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martes, 10 de septiembre de 2013

Tokio olímpico: おもてなし

Mucho gusto de saludar con ustedes:
El valor de la hospitalidad, eso significa la palabra que ha sido usada para el título de esta entrada y que, además, fue insistentemente repetida en la presentación de la candidatura de Tokio para convertirse en la sede de los Juegos de la XXXII Olimpiada.
Las otras ciudades candidatas, Madrid y Estambul, no pudieron superar la oferta de los tokiotas, que dejaron complacidos a los electores del Comité Olímpico Internacional (COI).
A pesar de unas incontenibles pataletas de la prensa española (era la tercera vez que Madrid se postulaba y fue la tercera vez que perdió) la votación a favor de la capital del Japón fue incontestable.
Como ha sido claro, el COI analiza aspectos deportivos y probablemente muchísimos extradeportivos. El recuerdo, todavía caliente, de las manifestaciones en Brasil, sede del próximo Campeonato Mundial de Fútbol, están claras y fueron lecciones bastante duras que aprender.
A pesar de que la COI declara que el espíritu olímpico es su única inspiración, existen factores económicos que son fundamentales y manifestaciones en las calles, muchedumbres con piedras en las manos que son cobijadas por bombas lacrimógenas y matizadas con balas de goma, no ayudan al espíritu y peor aún al negocio del deporte, menos ver niños pobres en las calles.
Japón ganó gracias a sí mismo. Es decir, se mostró tal como es, aunque bien envuelto en un traje occidental, para la sazón occidental.
Las razones expuestas son, la primera e innegable, la amabilidad: probablemente no tiene parangón en el mundo. Si bien los japoneses no son dados a grandes grupos de amigos que se abrazan en la calle y cantan en coro, hay amabilidad que se desborda siempre.
Es la ciudad más poblada del mundo y aún así es puntual. Se ha ofrecido un puntual cumplimiento del cronograma de preparación de las actividades. Y se cumplirá. El eslogan del transporte público es una actitud permanente: "A tiempo todo el tiempo".
Es una ciudad segura. En 2012 la policía de Tokio devolvió a sus legítimos dueños una suma superior a los treinta millones de dólares que se habían perdido o habían sido olvidados. El delito más común es intentar robar el dinero de las máquinas que venden bebidas.
Es una ciudad cosmopolita. Forma parte del trío de "las" ciudades del mundo junto con París y Nueva York, y en muchas cosas las supera. Todo lo que existe en el mundo también hay en Tokio. Todo.
Es la ciudad con el mayor PIB en el planeta. El COI había considerado que Tokio debía presentar garantías para una futura inversión de 4.380 millones de dólares en infraestructura, debe construir el 60% de instalaciones. En este momento ya tiene un fondo disponible de 4.500 millones de dólares.
Este es el diseño del estadio principal.
Mientras las otras candidatas mostraban garantías económicas de aplicación futura, la capital del Japón mostró una lista de las empresas que ya se han comprometido en ser patrocinadores, una veintena de firmas de primer nivel.
De ahí en adelante los mensajes de la promoción incluyen lo que hace de este país una nación extraordinaria. La comida, la tecnología, la tradición, una ciudad futurista y superpoblada que, a pesar de ello, es profundamente ordenada.
El punto más sensible de la candidatura tokiota fue defendido directamente por el Primer Ministro, Shinzo Abe, quien abandonó antes de hora la cumbre del G-20 para hacerlo, la seguridad luego del accidente nuclear que sufrió la planta de Fukushima.
Abe fue directo: no ha habido ni habrá ningún riesgo nuclear sobre Tokio. La central nuclear está a algo más de 200 kilómetros al norte y el gobierno ha declarado que los derrames de agua contaminada de sustancias radioactivas está controlado. Observadores independientes han cuestionado esta afirmación, pero no han dicho que la capital del país esté en riesgo.
Tepco, la empresa dueña de esa central nuclear, generalmente con el apoyo del gobierno, ha dicho siempre que ese problema está controlado. Pero es evidente que no lo está tanto y que la central sigue manando agua radioactiva al mar, siempre de acuerdo a denuncias no oficiales.
Abe ofreció una inversión de casi 400 millones de dólares y en Japón han dicho que congelarán el suelo que está debajo de Fukushima para detener finalmente el problema. Eso fue suficiente para el COI.
Ahora, ¿cuánto puede trastornar la vida de una ciudad de 35 millones de habitantes si de pronto y por pocos días llegan unos cien mil más? Seguramente que mucho. Por eso, Tokio "encerrará" las olimpiadas en un círculo de ocho kilómetros de diámetro.
Dentro de este círculo habrán otros dos, para dividir las sedes del Tokio central y las de la vecina Odaiba, un conjunto de islas artficiales (construidas con basura), que son el territorio más o menos despejado que existe en las cercanías.
Para el doble veinte se espera a deportistas de 28 disciplinas, a directivos nacionales y a turistas en cantidades inimaginables, en esta que siempre será una aventura para la ciudad organizadora.

Quedo de ustedes, atentamente (este es el peor final de todos, sabrán disculpar).


viernes, 6 de septiembre de 2013

La biografía de Yukio Mishima en trece estaciones

Muy buenas:

De la reciente visita al Museo Literario de Yukio Mishima, que se encuentra en la orilla del lago Yamanaka, han quedado estas trece impresiones sobre el fantástico escritor que comparto con ustedes.

ESTACIÓN 1:
Kimitake Hiraoka nació y murió en Tokio, en 1925 lo primero y en 1970 lo segundo. Adoptó el seudónimo de Yukio Mishima (Kimitake significa "joven guerrero").


ESTACIÓN 2:
Su abuela se encargó de él desde muy niño y sembró los principios de defensa del Japón tradicional, del Emperador como símbolo de la identida nacional, ser un cultor de las tradiciones samurai. Su formación estuvo envuelta por los aromas de la literatura y del kabuki, cultivados por su abuela, una mujer fuerte y trastornada.

ESTACIÓN 3:
Su padre le prohibió que hiciera literatura en la juventud. Se graduó en Leyes Alemanas y trabajó en el Ministerio de Finanzas. Burócrata de día, escritor de noche: enfermó y su padre autorizó que se dedicara a escribir.

ESTACIÓN 4:
Fue propuesto tres veces para premio Nobel de Literatura. Sin embargo, se lo dieron a su compatriota Yasunari Kawabata, quien fue el mentor de los primeros pasos literarios de Mishima. Hay quien dice que Mishima propugnó para que el galardonado fuera su mentor. De él dijo el galardonado Kawabata: "No comprendo cómo me han dado el premio Nobel a mí existiendo Mishima. Un genio literario como el suyo lo produce la humanidad sólo cada dos o tres siglos. Tiene un don casi milagroso para las palabras". 

ESTACIÓN 5:
Quizo ser piloto de la Fuerza Aérea pero no fue aceptado por un diagnóstico de tuberculosis.
Que le impidieran defender a su país como un soldado más provocó en Yukio Mishima una frustración que le acompañó el resto de su vida.
Ciertamente fue un niño frágil. Se convirtió en un hombre disciplinado para la literatura y, luego, también para la actividad física. Una tercera parte de su vida (15 años, sin que haya faltado una vez) hizo tres sesiones semanales de entrenamientos con pesas y era experto en kendo.

ESTACIÓN 6:
Pudo haberse casado con Michiko Shoda y no lo hizo. La señora Michiko luego se casó con el emperador Akihito y es la actual emperatriz del Japón. Finalmente se casó con Yoko Sugiyama en 1958. En los tres años siguientes la pareja tuvo una hija y un hijo.

ESTACIÓN 7:
Yukio Mishima publicó su primer libro a los 14 años y luego vinieron 40 novelas, 18 obras de teatro, 20 libros de relatos y por menos 20 libros de ensayos. También el libreto para un película. Eso puesto en el calendario refleja que escribió al menos 3 libros cada año.
Las obras indispensables son:
  • El bosque en todo su esplendor
  • Confesiones de una máscara
  • El sonido de las olas
  • Sol y acero
  • El mar de la fertilidad: una tetralogía compuesta por Nieve de primavera; Caballos desbocados; El templo del alba; y, La corrupción de un ángel. Este último libro Mishima lo envió a la editorial el mismo día que practicó la ceremonia del seppuku y se publicó luego de su muerte.

