 4, a 100 un nivel de 3 y así sucesivamente. El anterior es un ejemplo, porque el Shindo depende de otros factores.
Pero bueno, volvamos al punto desde el que, como dice Les Luthier, nos metimos a "navegar por caminos sinuosos". Cuando suceda el "Gran Terremoto de Tokio", que tendrá una magnitud superior a ocho grados, inmediatamente habrá un tsunami. El municipio de Minato-ku calcula que habrá 40 minutos para evacuar a todos quienes estén en ese momento bajo tierra. El subterráneo es un sistema intrincado de corredores con tiendas, restaurantes, cafeterías, pubs, galerías, museos, oficinas públicas, que se instalaron allí para aprovechar que son áreas de tránsito de los usuarios del metro y, además, para aprovechar el espacio vertical.
La Bahía de Tokio, donde se produciría el gran terremoto
De acuerdo a los científicos, el famoso terremoto tokiota provocaría un tsunami con olas de más de 30 metros. El agua en desbandada se irá por donde le mande la gravedad y eso es hacia la ciudad de abajo, hacia el sistema de transporte subterráneo.
Se calcula que en esos cuarenta minutos deberán salir ordenadamente dos millones de personas. ¡Uf! Solamente en la estación de Shinagawa transitan unas tres millones de personas al día y hay miles que trabajan en negocios que están bajo tierra.
Hace poco se hizo un simulacro en el que participaron más de 15.000 voluntarios. Todo funcionó bien, pero no es lo mismo plantearse todas las posibilidades teóricas que la verdadera secuencia de sucesos.
De todas maneras, vale cualquier esfuerzo por prevenir. Estar preparados es el primero y verdadero paso para mitigar. Mientras tanto, en la ciudad de abajo habrá que seguir jugando a hacerle muecas a la paranoia y colocarse cómodamente en el espacio de la prevención, ahí donde la sensatez manda.

(Antes de firmar este artículo hubo un sismo de 3° en la localidad de Ibaraki, Shindo 1 para Tokio, sin alerta de tsunami. Eso me pasa por hablar de cosas que no se deben).

Nos vemos pronto.

viernes, 6 de julio de 2012

Si mi mamá hubiera sido japonesa

Buenas tardes. Tardes que se han puesto más calientes para nosotros los tokiotas:

Hoy almorzamos comida china en un restaurante en cuya entrada hay un loro enjaulado que sabe decir "hola". Pero es un hola tan metálico, tan profundamente artificial que los comensales quedamos de acuerdo en que si el loro no saluda en varias las lenguas sus dueños no le dan comida. El idioma a la fuerza. Y las dosis de alimento si se porta bien serían abundantes y, seguramente, plátano filipino, el ecuatoriano es más caro. Me encantaría que el loro se llamara Babel.
Nos sentamos en una mesa circular con Mercedes, Cristóbal, Carlos y Mi Señora. El plato que yo pedí tenía de base de udón (un variedad de fideo más grueso) y por encima rebozaba de tofu.
A donde fueres haz lo que vieres, hasta ahora me ha ido bien con aquello de sorber los fideos, una costumbre asiática que tanto disgusta a los occidentales. No es que lo hacen porque son malcriados, los asiáticos al sorber los fideos, sino que es un proceso muy simple para enfriarlos mientras ascienden a la cavidad bucal y de esa manera evitan quemarse la boca, para decepción de los occidentales que serían felices de comprobar que los japoneses son más sucios que ellos porque sorber los fideos, lo cual no es verdad.
Estaba yo ejerciendo mi derecho a convertirme en una aspiradora humana cuando recordamos que en la infancia hubiera provocado un "huachazo" por parte de uno o los dos progenitores sorber los fideos. Recuérdese que "huachazo" es el nombre vulgar para el golpe con la mano abierta que se regala en la parte dorsal del cráneo, con el cual se doblega la firmeza de la cerviz de manera que la cabeza de la víctima oscila hacia adelante.
Si mi mamá hubiera sido japonesa desde chiquito me habría ayudado a desarrollar la destreza de sorber con estilo y no tendría que pasar las vergüenzas que debe soportar un mayor de edad que se ensucia la camisa cada vez que sorbe fideos.
Luego, el arroz se sirve en tazones y se come con palitos y así sucedió en este almuerzo. Pero, siempre al final queda unos arroces sueltos, de aquellos que se negaron a enrolarse en los grumos. Comer un arroz a la vez con palitos es casi un castigo divino, además porque el arroz del Asia es más pequeño. La solución es levantar el tazón y empujar esos arroces directamente a la boca. En mi infancia eso hubiera significado "huachazo" y medio, y el escarnio silencioso de la mirada de los hermanos.
Si mi mamá hubiera sido japonesa me hubiera alentado a empujar los arroces directamente del plato a la boca y seguro que me habría dicho que son como pequeñas gaviotas que vuelan a una enorme caverna donde recién reventaron los huevos unas divinas gaviotillas.
Más tarde me subí al metro. Cerca mío estaba un joven con una de aquellas mascarillas de cirujano que significa, para cualquier buen entendedor, que tiene una buena gripe y ojalá que nada peor. Estuve en ese vagón por tres paradas y el doliente sorbió la masa nasal que se le desleía unas cinco veces; una demostración más de su habilidad para sorber. No fue capaz de sonar su nariz y es normal: es visto con naturalidad sorber los mocos pero se percibe como una señal de malcriadez sonárselos.
Si mi mamá hubiera sido japonesa jamás me hubiera sacado un pedazo de brazo gracias a un  pellizcón discreto cuando, en misa, yo asistía con una gripe de padre y señor nuestro y en mi poca amplitud de discernimiento debía escoger entre la caída de la líquida masa mocosa hacia los confines de mi camisa o devolverlos al lugar con una violenta espiración.
Más tarde llegamos a casa y a la entrada, como hacen virtualmente todos los asiáticos, nos sacamos los zapatos y los guardamos en un pequeño armario. Pero cuando mi mamá me veía sin zapatos correteando por la casa me ganaba dos "huachazos" y un pellizco porque: a) mijito, se va a resbalar, se va a caer y Dios no quiera tener que ir a la clínica a buscarle al doctor Piedrahita para que le enyese, va a perder clases; b) mijito, no ve que hay un chiflón horrible y va a pescar una gripe, verá que la gripe entra por los pies y acuérdese que usted odia hacer vaporizaciones con eucalipto; c) claro, siga no más, total la que lava las medias soy yo y claro, como una no se cansa, como una es de palo, friega y friega la ropa de los guaguas, negras quedan esas medias; y, d) yo no sé para que su papá se rompe el lomo para ganar la plata y comparles esos zapatos lindos, de colores de jóvenes y de última tecnología, ahí guardados están, pero lo que sí, presupuesto aparte para medias. Entonces, nuestras mamás nos creaban el odio al piso, una aberración a caerse, a revolcarse, a sentarse. Claro, el piso es sucio.
Si mi mama hubiera sido japonesa me habría premiado por no usar zapatos en la casa, habríamos comido sentados en el suelo, habríamos dormido en un futón a centímetros del piso y tuviéramos huesos duros para soportar cualquier caída. Es que no usar zapatos dentro de casa significa eliminar, de plano, buena parte de la suciedad que se trae de la calle y en un piso limpio se descubre un universo maravilloso.
Pero mi mami es quiteña y me formó para ser, de alguna manera, como ella, para convertirme en un adulto que crea en las mismas verdades absolutas que a ella le han dado la base para existir. Más bien agradezco la madre que tengo.
Pero también me alegro de constatar que otras culturas miran como cotidianas acciones que para Carreño y para mi mamá son ejemplos de una falta de valores y de la ausencia de un concepto claro de civilización. Me gusta darme cuenta de que no hay verdades absolutas en la vida diaria sino costumbres arraigadas. Me alegro de saber que es posible, agradable y saludable comer arroz que no tiene aceite y que tiene muy poca sal y que esa manera de prepararlo ayuda para que mi estómago disminuya su periferia. Así como extraño los deliciosos jugos de frutas frescas preparados por mi mamá para los desayunos familiares. Por cierto, con bastante azúcar.
Porque si mi mamá fuera japonesa....

Nos vemos pronto.

lunes, 2 de julio de 2012

El pozo sin fondo


Buenas con todos, me da gusto saludarles.

