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sábado, 29 de diciembre de 2012

Año 25, es la hora de la serpiente

Feliz de estar de nuevo con ustedes, en este momento de celebraciones.

Diciembre es así: confuso. Por aquella humana debilidad de buscar finales del camino para hacer evaluaciones y tomar fuerzas para volver a comenzar, diciembre es aquello, sumado a otros tanto aditivos de por aquí y por allá. En realidad, es casi imposible concentrarse en aquello del principio y el final cuando tantas cosas y tan rápidamente pasan rozando el brazo.
El Emperador y la Emperatriz
Hay mucho en qué pensar. Cuando comience 2013 también se iniciará el año 25 en el Japón, es decir, 25 años desde que Akihito es el Emperador de esta nación. Esto sucederá 8 días después de que cumpliera los 79 años y de que el país siga dando muestras de un profundo respeto. No olvidarse que Japón es el único país del mundo en donde existe la figura del emperador y, según se ve en la calle, seguirá siendo así por tiempo.
Los ideogramas de serpiente (se lee "jebi")
Luego de terminado el año del dragón (que lo reseñamos hace algo menos de un año -aquí-), es la hora de entrar en la órbita de la serpiente. Si bien los chinos, inventores del calendario, darán el inicio a esta nueva fase el 10 de febrero, para los japoneses sucede el mismo primero de enero.
Quedó consignado hace un año la manera cómo los japoneses celebran las dos fechas más importantes de su calendario: el onomástico del Emperador y el año nuevo (aquí).
Por ahora es buena idea darse una vuelta alrededor de la serpiente: es considerado un animal sagrado, hace cosas buenas y trae buena suerte; está relacionado con la sabiduría.
La serpiente en un manga japonés
Según la percepción japonesa, la serpiente (los ideogramas de pueden leer como "jebi") tiene una muy llamativa facilidad para aprovechar el poder de la mente (los místicos dirían que existe un aprovechamiento de las facultades paranormales y psíquicas).
Sobre todo durante su año estará más claro que nunca el sexto sentido, la capacidad de asimilar los flujos de energía y comprender sus tendencias. Confían en sí mismas hasta niveles que, para nosotros los normales, puede llegar a ser osadía.
La serpiente emplumada maya
Si la serpiente por naturaleza tiene bien desarrollados los sentidos, en su año existe cierta amplificación. Se cree que esa especial sensibilidad es proclive para creadores en general, pero no hay persona que no sea un creador en potencia, así que es mejor estar alertas a los sonidos que se escucha, los del peligro, los del futuro, los del viento, los sonidos del silencio. Todas son señales de que el universo se mueve.
La serpiente es importante en todo el mundo, pero con diferente percepción y hay una muestras de que oriente y occidente ve el mundo con los ojos cambiados. El dragón es una fiera mutación de la naturaleza que hay que destruir según la creencia de occidente, mientras que en oriente de busca con desesperación su compañía.
En China la serpiente es una entidad protectora y en India es simbolizada por el dios Shiva. En Mesoamérica también eran veneradas por gran parte de las culturas indígenas que allí florecieron. 
¡Caramba! Tenemos material para otros meses de petulancia mística colectiva: los mayas adoraban a la serpiente emplumada y comienza ya mismo el año de la serpiente. ¿Será una coincidencia? Ahí les dejo la idea para un negocio millonario que aprovechará la "inocencia" de los seres humanos.
Pero vale, entre los aztecas la serpiente emplumada lleva el nombre de Quetzalcoatl, mientras que en el mundo maya se le conoce como Kukulcan. Pero, en América los cristianos relacionan a la serpiente con el demonio, la autora del pecado original y la fuente de todos los males.
En la cultura nipona, la creencia es diferente. Las serpientes están fuertemente relacionadas con las aguas, el mar y los ríos, pero sobre todo con las mujeres y con el concepto dual del bien y el mal. Es decir, existen serpientes benéficas y maléficas. Pero una de las características que diferencian el pensamiento local es de la mujer que se convierte en serpiente.
Lo dicho, hay mucho de qué preocuparse en este fin de año. Pero para bajar sus niveles de ansiedad, ahí les dejo con un abrazo lento y unos saludos largos, para que disfruten de la quietud que nos ofrece el futuro.

