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jueves, 30 de agosto de 2012

A sangre y savia

Buenas tardes, saludos a todos:

Les queda muy poco tiempo para desojar margaritas porque hay, en general, pocas margaritas y porque el negocio de flores pasa demasiado rápido, en volúmenes inmensos y con valores muy importantes.
FAJ, las iniciales en inglés de Flower Auction Japan, es un lugar en donde se vive el hecho cierto y esencial del comercio en toda su magnitud, deja de ser un concepto abstracto que se materializa en hojas de cálculo. Aquí se vuelve un asunto de sangre y savia, de pigmentos y adrenalina.
La institución propietaria del lugar, que tiene el mismo nombre, es un intermediario entre los importadores y las empresa de comercialización que todos los días las venderán luego a los consumidores. Es, para resumirlo mejor, un mercado de subastas.
En una año se negocian unos 5.000 millones de tallos. Para tener una idea, cada japonés compra 35 tallos por año. No, no es así de literal la cosa, pero sirve para entender el tamaño del mercado de flores de Japón.
En términos generales (este no es un análisis de mercado de manera que no tendrá precisión científica) las tres cuartas partes de las flores que se importan llegan ya negociadas, es decir hay un dueño que ya pagó por ellas y las espera en el puerto. Pero una cuarta parte no, debe encontrar quién compre.
El mercado de subasta se encarga de esa cuarta parte, allí se encuentran los importadores y los comercializadores. Un funcionario de la FAJ muestra las flores contenidas en una caja. Esta muestra se hace simultáneamente en manos de otros seis funcionarios. En un cálculo rápido, cada minuto se muestran 20 variedades de flores y este mercado de subasta trabaja unas 4 horas cada día.
Mostrado el producto, al otro lado, en una galería dispuesta en graderío (miren las fotos por si esta explicación es confusa) están los compradores. Al frente tienen toda la tegnología necesaria para poder comprar. Se vende la parte que escoge quien paga el mejor precio.
No es difícil que en un día, en este local, se negocien cinco millones y medio de dólares (mas de tres millones de tallos), de decenas de variedades de flores. Además, al lado del gran escenario donde se hacen los negocios grandes, se venden flores en volumenes menos importante, puede comprarlo un consumidor o el dueño de una floristería.
Todos los colores todos. Las formas más arteras. Precios de fantasía.
No sé cuántos más hayan hecho lo mismo, pero creo que Japón es el único país cuyo escudo nacional y el símbolo de la casa imperial es una flor, el crisantemo. Una buena parte de los dioses y las deidades del shintoísmo, la religión japonesa, representan a la naturaleza, de manera que no es raro que sientan apego por las flores abiertas con desvergüenza y con faz de deidad. Todos gozan cuando los sakura, árboles endémicas, dan flor uno día y dos días después se vuelven a desnudar. Entonces, se sientan al pie de los árboles a comer y a beber para festejar la vida, en esos dos días de pétalos que vuelvan sin necesidad de que nadie esté deshojando margaritas.
Japón consume flores a sangre y savia. El Ecuador pierde posiciones todos los días en este mercado. Me da la impresión que a los productores les da pereza someterse a las exigencias de los consumidores. Allá ellos, que sigan siendo exportadores aficionados.

Les veo prontito.

viernes, 17 de agosto de 2012

Fruición boscosa sitiada por edificios


Saludos a todos.

La bienvenida la da una torii, probablemente la más grande que he visto. Donde se vea una torii, por más pequeña que sea, hay cuando menos un altar sintoísta, sino un complejo religioso. La torii es la puerta, el anuncio, la llamada, el límite.
El límite que separa un afuera, donde los más acérrimos representantes del cosplay juegan a ser famosos fotografiados por su fanaticada, y un adentro que es la paz inmensa que solo puede dar un bosque que contiene más de doscientos mil árboles de más de ciento treinta especies diferentes.


La torii básica se forma por dos vigas y dos travesaños colocados en la parte más alta. No es nada más que eso, cuatro palos hacen la diferencia, el anuncio, la llamada y el límite. Cuatro palos para entrar al hogar de los dioses.
La avenida está cubierta de pequeñas piedras sueltas, de manera que la entrada al santuario no puede ser silenciosa. Es tan amplia que el peregrino se siente importante. Al menos por un momento. Luego, intimidado. No hay manera de evitarlo, en esta celada por empequeñecer al ser humano llano participan los enormes árboles y la tradición que por ahí ronda. Que también hace mucho ruido.
Se destinó 70 hectáreas para ornamentar el homenaje a las deidades de los espíritus del emperador y su consorte, la emperatriz Shoken. Dicho emperador instituyó la que luego se conoció como la Restauración Meiji, la que puso las bases de las conexiones de la isla con el mundo, abrió el Japón a relaciones más intensas con sus difíciles vecinos y con occidente. Hasta ahora, más de un siglo después, es el pan de los polemistas y el agua de los conformistas