ESTACIÓN 8:
Siguiendo la tradición japonesa, quien ha decidido practicar la ceremonia del seppuku debe escribir un poema sobre su cercana muerte. El siguiente es el escrito por Mishima:
El hombre embravecido pronto al rumor del desenvaine
¿Cuánto ha soportado hasta ésta, la primera helada?
Aún, frente a quienes se agolpen despreciando el marchitar de la flor
Ésta, si un día ha de marchitar es porqué ¡bien flor ha sido!
y solo por su dignidad volará al tenue viento vespertino
Poema de muerte de Yukio Mishima


ESTACIÓN 9:
En 1968, junto con unos amigos, fundó la llamada Sociedad de los Escudos. Era una organización independiente, de carácter militar que recibió apoyo de las Fuerzas de Autodefensa del Japón en su preparación. Era grupo poco numeroso que quería actuar para enfrentar la que consideraban una posición débil de las instituciones imperiales y tenían la intención de restaurar la supremacía de la Casa Imperial. Para lograrlo, eran sumisos el Bushido, el código de honor de los samurai.

ESTACIÓN 10:
Defendía la tradición del Japón porque no entedía cómo su país podía occidentalizarse tanto y tan rápidamente. Tenía una posición muy crítica sobre todo con las instituciones políticas, a las que acusaba de no tener firmeza frente a la invasión cultural de occidente y de opacar su país que tenía tradiciones tan sabias y milenarias.


Esta fotografía fue tomada el día de su muerte
ESTACIÓN 11:
El 25 de noviembre de 1970, con sus amigos de la Sociedad de los Escudos, se tomó la oficina del jefe del Comando Oriental de las Fuerzas de Autodefensas de Japón, donde se atrincheró. Desde una terraza cercana arengó a las fuerzas de ese reciento militar para provocar un golpe de Estado que reivindique la condición de liderazgo único de la Casa Imperial, por sobre los poderes políticos impuestos por el general estadounidense Douglas MacArthur.
Los soldados del Comando se burlaron de los cinco desconocidos que querían tumbar el sistema gubernamental japonés.
No es lógico que Mishima hubiera pensado que su asonada iba a tener éxito. Era un escenario preciso, creado por él, para realizar el ritual del seppuku.
Un militante más de la Sociedad de los Escudos practicó el seppuku y el resto fueron juzgados de acuerdo a las leyes japonesas (Mishima dejó instrucciones para que parte de su fortuna se use en la defensa de sus compañeros de armas).

ESTACIÓN 12:
En occidente se considera que la muerte es el opuesto a la vida. En Japón, todo es complementario, el yin y el yan hablan de dos partes que forman un todo equilibrado. De manera que la muerte es el complemento de la vida. La gente no se aferra con tanta desaforada angustia a su vida porque sabe que morirse no pone fin a su camino. Mishima creía firmemente en los rituales de la vida y la muerte, en la purificación del alma y en la transmigración (el alma que pasa de un cuerpo a otro). No hay en su historia muestras de 
"fascinación por la muerte", que no sea el reconocimiento racional y dogmático de la vida y la muerte como existencias complementarias. Difícilmente una persona formada en la cultura occidental puede entender este concepto.

ESTACIÓN 13:   
Cuando murió, Mishima tenía atado a la cabeza un pañuelo con una frase que fue muy común en la II Guerra mundial: "Aunque muera siete veces viviré por mi país".

Las fotografías fueron tomadas del libro produccido por el Museo Literario de Yukio Mishima.

Que estén bien. Me encanta hablar con ustedes.




miércoles, 28 de agosto de 2013

La inasible ambigüedad japonesa

 Saludos a todos:

 Hoy me propongo hacer lo contrario de lo que hacen los occidentales cuando vienen al Japón y se quejan de la falta de claridad de sus interlocutores. Luego de convivir un poco más tiempo con ellos cabe decir que el camino más fácil es descalificar la ambigüedad y salir por piernas con la popular frase de "él es raro porque no actúa como yo".
La realidad es más lejana y menos clara como para que los autores de algunos blogs se refieran en términos peyorativos a una cualidad que es parte de la identidad de este pueblo. En este artículo se va a describir, no calificar, la ambigüedad japonesa.
Vale la pena abrir las puertas para encontrarse, de frente, con el bastón y el genio de Jorge Luis Borges y su irracional fidelidad platónica hacia el Japón. Hace unos meses se publicó el artículo "Borges, un bárbaro en Japón", escrito por su servidor para Revista Mundo Diners (lo puede leer aquí). El lúcido escritor ciego relató lo siguiente: “Luego otro rasgo curioso es que el interlocutor siempre tiene razón. Yo recuerdo que visitamos el santuario del Buda en Nara (…) Vimos aquello y alguien al salir preguntó si la imagen del Buda era de madera. Un sacerdote que dominaba el inglés contestó: ‘Sí, es de madera’. Dejó pasar el tiempo y otro preguntó al mismo sacerdote: ‘¿De qué está hecha la imagen del Buda?’ El sacerdote, sin contradecirlo, sin ofenderlo, pudo decir: ‘De bronce, señor’. Todo eso corresponde a un modo muy complejo. A un mundo de buenos modales, a un mundo de gente educada, culta, y eso para mí, que era un bárbaro en Asia, me sorprendió”.
La cultura, a la que hace referencia Borges, tiene el ingrediente de la ambigüedad, entendida como falta de precisión, una veladura que provoca incertidumbre, dudas, confusión. Unas palabras dichas por un japonés, en general, no deben leerse con ojos literales.
El nipón evita enfrentarse, lo rehúye en niveles insospechados, tanto como para ni siquiera rozar con una contradicción a otra persona. Es muy probable que si alguien le pide al dependiente de una tienda de ropa una camiseta negra el vendedor prefiera decirle que la roja le quedará mejor para evitar contrariarle con la noticia de que no tienen camisetas de dicho color en sus perchas.
Evitar el conflicto en las relaciones humanas, evitarlo en todo lo posible. De hecho, la palabra "no" se usa poco. En la comunicación entre las personas se usa una fórmula protocolaria que, por convención social, ya es entendida por todos. La fórmula puede ir acompañada de un adjetivo que no responde con presición un requerimiento. La misma pregunta: ¿tiene camisetas negras? La traducción es difícil pero podría decirse en español "Un poco.... es difícil". Sucede con frecuencia que la frase quedará así "Un poco...." y el interlocutor entenderá que hay algo sobreentendido que no se dice para evitar contrariarle y se irá con sus huesos a buscar una camiseta negra en otra tienda.
El medio de comunicación público NHK tiene en su página web un programa en audio que enseña el idioma y la cultura japoneses. Advierte que es rutinario, cuando se saluda, comentar sobre el clima. NHK afirma: "Detrás de esta costumbre hay varios factores. Japón tiene cuatro estaciones bien diferentes durante las cuales las condiciones del clima cambian considerablemente. Otro es el hecho de que los japoneses somos tradicionalmente un pueblo agricultor de modo que desde la antigüedad la vida cotidiana ha sido muy afectada por los cambios del tiempo. Creo que nuestra inclinación por la ambigüedad que mencioné al principio es también un factor. Al comienzo de una conversación, ya sea con un conocido o con un extraño, tratamos de evitar cualquier tema que pueda resultar en una incursión en el mundo interior del interlocutor. Hablando del tiempo no hay de qué preocuparse, no hay riesgo de que la otra persona se sienta incómoda".
A lo mejor una de las claves es esa, la "incursión en el mundo interior" de una persona con la que se está hablando. Traspasar un límite que es variable, impreciso y abstracto. Para el monje del relato de Borges, negar que el buda de Nara es de madera significaba la posibilidad de indisponer a quién había preguntado, de turbar el equilibrio interno de quien preguntó.
Esta forma de ser es parte de la identidad nacional y ha durado por siglos. Pero ese portarse bien puede convertirse en todo lo contrario, cuando se juntan ciertas condiciones. En la primera mitad del siglo XX la política expansionista llevó tropas japonesas a Korea, China, Mongolia y Hawai. Y llevó a Yukio Mishima, el mejor escritor de la historia de Japón, a decir que sus conciudadanos son unas bombas de hidrógeno con conciencia. Es decir, mientras lo dominante sea la conciencia, como sucede ordinariamente, la vida transcurre con una sucesión de protocolos creados para respetar el mundo interior de los japoneses. Si se rompe el orden, se quiebra por completo, ni las cenizas se parecen.
Kenzaburo Oe, Premio Nobel de Literatura cree que "En el punto más bajo de la pobreza generada por la post-guerra, encontramos la fortaleza para sobrellevarlo. Puede sonar curioso que lo diga, pero parecemos no tener tanta fortaleza para sobrellevarlo como ansiedad ante las negativas consecuencias que surgen de la actual prosperidad". Esto fue dicho en Estocolmo, en el discurso de agradecimiento cuando recibió el premio.
Oe Llevó a Europa una fase del rostro nipón, una fotografía que es harto difícil de entender. La Japan External Trade Organization (Jetro), a la sazón la organización que promueve el comercio, ha publicado en su página web una guía para hacer negocios con empresarios de este país. La ambigüedad está ahí.
Por ejemplo, es peligroso pensar que por estar en la misma actividad económica las dos partes de una negociación “Hablan el mismo idioma”. Jetro dice que no todo lo que se quiere comunicar se dice; “Cuando los franceses quieren decir 100 cosas, van a verbalizar 150. Cuando los japoneses dicen 70 cosas tratan de conseguir que la otra persona entienda 100”.
De nuevo NHK: "Una manera muy común de rechazar una propuesta que nos ha hecho un cliente, por ejemplo, es kentô shitemimasu. Aunque esta frase literalmente significa «voy a estudiarlo» o «voy a considerarlo», a menudo transmite el mensaje «no espere una respuesta positiva»". Cuando un japonés dice que "sí" no quiere decir que acepta lo que le proponen sino que sí entendió. Luego, muchos empresarios toman el sí como una aceptación y piden una computadora donde escribir los términos del contrato, mientras que el japonés piden una computadora para escribirle para agradecerle por la reunión y pedirle más información. En esos falsos sobreentendidos se ahogan muchos negocios.
Esto se traduce en unas ventajas enormes en el vivir diario. Cuando el bus se detiene en una parada y el chofer instala una rampa para que suba un hombre en silla de ruedas nadie se atreve a emitir un suspiro para hacer notar que está apurado y que está perdiendo el tiempo con esa operación.
Pero también da pie al usufructo de ciertos taimados porque si alguien se adelante a la fila nadie le reclamará, porque nadie está dispuestos a entrar en conflicto ni a violar el territorio individual e íntimo de esa persona, por más negativa que sea.
Por otro lado, la participación política de la mayoría de ciudadanos es mínima. Y, más allá, el interés por quien dirige la política es casi inexistente, básicamente porque viven en un país que funciona y en el que existe una estructura organizativa gubernamental creada, desarrollada y afinada para evitar que se generen conflictos.
No enfrentarse es una convención social, como lo son para los occidentales comer con la boca cerrada o tratar de "usted" a personas mayores. Eso no quiere decir que el pensamiento individual sea homogéneo, el mundo está poblado de seis mil millones de universos diferentes.
En el idioma japonés hay palabras para definir los sentimientos internos y la conducta social. Solo ese hecho, el de haber creado términos específicos, ya implica aceptar la complejidad y la rigdez de los protocolos que determinan la ambigüedad.
En ese sentido, honne es una palabra que se refiere a los sentimientos y pensamientos de una persona como ser individual, son parte de la esencia íntima, un territorio casi absolutamente inexpugnable.
Mientras tanto, tatemae es la palabra que designa a la conducta social, la manera cómo se espera que una persona actúe o se comunique. 
Japón es un archipiélago. Los habitantes de estas islas son más organizados porque tienen que convivir lo mejor posible en un territorio que tiene uos límites muy claros.
Este país fue obligado a abrirse a occidente por la fuerza y eso creó un proceso de occidentalización que parecía profundo, absoluto e irreversible (ver al emperador vestir frac y no kimono es doloroso).
Pero cuando perdió en la segunda guerra mundial contra Estados Unidos parecía que su identidad se enterraría debajo de una masiva construcción de locales de Mc Donalds.
Lo que logró fue occidentalizarse sin perder su identidad. O ser japonés con una matiz estadounidense, como se lo quiera decir.
Pero sobrevivió, como Nación ha superado la influencia occidental. A lo mejor sea más prudente decir que es permeable a la influencia externa, la cual aprende, la somete a los filtros de su tradición y produce esto que se ve por las calles de este país cada día que el sol nace. De nuevo.

Estoy con ustedes en un rato más.

domingo, 18 de agosto de 2013

Un barco a la deriva en la montaña

Muy buenas, cálidos saludos:

De alguna manera, todas las personas que están en el Japón le deben una visita a la larga y delgada zona de devastación provocada por la fuerza desaforada del terremoto de 9,0 grados y el tsunami de marzo de 2011. Con el turismo se hace una solidaridad bastante eficiente.
Una noticia apresuró las cosas: el barco que está a la deriva en las montañas va a ser desmantelado y desaparecerá una de las evidencias que persisten sobre el Gran Terremoto del Este.
Desde el satélite, gracias a la facilidad que ofrece Google Maps, aún se puede ver con claridad la línea de destrucción de la furia del mar: fíjese en los alrededores de Minamisoma, en la prefectura de Fukushima y lo notará.
Bien, a afinar la mirada y ajustar la lupa al detalle del pequeño puerto de Kesennuma. De pie, frente a ese espectáculo, es posible, normal y humano perder el aliento. A 750 metros del mar está un barco pesquero de 330 toneladas y de 60 metros de eslora. Dicho en otro términos, a siete cuadras y media del agua está una mole de hierro que pesa igual que 330 vehículos pequeños.
Trás la hélice se ve los mástiles de los barcos en el mar
¿Qué endemoniada fuerza fue capaz de hacerlo, de empujar a un cetáceo ciclópeo, de sacarlo del mar y depositarlo en donde no pertenece? Por lo menos no ha existido ninguna potencia similar inventada por el ser humano que pueda sacar al barco de la deriva de las montañas y devolverlo al mar.
Es un barco. Pero sobre todo es un ejemplo. Esa nave debe necesitar un nivel de agua semejante a unas siete personas, parada la una sobre la otra, para poder flotar. El mar se alzó más que eso todavía, 18 metros, 10 personas hacia arriba.
En marzo de 2011 este puerto tenía unos 70.000 habitantes, algo más de 9.000 murieron debido al terremoto, al tsunami o a los incidentes menores provocados por los dos anteriores. En unos 25 minutos el nivel del agua subió. Subió. Subió. Luego de que el agua comenzó a irse calladita, por debajo de los escombros, como avergonzada por lo que hizo, se iniciaron los incendios, una pirotecnia que ponía la firma definitiva a un día de tragedia. Sobre el pergamino del cielo. Una firma de sangre. El mar se fue y volvió a ser el dador de vida.
El barco siguió cautivo de las montañas y los ciudadanos decidieron resolver qué hacer con la osamenta. Hubo opiniones discrepantes entre los habitantes de Kesennuma sobre el destino que darle al barco, los unos proponían dejarlo como la memoria visual de un desastre que hay que remontar (y porque estaba reportando ingresos interesantes de los turistas); los otros quieren olvidarse que en minutos desaparecieron del pueblo más del diez por ciento de los habitantes.
Ganó la segunda propuesta y se ha encargado a una organización no gubernamental que inicie el trabajo de arrancar cada uno de los poros de este coloso del mar que se perdió en las montañas.
En esta planicia estaban las casas del puerto de Rikuzentakata.
Unos cuantos cerros al norte, otra organización no gubernamental intenta salvar un único árbol que quedó en pie en el puerto de pescadores de Rikuzentakata y que se ha convertido en el símbolo de la reconstrucción.
Desde hace unos doscientos años los habitantes sembraron unos diez mil pinos, de hecho una parte importante estaban en una playa de arena blanca y protegían al puerto de los vientos muy fuertes, era como una primera línea de defensa que funcionó con bastante eficiencia en el penúltimo tsunami que atacó a la pequeña bahía, en 1960, provocado por un terremoto en el lejano Chile.
Tras ese trozo de playa arbolada se había construido un muro de contención de cinco metros de alto para proteger a las 23.000 personas que vivían ahí; el obstáculo fue insuficiente para más de mil habitantes de Rikuzentakata.
Durante meses se hizo un esfuerzo importante por salvar al árbol, al ícono, al símbolo de que, a pesar de todo, este pueblo está de pie. Pero el exceso de sal en el suelo ha provocado que vaya muriendo poco a poco. El árbol; las personas siguen de pie. Sin embargo, se salvaron y se plantaron algunas semillas que se han convertido en pequeños arbolitos. No será posible sembrar nada en este terreno hasta que la tierra deseche el exceso de sal que, por ahora, permite que crezcan solamente pequeñas matas.
Todavía no se resuelve que hacer con los millones de toneladas de escombros
Se pueden ver señales francas de la reconstrucción, pero es difícil hacerse una idea de cómo marchan los trabajos. Hay frecuentes comentarios de que el gobierno no ha trabajado a suficiente velocidad y son visibles en las noticias los reportes de familias que aún viven en casas provisionales.
Pero es difícil hacer una evaluación más precisa. El gobierno calculó los daños en medio billón de dólares, más dinero de lo que una persona pueda imaginarse, y se nota que la infraestructura está operativa: carreteras, electricidad, agua potable, comunicaciones.
Pero todavía es posible ver llanuras donde hubo ciudades. Descampados donde hubo techos. Silencio donde hubo risas. La reconstrucción de las viviendas no va a la misma velocidad que el resto. Muchas familias adquirieron sus casas con crédito, tenían su patrimonio, desde el cepillo de dientes hasta los zapatos, pasando por la cocina, la lámpara y las cucharas. Todo se perdió. Una parte de la deuda les fuer perdonada pero lo que tienen ahora es la paciencia para esperar que las autoridades delimiten de nuevo el suelo donde estuvo su casa y terminar de pagar las deudas para contraer otras y edificar la vida nuevamente
Hace poco se hizo público un video que filma sin pausa el tsunami en Kesennuma. Dura 25 minutos y es un documento sobresaliente para entender lo anterior, está aquí. En veinticinco minutos sucede todo. Inclusive que un barco quede a la deriva en las montañas.

Les veré ya mismo, gracias por venir.

lunes, 12 de agosto de 2013

Shodo: hacer arte dibujando palabras

Monje budista diestro en shodo
Saludos a todos, estimados:

Mi papá conocía a un hombre al que nunca le vi la cara ni del que me aprendí su nombre, pero que estaba presente, era parte de esos artificios caseros que generalmente están bajo polvo pero cuando son requeridos cumplen su papel con exactitud y eficiencia: el calígrafo.
Y, claro, era reclamado para escribir los nombres en las invitaciones a bodas y para trazar, sobre papeles especiales las peroratas de los diplomas y documentos conmemorativos. Se le reclamaba con el nombre de “el calígrafo”, una persona, como dice la Real Academia Española de la Lengua, que tiene “excelente” letra.
Podría llegar a afirmarse que, en occidente, quien tiene una buena letra ha llegado a un nivel de artesano. En Japón hay la tal caligrafía elevada al nivel de arte y es fascinante asistir a una de las funciones en los que los pinceles, danzando, cuentan las historias literales que se callan la tinta y el papel.
Como ya es sabido, la escritura llegó al Japón en el siglo VI desde China y también el alfabeto fundamental, el kanji, unos 50.000 ideogramas. Pero, no es difícil imaginar, tomó su propio camino y luego se desarrollaron los dos alfabetos adicionales para resolver problemas surgidos en la aplicación de la gramática china a los modos de expresión japoneses, hiragana y katakana.
Nació, creció y se reprodujo el shodo (書道), que debe traducirse como “el camino de la escritura”, que tomó la forma de un arte y, además, de una disciplina y que todavía hoy se practica. Los niños de escuela deben aprender las chapucerías básicas y de ahí para adelante hay un horizonte claro y extenso.
No hay que olvidar que para la sociedad japonesa tienen mucho valor los documentos escritos con pincel y tinta. Un japonés prefiere enviar su hoja de vida escrita a mano, porque quien la reciba podrá percibir sus sentimientos más nobles (más sobre eso en http://llamingosan-samaniego.blogspot.jp/2012/08/un-dinosaurio-tecnologico-que-se-niega.html).
Pero esa seguirá siendo la escritura del diario, no el shodo. Para esa expresión del arte local se necesita de un instrumental básico: pincel, tintero, barra de tinta, pisapapeles y papel de arroz.

Esta es una abstracción de la palabra "mar"

Es lo mismo que usaban los primeros monjes que copiaban los textos sagrados del budismo o que, poco a poco, ponían sobre papel la historia de su país que hasta tanto se transmitía con la palabra declamada catorce siglos atrás.
Se ha presentado una exposición en el Museo Nacional de Tokio de “Maravillas de la caligrafía de estilo japonés”. Se mostraron documentos de hace más de mil años, intactos y hasta legibles; y muchas joyas más, increíbles. Inasibles.
Lo de legibles hasta hoy merece una explicación adicional y un antecedente, que es algo más a lo que se puede constatar ahora con respecto a la calidad de los materiales que se usaban siglos atrás. Los ideogramas son figuras de varios trazos, hay kanji de un solo trazo y otros que pueden tener más de 30 trazos. Está establecido un orden en el que deben ser trazados los ideogramas (de izquierda a derecha, de arriba hacia abajo) pero, además, existen otras características que deben desarrollar quien abraza el shodo.
Los calígrafos japoneses crearon estilos que respondían a sus necesidades pero que, además, tenían cierto carácter ritual:
Kaisho, está ligada al estatus y debe escribirse trazos precisos y firmes.
Gyosho, escritura más rápida, de líneas suaves y redondeadas.
Sosho, escritura impetuosa, hecha con movimientos rápidos y apasionados.
Entonces, un comunicado oficial emitido por un sogún era escrito con letra kaisho, recta, muy clara y legible, lo importante era la información que transmitían los kanji, no la belleza de su trazo (aunque no dejaba de tenerla). Pero un poeta redactaría su haiku en gyosho, le agregaría una dosis de expresión gráfica. Pero escogería sosho quien fuera a hacer arte utilizando como pretexto los ideogramas, las palabras, de manera que los ideogramas adquirían un trazo abastracto, serían muy difíciles de entender pero fácil de sentir la expresión del artista.
El shodo forma parte de las actividades cotidianas que tienen un sentido religioso. Para ser un diestro en este arte se necesita practicar mucho, la vieja y perfecta receta de la repetir  los movimientos hasta dominarlos, hasta dominarse a sí mismo.