Les veo el año que viene. 

lunes, 17 de diciembre de 2012

Los ejercicio democráticos del Japón

Un saludo grande para todos:

Sí, este 16 de diciembre hubo elecciones en Japón. No, no es un evento extraordinario. Aclaración: es un evento muy importante pero raramente trastoca los procesos fundamentales de este país.
Entender lo afirmado antes es posible solamente tras una explicación, un diagrama de la estructura política nacional del Japón, que tiene su nivel de complejidad y cuyo origen se puede descubrir en dos fuentes: la reforma estructural del país durante la Era Meiji y la presión militar de Estados Unidos para la aprobación de una constitución que les guste.
El gobierno del Japón está compuesto por un sistema de justicia, un parlamento y un poder ejecutivo, que lo ejerce el Gabinete del Primer Ministro. Esta trilogía está dominada, arriba y en el centro, por el Emperador; la Constitución dice que tiene una dimensión simbólica pero en la práctica sigue ejerciendo más influencia sobre la población que lo que se le autoriza en las leyes. El pueblo deposita su poder donde le da la gana.
Campaña electoral en Tokio
La democracia funciona de manera expedita y pura en el poder parlamentario, que se conoce como la Dieta y que está formado por dos cámaras: la de Consejeros (Cámara Alta) y la de Representantes (Cámara Baja).
Los japoneses votan si quieren hacerlo, se calcula que en la última elección algo menos de la mitad de los electores acudieron a sufragar por su voluntad: debían escoger 480 escaños de entre más de 1.500 candidatos para la Cámara de Represententes.
Fotografía tomada de BBC (http://www.bbc.co.uk/news/world-asia-19725705)
Los ciudadanos, entonces, con su voto definen la conformación de la Dieta. Por tradición, el líder del partido político que tiene mayoría en la Dieta es designado primer ministro. De manera que, terminada la elección de este domingo, todos hablan de que Shinzo Abe es el virtual primer ministro, pero deberá esperar por la decisión de la Dieta. Por eso es una monarquía parlamentaria.
Primer Ministro se nombra desde 1885, en plena era Meiji, un sistema que fue ratificado por la Constitución, que contiene 99 artículos y fue aprobada al terminar la II Guerra Mundial.
El Japón ha tenido 95 primeros ministros. Se ha convocado a elecciones de la Dieta que, al final, desemboca en nombrar a un primer ministro cada 1,3 años en promedio.
Creo que el verdadero tema es otro. Me parece que usted pensará lo mismo. Los demócratas del mundo se rompen la cabeza preguntándose por qué tanta "inestabilidad" política no ha afectado a una nación cuyo crecimiento como Nación ha sido asombroso.
De lo que se ha podido constatar, la verdadera estabilidad reside en los mandos medios, en el sistema de ejercer la administración del gobierno. En los ministerios, debajo del ministro trabajan viceministros: unos políticos y otros técnicos. Los viceministros políticos, así como el ministro, se mueven con la marea de las negociaciones y los intereses, van y vienen y aportan para crear política pública. Los viceministros técnicos son funcionarios de carrera, ocupan su cargo por años y bajo su mando está toda la operación de los ministerios.
Las decisiones que adopta cada ministerio sobre cada tema dependen de un ejercicio democrático interno. Para poner un ejemplo: se debe resolver un tema de alimentos, en el cual participan siete funcionarios, de tres ministerios. La decisión se toma por unanimidad entre todas las partes, los siete deben votar a favor de tal medida para que se ejecute.
Es una práctica común que ningún funcionario político, por más alto que sea su rango, se meta en la decisión técnica. De hecho, el ministro y los viceministros solo pueden aceptar una decisión que previamente haya sido acordada por sus mandos medios. Este sistema asegura que los grandes temas nacionales nunca se detengan, ni siquiera cuando parezca que el sistema político colapsa.
Ahora, la rotación continua se origina cuando el partido dominante en la Dieta pierde el apoyo de los ciudadanos. Entonces, se disuelve la Cámara de Representantes y, por ende, el primer ministro, líder de la mayoría parlamentaria, pierde su cargo. El recambio es rapidísimo; no existe una ceremonia de "cambio de mando", como estamos acostumbrados en latinoamérica, pero la frecuencia del recambio es tal que supongo que será tan fácil como organizar la elección de Reina de Quito. El primer ministro será santificado cuando presente sus credenciales de tal frente al Emperador.
Candidatos, propaganda en Tokio.
Ahora, ¿por qué Yoshihiko Noda perdió la confianza del pueblo y debió llamar a elecciones?, pero, sobre todo, ¿por qué la oposición le pegó semejante paliza? La NHK, sistema de medios de comunicación estatal de Japón, presentó el análisis de Kaori Nagao.
La experta afirma que existieron propuestas que terminaron por convencer a unos electores desencantados por el incumplimiento de los ofrecimientos de Noda. Abe dijo que frenará la deflación y depreciará el yen; y, adoptar posturas de línea dura en política exterior, especialmente en lo que respecta a la disputa territorial con China.
El triunfo del Partido Liberal Democrático, evidentemente, no gustó para nada a China ni a las dos Corea, pero sí a Taiwan: a pesar de que entre vecinos se alzan la voz, no quieren que el barrio se alborote demasiado.
El de ahora es un gobierno considerado nacionalista y tradicionalista. Muchos japoneses prefieren suspirar y mirar a otro lado porque esas dos posiciones juntas llevaron al Japón a volverse un imperio en expansión con consecuencias devastadoras. Pero, de eso hace ya bastantes décadas.
Así es la democracia japonesa. No me parece ni mejor ni peor que otras que conozco. Los sistemas dependen de la voluntad que tengan sus ciudadanos para volverlo más o menos eficiente.