Ese tan particular ruido del canguil (palomitas de máiz) saltando en la olla es muy parecido al de los pasos de quienes caminan hacia el santuario, que solo en una ocasión cambia por los latidos roncos del andar sobre la madera de un único puente de arco.
Al doblar por una esquina del bosque la avenida está flanqueada por dos muros levantados con barriles de sake, que fueron donados cuando el complejo abrió sus puertas por primera vez, hace casi un siglo.
La segunda vez sucedió luego de reconstruido. Hay que agradecer a quien se merezca que hayan bombardeado un santuario, en el medio de un bosque, durante la segunda guerra mundial. Para los gringos, hasta los dioses habitantes del altiplano del cielo eran sospechosos de conspiración.
Cualquier feligrés que se respete entra a un santuario purificado. La limpieza va por dos vías: el agua –se lavan las manos y se enjuaga la boca con unos cucharones de uso común- y el fuego –aprovechar el humo de los inciensos.
Entonces sí, cuando se ha devuelto el equilibrio interno se puede pasar bajo la puerta principal, decorada con tallas de madera, con ese estilo asiático de dejar que las esquinas se alarguen, se vayan un poco más hacia el cielo.
Al frente está ya el templo. Es imponente y es limpio. Tiene pocos elementos decorativos. Es tan minimalista que ni siquiera sé qué escribir. Es así, una estructura de madera cuadrada, con un techo de tejas más bien verdosas con una que otra alegoría dorada, y una estructura, también de madera, en donde se reza y se deposita las ofrendas. Pero además, se deja las esperanzas y se recoge los entusiasmos.
Quienes acuden, que son muchos, cumplen con el rito que tiene otro tanto de minimalismo: una venia, tres aplausos, una oración, una venia. No se necesita más para acortar los espacios con las deidades.
En año nuevo este templo tiembla: se calcula que lo visitan tres millones de personas el primero de enero. Acuden para devolver los amuletos que les hicieron bien durante el año, a gradecer los favores y a tomar nuevos amuletos para el siguiente round.
El muro vegetal que protege a Meiji Jingu le da un tono de dramática fruición al acto religioso, que también mucho de declaración política. El emperador -este es el templo preferido de la Casa Imperial- es una deidad tanto como las que se venera en el santuario pero, al mismo tiempo, influye en la política y la economía, en la educación y en el ordenamiento del tránsito, ninguna intervención directa, pero una presencia insustituible.
El peregrino termina su viaje en la torii, en la puerta que anuncia, que llama, que limita. A metros de ahí se desata otro rito, el del cosplay. Jóvenes se visten con los atuendos de los personajes de ánime y manga, están ahí esperando por los fotógrafos y los curiosos, aguardan para ser vistos en un acto de clandestinidad exhibicionista.
Sus héroes son intangibles en su mundo imaginario de celuloide y papel periódico, y por eso están ellos, la versión real, los ojos con los que ven el mundo con la óptica que solo tienen los japoneses.
Hace un tiempo leí esto: “Muchos jóvenes escritores parecen explorar lo que se llama la parte surreal de la vida contemporánea, una especie de vida soñada que ayuda a sobrevivir en un país como el Japón urbanista e hiperdesarrollado". Tanto las obras de misterio como los monstruos que pueblan Tokio parecen querer conectar con un mundo virtual, tecnológicamente creado que sigue produciendo vacío y soledad”. Son palabras de Rosa Morente, profesora de Sociedad Japonesa (Universidad de Salamanca). Y también que a los japoneses les interesa la apreciación de la escena, la captación de la imagen, la visualidad.
Ahí, dentro y fuera de la torii, vive un mundo que se partió, cuyos trozos se diseminaron sin concierto. Pero tiene unos hilos invisibles que atan los pedazos indefectiblemente.
Una niña cosplay deja su actitud de manga y va, por unos momentos, a orar en Meiji Jingu, a reverenciar a esta casta insular tremendamente contradictoria y profundamente  inditificada con sí misma.

miércoles, 8 de agosto de 2012

かきくけこ

Mis respetos para ustedes.