Un monje escribe en un libro de templos.
Gracias a la rama zen del budismo se ha logrado que la repetición de movimientos tenga un sentido religioso, porque se cultiva fuertemente el espíritu y la concentración.
Los samurai, que eran guerreros que respondían al mando de los sogunes, entendieron desde temprano en su historia que la clave no está ni en el tamaño ni en la fuerza de los guerreros (uno de los samurai más reconocidos en la historia del Japón medía 1,50 metros de estatura y no tuvo rival).
Encontraban la perfección en otros destinos, trabajaban todos los días en las artes marciales, dominaban la katana, pero también practicaban teatro y shodo.
En el libro Bushi-do (“El camino del samurai”) dice “Cuando Tsunetomo permitió a Yasuburo que hiciera caligrafía en un papel, le dijo: «Asume que vas a dibujar un solo caracter en todo el papel. De modo que hazlo como si tu trazo fuera a rasgar el papel. El resultado dependerá de tu vigor espiritual”.
Un artista del shodo, en definitiva, domina el pincel, el papel, la tinta; domina la presión, la velocidad y la intensidad del trazo; domina su fuerza interior, se conoce a sí mismo, tiene bien claro que la vida es como un solo trazo, en todos los sentidos.
Entre el calígrafo que conocía mi papá y los que se encuentran aquí creo que hay una sola diferencia: los segundos le han dado un sentido religioso al hecho de dibujar palabras.
Se puede encontrar información interesante en este enlace: Shodo Creativo.

Además, si hacen click aquí podrán ver un video muy gráfico.

Me encanta verles, será hasta pronto. Y si le ven al calígrafo que conocía mi papá denle mis saludos.

viernes, 2 de agosto de 2013

La chica de la mano perfecta y la TV nipona

Gustosísimo de saludarles:

Yo entendería que, como suceden en algunos países, la televisión pública del Japón considera a sus periodistas como eficientes comunicadores. Por ello, los cargos de presentador de noticias, por ejemplo, no es un título nobiliario que se hereda y que dura toda la vida, sino que cualquier profesional del periodimos puede hacerlo.
Pero, esa no es el tema de esta sobremesa. Hay dos o tres chicas que emiten la información sobre las predicciones del clima. Una de ellas señala las geografías en el mapa virtual con la mano en una posición tal que causa admiración. ¡Es la mano perfecta! y cómo se desplaza por ese escenario que todos sabemos que, en realidad, es un fondo de color: qué seguridad, cuánta prestancia, qué nivel de elegancia. Nunca nadie igualará a esa mano más perfecta que cualquier expresión artística del renacimiento.
Ni siquiera El Juicio Final de Migue Ángel visto con lupa tiene la perfección de ella, cuyo nombre no sé y que tampoco quiero aprender, hay ciertos asombros que merecen el anonimato.

Luego, hay lo otro. Pongamos el siguiente antecedente: en el Japón, el desarrollo de la tecnología para televisión, por ejemplo, generalmente está en manos de los canales de televisión, que tienen sus propios departamentos de desarrollo, según puedo concluir. Se asocian con marcas y emprenden en inventar cosas nuevas. Recién no más NHK anunció que estaba a punto de terminar el desarrollo de un televisor que dejaré en la era de piedra a los televisores de alta resolución.
Pero, a pesar de ello, en los noticieros de televisión las otras chicas del clima, que no la de la mano perfecta, aparecen con unos hisopos para señalar las geografías que podrían ser dañadas por el clima. Sí, hisopos,  con puntas amarillas o tomates, que son como alfileres de colores explosivos de gigantes.
Hay más: los carteles. El croma se inventó hace mucho y los japoneses lo utilizan en abundancia, pero no para los fines que estamos acostumbrados. Por ejemplo, en cualquier noticiero aparece un cuadro estadístico bien diseñado y un efecto espectacular da paso al siguiente y a uno, con los que estará suficientemente armada la noticia.
Pero no, los noticieros japoneses utilizan unos carteles, a los que han sido hábilmente adheridos tantos como cuadros son necesarios. En un set, el presentador saca de debajo de la mesa el cartel. Mientras explica su contenido señala con el dedo (o con un hisopo de menor envergadura); cuando termina, arranca ese cartel y debajo está el siguiente.
Siempre me ha parecido aparatoso esa manera de hacer televisión; y muy poco apegada a la tecnología. En la capital mundial del desarrollo tecnológico, donde orinas en baños que te hablan, no se usan ciertos desarrollos. Seguramente se debe haber abierto una línea especial del diseño gráfico para aquellos que deben hacer impresos que se usan para televisión: tipos de papel, colores, tipografías.
La consigna, sin embargo, es no dejar un espacio libre. En cualquier publicidad o cartel informativo hay tantos datos, con tantos colores y muchos elementos gráficos, para quien no está acostumbrado son demasiadas cosas. Pero este país le da un alto valor a la información, no hay datos que sobren. Siempre es así.
Por ejemplo, los vehículos de recolección de basura y otros de empresas privadas de logística tienen la luz direccional típica pero además una voz anuncia la maniobra: "Vamos a curvar hacia la izquierda, tengan cuidado, gracias" o algo parecido. Las escaleras eléctricas siempre alertan. Incluso en los baños que hay en la cumbre del Fuji-san hay avisos abundantes y uno que llamó mucho la atención en la que se pedía a los ascencionistas no usar los sanitarios como zona de descanso.
Sociedad de la información, eso se lo tienen bien sabido el Japón, pero no se asume que la gente ya sabe ciertas cosas, de manera que insisten siempre con temas y machacan con ellos. Finalmente, esa es la manera como se puede cambiar el comportamiento de los ciudadanos para llegar a una sociedad que, además de informada, es ordenada.
La chica de la mano perfecta cuenta con que, si la predicción es de lluvia, la mayoría de sus compatriotas tomarán las precauciones del caso, esa preparación le ha protegido a este país de los desastres naturales.

Pronto volveré con ustedes.


miércoles, 24 de julio de 2013

Amanecer parcialmente cubierto en el Fuji

Mis estimados:

Es que no sabía cómo iniciar el relato. No tengo una palabra concluyente, no tengo una idea final de lo que pasó entre el Fuji y nosotros, pero ahí van los hechos, sepan ustedes darle el justo valor.
Habíamos contratado este tour con un grupo que se llama Tokyo Snow Club, básicamente porque podíamos subir con guías que hablaban inglés y el precio no estaba mal. Del grupo de guías no hablaré más porque no se les vio por ninguna parte.

Estación No. 5: de aquí en adelante la única opción es caminar

Como estaba planificado, el 20 de julio viajamos de Tokio a la estación 5, que es la parada hasta donde llegan buses y autos, el tope de la vía para vehículos motorizados. Es un gran centro comercial donde se venden todos las chucheerías de rigor: un palo con un cascabel y la bandera del Japón para apoyarse, pequeños tanques de oxígeno (se venden hasta pastillas de oxígeno), agua, camisetas, chompas, recuerdos para cuando se regrese y todo lo que podría hacer falta. 16:45, 2.300 msnm.
De la estación 5 salimos a las 18:30, todos alegres, nos tomamos las respectivas fotos en las que exponemos la sonrisa de típica de "miren las botas nuevas que me compré". Al mismo tiempo que nosotros comenzábamos nuestra aventura, llegaban de regreso quienes habían subido en la mañana, traían el polvo calado en bandolera, los ojos saltados y la adrenalina a millones.
Comenzamos la caminata los 45 gaijins (así llaman los japoneses a los extranjeros) que formábamos este grupo y al principio era eso, un paseo de sábado por la tarde, la temperatura estaba sobre los 20 grados y el Fuji, con la arrogancia que le da saberse el más alto de su orbe y probablemente uno de los más perfectos conos del mundo, se solazaba con una nube lenticular que por unos momentos se formó en la cumbre.
Llegamos, entonces, a la primera parada: un pequeño refugio (el No. 6) con baños. Estaba anocheciendo y tenía una vista interesante de las linternas de cabeza de los escaladores que había subido antes, como una serpiente de luz en movimiento. Mi Señora no aguantó el olor de los baños, que se regaba generoso a varios metros a la redonda, y se adelantó, mientras yo aguanté lo mío para hacer dos fotos movidas y ponerme el primer saco del recorrido. 19:20, 2.400 msnm.