Elecciones en Ecuador en febrero, veamos qué sucede ahí.
Regreso pronto.

miércoles, 12 de diciembre de 2012

Crónica de un terremoto en salsa de paciencia japonesa

Hola a todos:

"Pueden ser casualidades u otras rarezas que pasan, pero donde quiera que ando todo me conduce a ti". Es cierto, desde mi punto de vista esta es una canción de amor de Silvio Rodríguez; pero ni con Silvio Rodríguez ni con su genio se puede tener seguridad (desde todos los puntos de vista posible). "Tú fantasma", como titula la canción, sí se aplica para esta otra realidad intimidante, que bastante lejana está de una declaración de pasión desenfrenada. O a lo mejor no. Veremos.
Luego de haber estado a punto de perder la calma el pasado viernes cada sensación de temblor es una recurrencia latente, "...cuando desde tus rincones, te abalanzas sobre mí". Me había demorado para escribir esta crónica para tratar de conseguir la perspectiva que el tiempo da, pero la verdad es que todo me tiembla y la perspectiva se ha ido a la mierda, de manera que a por esta crónica de un terremoto adobado con la inefable paciencia japonesa.
Viernes 7 de diciembre de 2012, 17:18, terremoto de 7,3 grados de magnitud y una duración de... No lo sé, la página web de la Japan Meteorological Angency no juega con el factor duración, una variable importantísima para un ser humano que porta el número 0002 del Carné para Cobardes. Saber la duración de un evento telúrico marca la diferencia entre lo soportable y la horripilación. A saber, una cosa es bailar por 20 segundos el Himno Nacional con el obipso, que danzar los más de tres minutos de la versión no oficial con el prelado vestido de traje largo, negro y púrpura. En el pasado ya lejano de mi adolescencia, una cosa era encontrarse por tres minutos con la Monserrat mientras se tonteaba en el CCI y otra muy diferente irse con ella al cine y que te tomara la mano. Un hombre valiente habría aguantado en brazos del obispo y en manos de Monserrat, pero a quien porta un carné como el descrito : siempre queda la posibilidad de, rememorando los términos taurinos, salir por piernas y dejar al obispo y a Monserrat en paz -y lejos- con sus horripilancias. Y no, esa medida desesperada y superefectiva no sirve para evadir los 7,3 grados de intensidad porque no se puede correr a ningún sitio donde no se esté moviendo la tierra. Además, no se debe huir, hay que estar quietesito debajo de la mesa y esperar con paciencia japonesa.
Sin embargo, en el terremoto del 7 de diciembre, en el que "..especialmente la casa me resulta insoportable cuando desde sus rincones te avanzas sobre mí", hacer lo que manda la prudencia, es decir meterme debajo de la mesa, era poco aconsejable porque el bien mueble tiene por mesón vidrio y se me habrían incrustado algunas armas mortales en la espalda si el desenlace hubiera sido el peor. Mi otero, a la sombra del marco de la puerta, pareció bastante eficiente.