Estaba en uno de esos intercambios de mensajes electrónicos típicos de cómo estás y qué hay de bueno y qué has hecho con David Molina. Buen tipo el David y buena pregunta la que me hizo: ¿cómo son los teclados de las computadoras en Japón?
Valga decir que David es un tipo que tiene la capacidad de lograr conclusiones increíbles en base a análisis econométricos. Los números en sus manos se vuelven relativos. Es decir, las fórmulas vuelven a los números relativos. Creo que la afirmación es otra, con él aprendí que se puede lograr casi cualquier resultado numérico cuando se hace la pregunta correcta. Los modelos econométricos son maravillosos para eso y David se la sabe todas.
Pero bueno, en su mente entrenada para resolver problemas no podía imaginar cómo era el teclado de una computadora japonesa. Responder esta pregunta significa, al mismo tiempo, tratar de explicar la complejidad del japonés. Pero haremos el intento.
Como se ha dicho ya en Llamingosan, en el artículo "Analfabeto o ignorante, o ambas" este es un idioma muy complejo, tanto que se ha vuelto simple. Lo difícil está en saborear, morder y tragar esa complejidad para digerir la simple y pura sustancia.
Vamos a ver. El japonés está compuesto por dos alfabetos y un lista de caracteres ideográficos, los ideogramas. Los alfabetos son representaciones fonéticas de las palabras. Los ideogramas son dibujos que representan ideas.
Los dos alfabetos "fonéticos", hiragana y katakana, tienen la misma estructura: 5 vocales (a, i, u, e y o) y 41 sílabas, para un total de 46 signos fonéticos.
Las sílabas son, por ejemplo, las que forman el título de este artículo. En español son ka, ki, ku, ke y ko).
Las teclas de las computadoras tienen esas 46 teclas y en cada tecla está impreso el signo fonético en hiragana. Para escribir en katakana es necesario ir a la poco usada tecla de caps lock. Los ejemplos ayudan y salvan vidas:
ひらがな。De esta manera se escribe la palabra "hiragana" en hiragana.
カタカナ。De esta manera se escribe la palabra "katakana" en katakana.
El teclado de una computadora japonesa se ve más o menos así:

La hiragana es una escritura que nació de manos de las mujeres. Cuando se introdujo la escritura china al Japón (los kanji), las mujeres estaban prohibidas de aprender a leer y a escribir. Entonces se inventaron una manera de representar los sonidos. En el ejemplo anterior se nota con mucha claridad que "hiragana" tiene un trazo redondeado, armonioso, sutil, suave.
La katakana, sin duda, es ruda y masculina, se introdujo siglos después para darles una escritura japonesa a palabras extranjeras. Para precisar, a aquellas palabras extranjeras que nombraban a cosas que no eran japonesas. Ejemplo: los japoneses no duermen en camas sino en un futón colocado sobre el tatami, de manera que cuando llegaron las camas, adaptaron el anglicismo bed a su propio estilo y cama se dice bedo (ベド).
¿Y qué con los kanji? Kanji es el nombre de los ideogramas. Se calcula que existen más de 50.000 pero, como el vocabulario español, hay muy pocos que conocen siquiera la mitad de ellos. Es usado siempre y por todos. ¿Cómo hacen las computadoras para dibujar esos trazos? Miren ustedes como se escribe oso en kanji: 熊。Piensen en la computadora trazando ese dibujo.
La salida es la siguiente: se escribe oso en hiragana (くま) y se presiona la barra espaciadora. Aparece una lista de todas las palabras relacionadas y se escoge la que convenga.
Luego viene la siguiente duda, que no me la dijo David pero que en la noche le aparecerá, de seguro: ¿y los teléfonos inteligentes? Tienen 9 teclas principales. Lo visible es la tecla de "ka" (か) y si se la mantiene presionada aparecen todas las combinaciones fonéticas con "k", como el título de este artículo: ka, ki, ku, ke y ko (かきくけこ).
La foto que viene a continuación es bastante clara. Está escrita la palabra montaña, yama (やま). Se despliegan automáticamente tanto las palabras en hiragana y katakana cuanto los ideogramas de kanji (山).
La última preocupación de David fue si el japonés es más largo de escribir que el español, si se demora más. Por su estructura gramatical, el japonés termina por ser más simple que el español. Según estudios locales, un libro escrito en japonés que tenga 100 páginas, alcanzará en 150 páginas en inglés  y 200 en español.
De manera que la respuesta es no, no es más lento y seguramente es más rápido. Apenas sepa más sobre el japonés les cuento, pero para eso faltan bastantes meses. Por ahora, el desarrollo de mis destrezas están en manos de dos profesoras, Akiyama sensei y Ansai sensei. Ellas tiene que lidiar con este llamingo que apenas ha logrado seducir al español y estar vivo al final de unos revolcones de antología.

Ya regreso, permiso.

martes, 7 de agosto de 2012

Un dinosaurio tecnológico que se niega a morir

 Muy buenas con todos.