Laz luces alumbra el ascenso de los grupos

Sin mayor novedad llegamos a los refugios 7 y primer 8, que está prácticamente a la altura de Quito pero por debajo de La Paz. Nuestro argumento, el de los andinos, había sido que el paseo sería tal porque no nos faltaría el oxígeno, ascenderíamos unos cientos de altitud más allá de nuestro lugar habitual de residencia; y suponíamos que la misma ciudad Tokio se había encargado de tonificar los músculos por los kilómetros que hay que caminar todos los días para unir destinos alejados; además, hubo algo de entrenamiento. Hicimos mejores tiempos que los que marcaban los mapas, de manera que en cada refugio parábamos, nos deteníamos a tomar nuestros descansos pero también porque había que calcular la velocidad para llegar lo más cerca posible del amanecer, no mucho antes y, efectivamente, no después. El problema es que hace mucho frío en la cumbre y llegar con anticipación no es recomendable, a menos que se tenga las prendas térmicas de rigor. Pero nosotros no teníamos las prendas ni la intención de ir a la cumbre a morirnos del frío, así es que seguimos con la estrategia de tomarnos nuestro tiempo: quedarnos un rato en los refugios, acompañados de decenas de ascensionistas y del olor a baño que, a esas alturas y luego de la repetición insistente de dicho olor, era ya parte de los souvenirs que nos llevamos del Fuji.
A pesar de que nadie lo dice, a esas alturas se descubre que los refugios son unos negocios privados y se los trata como tal. El baño (y su generoso perfume) cuesta USD 2, una botella de agua de otros US$ 2 (en la ciudad se paga US$ 1), hay rámen a montones (una sopa de origen chino de fideos sobre un caldo de carnes) a unos USD 7; los precios suben al mismo reitmo que la altitud. Solo se puede entrar a los refugios si se paga para dormir, no hay el concepto de entrar un ratito para descansar. La tarifa mínima cubre 3 horas, consta del espacio en una litera que no tiene colchón y el costo oscila, según la altitud del refugio, de 65 a 95 dólares. Pero tienen un tiempo máxima, no hay como quedarse más de 8 horas. Entonces no, no hay ningún servicio que sea público.
En el refugio 8 alto (hay como cuatro con ese número) se unen dos de las cuatro rutas de acceso. Para entonces la temperatura ya había bajado, tuvimos que vestir cuatro capas. La mochila iba perdiendo peso gracias a las dosificaciones de líquido, barras energizantes y dulces. En este refugio no había un lugar, ni dentro ni afuera, donde sentarse, asentarse, posarse, arrodillarse, ni siquiera dejarse estar, mucha gente, mucha gente. Comenzaba a estorbar. 01:00, 3.200 msnm.
De ahí para adelante había que colarse en una fila que se movía lento. Nos quedaban los últimos 500 metros y los mapas decían que nos demoraríamos algo más de dos horas. Pero enseguida entendimos que ese tiempo depende del ritmo de la gente. Puesto en perspectiva horizontal, es una sola fila de cinco cuadras, todos pegaditos, sin espacio entre el de adelante y el de atrás, sin aire entre nariz y espalda. La abultada masa humana de una procesión religiosa, la salida del estadio de fútbol, la entrada a un concierto. Todo eso se parece. Pero en la historia que hoy nos ocupa esto sucedía en una pendiente muy respetable, una camino en el que hay que ascender por escalones naturales de roca y que las más de las veces había que sostener el peso del cuerpo cansado y de la mochila en un pie que se posaba con un precario equilibrio sobre una saliente de la roca. Dábamos un paso y la fila se detenía. Treinta segundos después se volvía a mover, dos pasos más y se detenía de nuevo. Un paso dado con enorme esfuerzo y uno se encontraba de frente con la espalda baja del anónimo compañero montañista de adelante. Generalmente eran líneas de tres personas, todos pugnando por ir por la línea más rápida, se me parecía a los trancones de tráfico de las ciudades grandes, al principio veíamos con mucho asombro la habilidad que tenían los japoneses para colarse en espacios minúsculos, luego desarrollamos nuestra propia habilidad para hacerlo. A estas alturas no hacía falta tener ni buen físico ni estar aclimatado, era un ejercicio agudo y hasta malsano de paciencia (un meteorito asomó en la noche, se prendió fuego en la atmósfera y se consumió: juego pirotécnico estelar asombroso). Miles de pequeñas lucecitas que formaban una enorme y perezosa serpiente se movía con sorna. En la última parte del trayecto había que ir en fila de a uno, entonces ya se podía andar sin detenerse: 10 minutos y llegamos a la cumbre. 4:00, 3776 msnm. El  fondo negro se tinturaba de morado y poco a poco de azul. Mirábamos al este. Mi corazón sabía que si seguía ruta al sudeste, como lo hacía mi mirada, llegaría a casa. Encontramos apenas donde posar las asentaderas, nos había tomado, en total, 9:35 horas el ascenso; en la parte alta debía haber unas 10.000 personas que hicieron lo mismo que nosotros: los lugares desde donde se podía tener una buena vista del amanecer estaban copados: nos hubiera tocado ir de puntillas o dar saltos si queríamos solazarnos con un espectáculo que no se dio, el día estaba nublado, no se vio a la diosa mayor del sintoísmo, Amaterasu, la diosa del sol, descender desde el altiplano del cielo para honrar el nombre del Japón: el país del sol naciente.


Miles de personas atentos con el amanecer en la cumbre del Fuji
Los acensionistas buscan donde descansar o qué comer
Este es el grupo de los atrasados. El "tráfico" ya estaba relajado a esas horas
Se hizo de día. La cola para el baño nos quitó unos 30 minutos, otros 2 dólares por persona y la constancia de que los baños huelen igual de mal a cualquier altitud. Encontramos refugio para nuestro cansancio y frío, nos sentamos a tomar algo caliente y a estar en paz el tiempo justo para que los músculos no se enfríen por completo. A las 6:00, cuando estuvimos saciados del paisaje y hartos de los codazos, empujones y de esa sensación de encierro que provoca el exceso de gente, decidimos tirarnos montaña abajo. La ruta de bajada es un zigzag descomunal de cascajo volcánico. Unos 20 minutos después de que la iniciáramos Mi Señora se lastimó la rodilla. De ahí para adelante fue la prueba final y fundamental de paciencia y fortaleza: hacer la ruta de descenso caminando muy lento y de lado. Luego, un japonés que tenía una mirada de demencia absoluta y que resultaba incontrolable para sus dos nietos, le sugirió que bajara de espaldas. La mayoría de las cinco horas siguientes Mi Señora bajaba de espaldas y yo le sostenía de las manos. No encontramos un baño ni un refugio ni un lugar donde tomar una gota de agua durante cuatro horas seguidas. La bajada ya no es buen negocio y no hay servicio público.
Llegamos a la estación 5, fuimos a un casillero que habíamos alquilado donde dejamos los zapatos más cómodos y ropa ligera, nos cambiamos y regresamos a Tokio. Llevábamos el polvo calado en bandolera, los ojos saltados por la adrenalina y la poca que nos quedaba haciendo esfuerzos descomunales por sostenernos despiertos.
El gran desengaño: cierto que en términos de altitud es poquito lo que hay que subir, pero el ascenso es muy difícil. Yo creo que sin gente nos hubiera tomado de todas maneras unas 6 horas. Pero así es la cosa. Las ascensiones al Fuji solo pueden hacerse libremente durante la temporada de julio a septiembre. Se calcula que ascienden 300.000 personas en una temporada, un promedio de 4.000 por día. No, no existe la versión poética, que en los Andes es una realidad inigualable, de estar en la cima de una montaña y sentirse el único amo y soberano de los cielos y la tierra, solo acompañado por los bemoles del viento que se apersona con ráfagas retozantes y de la nieve que, entonces, se tiende como una alfombra; igual que las nubes.
La gran verdad: dicen que quien llega a la cumbre del Fuji se vuelve japonés. A nosotros nos quedó la sensación de que el Fuji nos recordó que somos extranjeros.