Como sucede siempre con el imperio de lo mediático, que es lo mismo que decir el imperio de lo urgente que aplasta a lo importante, quien escuche hablar de Fukushima enseguida hace un juicio de valor como este: “Es el colmo que el gobierno del Japón mantenga todavía generadores nucleares. Deberían cerrarlos todos”.
Ese será el típico comentario publicado en Face Book por algún “comprometido” de las redes sociales (que es lo mismo que decir un “responsable de cartón”).
Es cierto que la energía nuclear en Japón ha provocado una crisis de rompesesos, además de las otras que ya son conocidas; mejor dicho, la falta de generación eléctrica de origen nuclear es la que tiene a las autoridades cayendo constantemente en un pozo sin fondo: “¿Y ahora, cómo satisfacemos la demanda de energía?”
Lo de Fukushima fue la suma de todos los males. Estoy seguro que ningún país, ninguna empresa de generación de electricidad y ninguna planta nuclear del mundo está preparada para enfrentar dos fenómenos naturales, que se produjeron con una magnitud aterradora. De manera que para rasgarse las vestiduras primero habrá que ver la realidad exacta; o su mayor aproximación.
Hasta donde he podido investigar, la planta nuclear de Fukushima tiene un sistema de enfriamiento eléctrico, la electricidad la obtiene de la misma planta. Cuando hubo el terremoto (8,9 grados de magnitud) se fue la luz y se encendió inmediatamente el sistema alterno, una planta a diesel.
Luego vino el tsunami, con olas de 40 metros y se llevó el generador térmico, lo cual dejó el sistema de enfriamiento a cargo de un sistema de baterías. Pero el tiempo de vida de ese sistema es limitado así es que en un momento dejó de enfriar.
En medio de todo esto, hubo ya fugas de radiación y se evacuó a todo el mundo. Evidentemente ningún superhéroe estaba dispuesto a freírse entrando a la planta para trata de detener… El desastre no se podía detener ya.
El gobierno, a pesar de que los generadores nucleares no le pertenecen, ordenó que se apaguen las 50 plantas y se sometan a un proceso de evaluación de seguridad pero, sobre todo, de resistencia a fenómenos naturales. Es que claro que Japón tiembla y tiembla siempre, de manera que, por descarte, todas las construcciones tiene elementos antisísmicos, pero con cierto límite. Fukushima se suma a los desastres nucleares de Chernobyl (Rusia), Three Mile Island (EE.UU.), sin contar con todos los lanzamientos de bombas nucleares que hicieron los países desarrollados para probar las armas, en el Pacífico sur.
Entonces comienza el rompesesos. Japón consume 7 veces más energía eléctrica que Ecuador, mi tierra natal (7.819 de kw/h per cápita vs. 1.115 de kw/h per cápita ). La mayoría de esa energía es usada por la industria pesada, luego las industrias más ligeras y más allá el consumo doméstico.
La energía es una de las principales materias primas que ha usado el Japón para convertirse en la tercera economía más grande del mundo y no ha cejado en desarrollar sistemas de uso eficiente de la electricidad.
En cuanto a la generación, la primera fuente es el petróleo, luego la nuclear, le sigue la hidroeléctrica, el carbón y energías alternativas. El petróleo lo compra, no lo produce; casi todos los ríos capaces de mover una turbina de generación eléctrica se usan: a pesar de ser un país montañoso, las cordilleras no son lo suficientemente altas; el carbón lo importa, básicamente de Australia. Por ahí todo está saturado. El Japón es el tercer productor mundial de energía eléctrica del mundo y se la consume toda.
Planta nuclear de Oi, al sur de Japón
Quedan las energías alternativas. En una reciente decisión, el gobierno emitió una ley en la que se obliga a las compañías eléctricas a comprar a precio fijo electricidad producida por generadores solares, eólicos y geotérmicos. Esto significará que un usuario normal deberá pagar USD 1,40 más de su cartilla mensual por la energía alternativa –y más cara- que se debe incorporar a su consumo.
Por otro lado, grandes compañías japonesas han creado divisiones para profundizar los estudios sobre energías renovables y más seguras. Kyocera, empresa que fabrica componentes electrónicos, y otra compañía que hace máquinas, destinarán 310 millones de dólares para construir una central solar que dará suficiente energía eléctrica a 22.000 hogares.
La ley gubernamental y los esfuerzos empresariales coinciden con la autorización para el reinicio de operaciones de tres reactores nucleares, para satisfacer la creciente demanda que se origina en el verano.
Ahora, ¿cuál es la mejor energía? y además, ¿cuánta plata hay para cubrir el consumo nacional? Si en el mundo hay 440 reactores nucleares y 3 se han accidentado parecería que es un sistema bastante seguro. El problema es que cuando se dañan provocan crisis altamente destructivas y por eso las protestas mundiales.
El petróleo es, de por sí, una energía sucia, contaminante, destructora del medioambiente. El carbón va por ahí, su producción genera daños ambientales. La hidroelectricidad parece hasta ahora la mejor, aunque para los medioambientalistas radicales también hay daños contra la naturaleza y se las debería prohibir.
Finalmente, estamos a décadas de que las energías limpias y alternativas (solar, eólica, geotérmica, biomasa) reemplacen por completo a estas otras tradicionales y llenas de defectos. Y las necesidades son para hoy, de manera que tampoco me parece sensato oponerse a todo sin dar una solución inmediata.
Siempre defenderé la teoría de que el problema del mundo no es producir todo lo que se necesita para el consumo, sino consumir lo que verdaderamente se necesita, así la Tierra tendrá menos presión. Pero, por ahora, todo parece ser un pozo sin fondo.

Para la próxima les ofrezco un tema menos deprimente.