Problema grave del día a día: corto un limón porque necesito unas gotas para mezclarlas con el té. Ese instante comienza a marcar el fin de la vida útil -vamos, ¡la muerte!- del limón que se irá secando poco a poco en la refrigeradora porque, en el mejor de los casos, volveré a usar unas pocas gotas todos los días pero nunca le sacaré provecho.
En el momento del último suspiro se reeditará la escena para escaparate, de los dedos entrelazados y haciendo palanca para presionar desde las palmas de las manos a la mitad de un limón como si fuera una nuez, cítrico que se niega rotundamente a parir una gota más de su acidez así se trae de una bebida inglesa.
En el supermercado encontramos este fin de semana una pieza de plástico que se introduce en el limón y permite ir extrayendo el zumo mientras que la mayoría de la fruta no está expuesta. El resultado, hay más acidez para la flemática bebida y se alarga la vida del limón.
Visto rápidamente esto es una pendejada. Pero el proceso de innovación que está detrás tiene un valor digno de rescatarse.
En Japón se innova a todo nivel y en todo momento. En una estación de carretera encontramos, hace unos meses, una máquina de café. En este caso la innovación era que unas cámaras internas transmitían en vivo y en directo el proceso que seguí el vaso hasta terminar en las manos ansiosas del cliente. Mientras se preparaba sonaba la cumbia de "Moliendo café". Esto sucedió en el Japón rural.
A mayor escala, hace unos meses en Llamingosan se presentó los estacionamientos robóticos para bicicletas (http://llamingosan-samaniego.blogspot.jp/2012/03/en-dos-ruedas.html). Y más grande todavía, se utiliza la basura para crear islas que no contaminan el mar ni un poquito.
La yapa, se construyó un barco que fue capaz de descubrir enormes yacimientos de minerales raros (fundamentales para partes de tecnología de vanguardia) en el lecho del Pacífico, a 8.000 metros de profundidad. ¿Se puede llegar tan abajo?
En estos día recibí un fax... Sí, un fax, ¿tiene algo de malo? De manera que ustedes piensan que el fax murió o está cayendo al abismo del olvido. Seguramente en todo el mundo sucede eso, pero Japón no es todo el mundo.
El 59% de los hogares japoneses tiene un fax y todas las empresas todas lo usan. Las fábricas de fax no han dejado de innovar pero, básicamente, es lo mismo, una máquina que intercambia señales por la línea telefónica con otra máquina para enviar información de un lugar a otro.
El correo electrónico, los sistemas que traducen mensajes de voz a mensajes de texto, los teléfonos satelitales, la telemetría, nada ha logrado tumbar el reinado que, orondo, ostenta el señor don fax.
El señor don fax, en su momento, fue una revolución porque reemplazo a los mensajeros de a pie, bicicleta o moto y los cambió por unos segundos de un pitido desesperante.
En realidad, fax es la abreviación, en inglés, de facsímil: "Perfecta imitación o reproducción de una firma, de un escrito, de un dibujo, de un impreso, etc", según manda la RAE e inicialmente constaba como "telefax", una copia que se transmite por teléfono.
En un reciente artículo, la BBC publicó los resultados de una encuesta realizada por el Instituto de Investigación del Fax. El 87,5% de los hombres de negocios entrevistados dijeron que esa máquina antediluviana "es clave para sus negocios".
Lo hacen por varias razones. La primera es práctica: más que la firma, casi es una regla tener un sello (hanko) que se registra y funciona como la firma. El sello impreso en un papel tiene valor legal.
Otra más, están muy apegados a escribir a mano. Desde el punto de vista llamingo no sorprende, su escritura es tan bonita de dibujar. Muchos pueblos del mundo no comparten aquello de que "el tiempo es oro", usan su tiempo de otras maneras y una de ellas es escribir.
Los estudiantes reciben muchas clases de caligrafía y hay mucha gente cuya profesión es escribir, escribir bien. Esta actividad estaba entre aquellas preferidas por los samurai, aparte de las artes de la guerra, y el teatro.
Un japonés prefiere enviar su hoja de vida escrita a mano, porque quien la reciba podrá sentir sus sentimientos más nobles. Quien recibe el documento puede hacer un primer análisis sicológico del aspirante con el estudio de su manera de escribir.
Pero no solo eso, muchos proyectos empresariales son manuscritos y enviados por fax, con sus gráficos y diagramas, también dibujados a mano. Es el reino del papel y la tinta, donde las letras todavía son como la ruta que traza un pincel sobre la quietud del mar, sin golpeteos, sin luces artificiales, la neta manera de manchar la pureza.
Para los japoneses, cualquier documento que sea escrito a mano es más cálido que las frías, artificiales e impersonales letras que aparecieron tras golpear una tecla.
¿Escribir una novela a mano y enviarla por fax a la editorial? No es mala idea. Para nada. Si la editorial es japonesa, porque si es de occidente, a lo mejor cuando la termine ya nadie tendrá un fax para recibirla, el dinosaurio tecnológico habrá fenecido finalmente.

Estoy con ustedes al rato.