Nos vemos pronto.

viernes, 7 de junio de 2013

El paisaje convertido en bonsai

Siempre es un gusto estar con ustedes:

Pasearse por el parque. Está en la cultura occidental que pasearse por un parque sin que le paguen por eso es una falta grave en el uso utilitario del tiempo. Un sendero y los árboles son útiles como escenario para trotar y preparar el cuerpo para dar un uso utilitario al tiempo. El resto va a la columna de pérdidas.
Pero, en el Asia, sobre todo en los países que han tenido alguna influencia del budismo, la quietud es parte de lo cotidiano: el tiempo es oro en la medida en que se puede usar de acuerdo a sus necesidades, que no necesariamente son monetarias. Eso hacen, miran un paisaje sin más intención que mirarlo.
Casa de té en Hama Rikyu, en el medio de Tokyo
Desde hace dos mil años se construye jardines y parques con apego a una estructura conceptual. Es decir, no se amontonan las plantas porque son del mismo color y porque se ajustan a una lógica geométrica, simétrica; hay otras reflexiones que se parecen mucho a los retortijones de las ramas de los matsu: los trazos de la caligrafía de los dioses.
Entre los conocimientos que toman en cuenta los japoneses cuando diseñan un jardín hay uno fundamental: debe ser una composición escénica que reproduzca con la mayor fidelidad el "orden" de la naturaleza.
Los diseñadores tienen en cuenta tres ejes clave: es una reproducción de la naturaleza en una escala reducida; cada elemento tiene una simbología clara; y, se construyen escenas que existen en la realidad, las que llaman "vistas prestadas".
Ahora, en el título de esta nota se usa la palabra bonsai. Es una de las tantas palabras importadas de la China y japonizadas, su traducción literal es "naturaleza en bandeja" (en el chino es "cultivo en bandeja").
Trabajadores podan los matsu (pinos) en Hama Rikyu
Tiene altos niveles de complejidad debido a que los elementos tienen significados y, al final, la suma de flores, piedras y cascadas será una narración, la adición coherente de símbolos con el objetivo de contar una historia que no tiene desenlace.
Van unos ejemplos, la arena blanca simboliza la presencia del mar y las rocas de islas, lo cual es el reconocimiento de que el país es un archipiélago. Por otro lado, las rocas y una manera específica de juntarlas significa que es un lugar habitado por los dioses.
La religión japonesa, el sintoísmo, tiene una conexión fortísima con la naturaleza y es lógico que un árbol puesto aquí y una flor colocada allá tengan una motivación mística, es una parte de los rituales cotidianos. El mundo físico está plagado de deidades, de manera que aquella montaña que se ve desde la carretera en cualquier viaje es sagrada. Los jardines y parques recogen también esa divinidad; pero del tamaño de un bonsai.
El jardin zen de Ginkakuji
Generalmente, los jardines se dividen en dos tipos: los que tienen colinas y estanque (como el de Hama Rikyu, metido en el corazón del barrio de Shiodome, en Tokyo) o los planos, donde no hay ni colinas ni estanques, como el que está junto al santuario de Ginkakuji, uno de las decenas de patrimonios de Kyoto.
En el primer caso, el jardín sirve para pasear, para ir a través de él. En el de Suizenji (construido en el siglo 17), en Kumamoto, permite cruzarse por un templo, luego por un escenario para representar el Noh, más allá una casa de té e inclusive hay espacio suficiente para los monumentos de los sogunes que construyeron el jardín.
En el segundo caso, sirven para verlos. El del Ryoanji es un jardín zen de arena blanca perfectamente peinada que tiene quince piedras reunidas en varios grupos. Fue construido para mirarlo desde el santuario al que está pegado, para meditar con los ojos clavados en semejante simpleza.
Es un rectángulo sobre el que se disponen unas islas de rocas. Solamente desde un punto se puede mirar todas y para los turistas es un juego tradicional encontrar este balcón escondido desde donde se puede mirar y contar todas las piedra.
La diferencia básica con los diseños occidentales es que los japoneses no tienen grandes extensiones cubiertas con césped para que los transeúntes se recuesten, coman sus viandas, beban vino y se recompongan con una siesta apacible, acompañados por zumbidos y trinos.
Ryoanji, el jardín de piedras
Se lo puede hacer también en los japoneses, pero habrá una banca o una glorieta, a lo mejor sitios no tan extensos para tender un mantel. Se servirán el obento, beberán sake y en vez de recomponerse con una siesta se descompondrán totalmente con más sake.
Mantener los jardines tradicionales ha sido muy importante. Tokyo, esta enorme, monstruosa y amable megápolis se da el lujo de tener espacios perfectamente sitiados por edificios dentro los que se se halla solaz.
Los brazos de los matsu (pinos) y sus dedos alargados son los primeros en marcar el desorden, en alentar la asimetría. Es difícil aburrirse, desde cada sitio se mira "vistas prestadas" diferentes y reconfortantes. Nunca un jardín japonés dejará de sorprender.

Vengan cuando quieran, podemos dar una vuelta por algunos.


jueves, 6 de junio de 2013

Cuánto vale la sensación de seguridad

Muy buenas, un placer inmeso.