Las señales de que la tierra temblaba eran al principio dudosas, se podría haber discutido si era tal o si se trataba de un camión de 24 ruedas que pasó raudo por la avenida cercana haciendo puré lo que estuviera debajo. Las islas del archipiélago nipón se mueven y todo lo que está encima también. Uno de los secretos de la prevención de desastres naturales es la flexibilidad, la antípoda de la rigidez, hasta las más imponentes bestias de concreto le siguen el ritmo a las placas tectónicas que andan de bolero en el subsuelo. Macarena, en los matrimonios cuando el ponedor de canciones tiene la genialidad de dejar sonar Macarena, hasta la abuelita de la cuñada del novio sale presurosa a demostrar que sí sabe contonear las caderas con la sensualidad limitada que permite la calcificación. Si las estructuras de las obras civiles fueran como la cadera de la venerable anciana la mitad de la ciudad hubiera colapsado el 7 de diciembre.
Esas digresiones sucedieron mientras las evidencias se hacían visibles, momento en el cual se inicia un teatro aparte. Las evidencias de que se estaba produciendo efectivamente un evento sísmico. Hay quienes no se quedan quietos y comienzan a andar de aquí para allá con alguna ocupación intrascendente en las manos para no parar, para no sentir que donde los pies están pisando se ha vuelto gelatina.
Cada persona tiene su manera de actuar frente a un terremoto. Mi padre, el licenciado Samaniego, salía corriendo. A él le tocó vivir todas las réplicas del terremoto de Pelileo de 1949 y no soportaba estar dentro. Volaba y cuando el evento se daba por superado iba por nosotros, que nos protegíamos bien entre todos; una madre y seis hijos formamos una masa que ya merece algún respeto.
Su servidor hace dos cosas, se consume internamente con el fuego terror y suelta la lengua, en general, con una sobredosis de incoherencias, "En días graves le he pedido / masajes para mi espalda, / los peores ni te cuento / porque no vas a creer", canta el mismo señor Silvio.
Y comienza un parloteo incesante. Yo supongo que en los aproximadamente 60 segundos que duró el terremoto del 7 de diciembre habré contado dos anécdotas, emitido tres argumentos de la actualidad política, probablemente un chiste corto, un resumen ejecutivo de los datos relevantes de la sismología moderna, predicado el miserere, recordado el párrafo del Himno de las Juventudes Mundiales "Destruyamos las fuerzas / que encadenan la felicidad, / derrotemos la muerte / e impongamos eterna la paz" y coreado el "¡Dale A...!" con frenesí. 28.000 palabras, a buen recuerdo del que las portaba.
Imaginarán ustedes que, en condiciones normales, la perorata puede durar una hora bien administrada y ustedes alzarán las cejas para arrugar la frente y pensar -sin decirlo- que lo dicho por su servidor mientras la tierra tiembla debe ser como el balbuceo de un extraterrestre estreñido. Eso sucede de bocas para afuera, porque el único hecho real es que uno termina por esperar, con paciencia japonesa.
Mientras, alrededor suceden cosas. Desde la mente de quien ha entrado en pánico y ha soltado una verborrea consistente son fotos, cromos de un álbum que, a no ser porque tiene un inicio y un final, serviría para engordar la carpeta del psicoanlista y menguar más las arcas propias.
Alguien que se puso el abrigo al vuelo y se lió con los guantes, trataba de evitar que se despeinara su cabellera a-reglada e intentaba no perder la compostura para decir alguna blasfemia como "Creo que sería bueno que saliéramos" cuando todas las técnicas recomiendan mantenerse en el puesto. Otro de los asistentes al circo cruza el campo de batalla, porta un papel en la mano, llega a la copiadora y, en una acto de despreocupación pasmoso, cumple con el proceso de colocar el papel sobre el vidrio, cerrar la tapa, pulsar el botón y obtener efectivamente una copia, lo cual es profundamente irresponsable con quienes hemos caído en el tifón del pánico y la verborrea. Una persona más, ella sí japonesa, con la experiencia que pende de su espalda, dispara a quemarropa la munición perfecta guardada para estos momentos: "Este edificio si aguanta", que en el fondo significa "idiota, hemos pasado cosas bastante más fuertes aquí, qué te crees para hacer semejante escándalo público por una sacudida de confianza". Más allá está quien relata el evento como un partido de fútbol. "Ahora se mueve más, ahora se mueve menos, parece que el retumbón es oscilatorio; corrijo, es trepidatorio. Parece que ya está pasando. No, volvió, volvió, ¿y ahora, qué hacemos? Tenemos que estar calmados, no se muevan de aquí, este es un lugar seguro, ya se mueve menos, cuando salgan por favor usar las gradas, los ascensores pueden colapsar con las réplicas que se vendrán ya mismo. Esperen que no ha terminado, este sí está fuerte, ahora sí se puso fuerte de verdad, qué será, dónde será". En esos instantes, en esos oscuros momentos de hiperinformación cantada por los pregoneros afanosos creí encontrar utilidad para los libros del tal Cohelo: usar de corcho para que la mal defendida libertad de expresión deje de atormentarme.
Insisto, son imágenes aisladas sucedidas en un mismo lapso y en un mismo lugar que, de no ser así, de haber inventado o atado artificialmente esas escenas, tendría yo que tomar precauciones farmacológicas. El azar quiso que antes que se me rompiera la cordura por completo paró de moverse la tierra, pero la calma añade un elemento más al pánico y a la verborrea: la necesidad de información.
En la computadora de bolsillo que también llama por teléfono comienzan a aparecer los datos: Alerta de tsunami en el noreste, Shindo 4 para Tokio ("Strong. Strong shaking of houses and buildings, overturning of unstable objects...", que en lenguaje llamingo significa "Esta pendejada tembló harto, casito las construccioes se desmadran..."). El pánico verborréico se transmuta en un chuchaqui silencioso, medio agradecido porque esta vez haya sido solamente un susto, medio aprehensivo en espera de lo que vendrá. Pero este nuevo estado hay que enfrentarlo con paciencia japonesa.
"Hoy no es día inteligente y no sé ir más allá", sigue cantando don Silvio y le tomamos al pie de la letra el consejo: como no es día inteligente para racionalizar las verdades ocultas de la sísmica nos vamos a beber hasta las ni sé que horas, mientras las réplicas siguen atormentando a quienes decidieron sostener la conciencia. Nosotros preferimos la poética frase de Heirich Boll, creo que fue el Nobel alemán quien comparó a la borrachera con la hermana buena de la muerte. Ya les cuento cuando pase otro.

lunes, 3 de diciembre de 2012

Sensación de 0 °C

Es cálida la sensación del reencuentro:

Sucedió con una artera alevosía, muy parecida a un acto violatorio. Cuando al fin descubrí quién me robó el otoño y comencé a disfrutar del botín recuperado, se fue ajando sin que pudiera hacer nada para impedirlo y me vi caminando apurado para sentirlo todo lo que fuera posible, me apresuré con el vértigo concentrado en el estómago, una sensación parecida a la de un campesino que debe recoger todos los frutos que pueda antes de que un tifón asole la cosecha completa.
Definitivamente este año no fue igual al anterior; Mi Señora organizó el viaje a Nikko y allí cumplí las cuatro décadas con las ocho unidades. Ahora, por andar en estas carreras para meter todo el otoño que sea posible en los bolsillos, el destino nos mandó a Hakone en donde me fue presentado oficialmente el Fuji-san y a su amparo el calendario marcó las cuatro décadas y las nueve unidades anuales.
Pero por más rápido que nos movimos, por más esfuerzos que hicimos, a la vuelta de la esquina he caído en una emboscada, en un campo minado que no tenía ni alertas ni dibujos de calaveras; solamente la leyenda  "Temperatura: 5 °C. Sensación térmica: 0 °C". Al buen entendedor le queda claro que el otoño de 2012 no existe más, que pisó mal en una pendiente de suelo resbaloso y se precipitó hasta desnucarse en la quebrada del pasado.
A mí me quedan buenos recuerdos, pero los bolsillos están llenos solo hasta la mitad, se salvó una parte de la cosecha antes que lleguen los vientos, el resto quedó para las cuentas.
Debe ser por su posición geográfica, pero el viento que se mete por la bahía a Tokio, el que arrastra toda la humedad del océano Pacífico, enfila a como manotazos por la Roppongi Dori, una de las más populares avenidas de la ciudad, y se te mete como una colonia de arenillas que han logrado penetrar tu pantalón mientras disfrutabas de un baño en un río tropical.
En días como hoy, cuando cincuenta capas de nubes se interponen entre el astro de las chispas doradas y mis todavía frescos recuerdos de la hojarasca cobriza de la que estaba hecha el collar al Fuji-san, me vence la insoportable levedad de odiar el paisaje plomizo, el de los edificios, las calles, las autopistas elevadas, las entradas de las estaciones de metro, las rejas de las casas y la ternura de los tokiotas. Tokio me suena demasiado alto, se mueve tan aprisa que no puedo seguirla, el tiempo se lanza atado a un parapente y yo no tengo ningún intención de curarme del vértigo, no esta vez.
Generalmente, cuando me preguntan qué tal es vivir en Tokio yo respondo que es una ciudad que te acoge bien y rápido. Mi Señora no decía mucho en el pasado reciente, pero ahora creo que cree lo mismo que yo, y le aumenta una frase: "El Japón siempre se encargará de recordarte que eres un extranjero". Sensación térmica: 0 °C.

Les veo ya mismo con algún reporte invernal.