Pues sí, cuando el político de Alianza País Fernando Bustamante dijo que el tema de la delincuencia tiene un ingrediente de percepción dijo lo que es. Claro que enseguida se le dio la vuelta al tema y le hicieron el respectivo carga montón mediático, pero ahora que vivo en un país en el que la delincuencia no es un problema suena muy sensato aquello de la percepción.
Pero hay que entender bien las cosas (y espero que no se tome este artículo de manera parcial, sino que se entienda la idea). Desde mi punto de vista, la percepción significa cuánto miedo ha logrado meter en la ciudadanía la delincuencia.
Hay lugares que pueden tener un nada de actos violentos y sin embargo sus ciudadanos pueden sentirse aterrados. O puede pasar lo contrario, un país con una delincuencia inmanejable que, sin embargo, aparezca como un lugar seguro.
Puede haber sitios donde los medios de comunicación informen con desproporción sobre actos delictivos o países donde sus gobiernos no reporten todo acerca de la delincuencia. En los dos casos la población tendrá más o menos miedo.
Creo que depende mucho de eso porque los medios de comunicación generan sensaciones. Una noticia puede decir: "Un ciudadano con atecedentes penales murió por disparos de bala de dos hombres que viajaba en una motocicleta. Comenzaron las investigaciones pero las primeras pistas se dirigen hacia un ajuste de cuentas". Esa es una manera de decir las cosas.
La segunda: "El país colapsa ante el sicariato. Pistoleros que viajaban en moto acribillaron a un ciudadano en plena vía pública y a la luz del día, en un evento que se suma a los innumerables casos de sicariato que asolan a la nación".
Evidentemente, en el segundo caso se genera mucho más miedo que en el primero. El número de crímenes que se cometieron en ese país será el mismo, pero la población tendrá más o menos miedo, de acuerdo a cómo se le informe.
Unos datos. En Estados Unidos, en 2012, hubo 5'800.000 delitos violentos. Quiere decir que hubo 11 dellitos violentos por cada minuto. Podría apostar que la mayoría de ecuatorianos asegurarán que el estadounidense es un país más seguro que el Ecuador. Y, para el ciudadano de Estados Unidos también, porque en su país no existe delincuencia, sino terrorismo, que es la manera cómo el Estados se ha lavado las manos en su responsabilidad por los problemas internos y le ha tirado la pelotita a los malos que habitan otros países (que hay que invadir).
Los estadounidenses se sienten asustados por los terroristas, pero si se suma y se resta, estos "enemigos de la libertad" han causado un número infinitamente menor de muertes que la delincuencia casera y muchos menos que las acciones extraterritoriales de la Casa Blanca.
Entonces, si se entrevista a un estadounidense acerca de si siente miedo por la delincuencia seguramente la respuesta será que no, pero que sí siente miedo por el terrorismo.
Pero, en el Ecuador no hay terrorismo, los malos de la película se llaman delincuentes y punto, aunque a veces tome el pomposo nombre de "sicariato" aquello que en realidad es un asesinato. Además, medios de comunicación que en sus noticieros se sacan la piel por el exceso de delincuencia transmiten programas en los que se hace una apología romántico-viril-aspiracional de la tal delincuencia.
Hora de mirar a otras direcciones. En 2012 la delincuencia en Japón cayó a su nivel más bajo de los últimos 32 años. Hay más, desde 2002 todos los años ha disminuído y su mayor problema es el intento de robo de efectivo de las máquinas expendedoras de bebidas.
Los delitos violentos en Estados Unidos son cinco veces más que todos los delitos cometidos en Japón. Sí, uno se olvida de aquella molestosa cotidianidad de tener que mirar para atrás y para los lados cuando camina por la calle.
Los japoneses entendieron bien las causas y las enfrentaron. La primera causa es económica, la pobreza. El país no tiene pobres, tiene una enorme clase media con un alto poder adquisitivo y no necesita apropiarse de nada ajeno porque tiene la capacidad de adquirirlo.
Segundo: cultura. Esta sociedad se ha formado en un ambiente de respeto por lo demás, de solidaridad, de cooperación, todos son parte de un enorme sistema que necesita de cada uno para funcionar. Hacer algo que no sea justo atenta contra ese esfuerzo cooperativo.
Bajar la delincuencia provoca otros beneficios, además de la invalorable sensación de seguridad: muchas de las cosas que suceden en este país no podrían pasar si hubiera delincuencia. Sería interesante establecer el valor de cuánto se ahorra (es decir, cuánto se puede invertir en otras cosas) por la seturdad nacional.
Para poner un ejemplo sencillo, los encargados de movilizar valores muchas veces llevan solamente un revólver, llevan cajas llenas de dinero por la mitad de la calle en un carrito que empujan con sus manos y no utilizan un vehículo blindado. Como gran cosa van dos. Todo el mundo sabe que las cajas están llenas de dinero, a nadie se le ocurre apropiarse e ellas.
Japón está en el lugar número seis de los países con menor índice de asesinatos
Pero hay gente que dice sentirse insegura. Si en esta tierra de paz hay un asesinato en  el parque Shiba seguramente los habitantes de los alrededores dirán que se sienten inseguros, quizás tanto como los de las cercanías del parque de la Carolina en Quito, donde se habrán cometido decenas de actos delincuenciales o los vecinos de Central Park en Nueva York alrededor del cual se habrán cometido centenas de hechos violentos.
Cómo es lógico, para quien es víctima de la delincuencia la suya es la peor situación posible. Pero, el miedo provoca una actitud de victimización. Es decir, no es comparable la situación de una mujer mexicana cuyo marido y dos hijos fueron asesinados por los carteles de la droga con la mujer a quien se le extrajo su teléfono celuar de un autobús en Colombia.
Existe, como conclusión, delitos efectivos que se cometen y cuyo conteo permite determinar qué lugar es más seguro y cuál es menos seguro. Y también existe una percepción, la cual explica cuánto miedo tiene una persona de ser víctima de un acto delictivo. La mayoría de las veces, lo uno no se parece a lo otro.
Pero estar en esta ciudad con niveles de seguridad tan altos es probablemente una de las razón para no irse nunca. Una parte de este artículo lo escribí en una mesa fuera de un café, casi sobre la vereda de Roppongi Hils, una de las zonas con más transito de personas del Japón. He dejado la computadora y el celular (además de la mochila con otras tantas cosas) y me he ido al baño. He vuelto y todo estaba ahí. Sería realmente extraño que no, que cualquiera de los objetos hubiera cambiado de lugar, incluyase en este paquete al aire, el paisaje y el clima.
Voto porque sí, una parte depende de la percepción. Pero la sensación de seguridad no tiene precio.

Les veo pronto. 

Adenda: En junio de 2016, el diario Japan Times publicó un cuadro sobre la violencia con armas de fuego en los países de la OCDE, en un artículo que trató de resolver si en Japón podría suceder lo que en Estados Unidos en esos días: un ciudadano mató a 50 personas e hirió a otras 56 en una discoteca, el solo. Este es el cuadro.

 

miércoles, 29 de mayo de 2013

Kamon: heráldica minimalista

Siempre es un placer encontrarme con ustedes.
 

Hace poco, durante un rito de yabusame, con Mi Señora miramos unos dibujos bordados con hilo dorado sobre el terciopelo negro de las chaquetas de los arqueros. Cada uno tenía un dibujo diferente, las monturas también tenían grabadas la ilustraciones.Luego de despegar la mirada de esos diseños lindos y luego de mirar alrededor noté que los había por todas partes. Evidentemente no eran unos dibujos para adornar la ropa sino que tenían otra trascendencia.
Así como en Europa se elaboraron escudos de armas supercomplejos para identificar primero a los linajes y después a las naciones, en Japón se los creó para diferenciar familias, primero, y sogunatos después.

Arquero yabusame: el emblema ocupa todo el hombro
Se llaman kamon y la creación gráfica es muy diferente, en cuanto que se basa en diseños que buscan ser lo más simples posibles; vale decir que el japonés por naturaleza lleva los temas a una complejidad tal que termina por lograr lo más simple, lo más esencial.
El kamon forma parte de la necesidad, nacida de la naturaleza humana, de diferenciarse, de informar a todo el que quiera saberlo que una persona pertenece a esta familia y no a estotra, señalar que alguien o algo forma parte de una tradición, tiene una historia que abraza, se identifica con la identidad y la proclama.
La diferenciación también determina una forma de pensar. Cuando una familia adoptó un símbolo que lo represente también decidió que quería que su nombre se relacionara con el concepto que simboliza ese objeto. Es decir, la flor de bambú significa docilidad y larga vida; idealmente, los miembros de una familia con ese kamon serán personas longevas y además buenas gentes.
El emblema bordado en el kimonio
La mayoría de los símbolos se han recogido de la vida natural. No hay que olvidar que los japoneses tienen una unión especial con la naturaleza, buena parte de las deidades de la religión sintoísta son elementos naturales.
No hay unas normas rígidas para diseñar un emblema. La mayor parte son circunferencias que contienen alguna forma. Lo de la circunferencia debe tener relación con el sol. Luego, en el interior se estiliza diseños de plantas, animales, el ser humano, formas geométricas, símbolos religioso o ideogramas. 
Con el tiempo las personas de a pie, los gremios, las empresas, todos encargaron la elaboración de una señal que los distinguiera (se diferencia de alguna manera de una marca porque la identificación no tiene una intención comercial, como sí lo tiene la marca).
De igual manera, la lectura y la escritura eran privilegios de la clase dominante, de manera que la identificación gráfica facilitaba la vida diaria. En los templos, por ejemplo, o en algunas casas aún hoy persisten en los tejados unos terminados en cuyo extremo está el emblema de una familia que ha tenido una relación importante con esa edificación.
La casa imperial japonesa se identifica con la flor del crisantemo de 16 pétalos y ese es el símbolo que está reconocido en el Japón como el que más respeto les merece. Todo aquello que tenga que ver con el emperador (que para los nipones desciende directamente de sus dioses) está marcado con la flor del crisantemo y ese número exacto de pétalos.
El emblema de la Casa Imperial en el templo de Yasukuni
El mayor de los emblemas del país, su bandera, sigue la línea minimalista pero altamente simbólica de esos tradicionales diseños. El fondo blanco y un círculo rojo en el medio, de eso se compone. No necesita más.
La deidad principal del cielo sintoísta es Amaterasu, que es la diosa del sol, quien fundó el país. Vamos un poco más allá, Japón, en japonés, es una palabra que se divide en dos ideogramas: 日本. El primero, 日, que es una manera de llamar al sol; y, 本, que significa, entre otros, origen: el sol del origen (de ahí el apelativo de "el país del sol naciente").
Se estima que en todo el país existen algo más de 20.000 kamon. Uno de los emporios más reconocidos internacionalmente es Mitsubishi, cuyo logotipo es un kamon y está formado por dos conceptos, que marcaron el origen de dos dibujos finalmente fusionados: mitsu, que significa tres; hishi, que significa diamantes. Fue tomado del emblema de la familia del sogún Tosa Yamauchi



En un inicio, hace mil doscientos años, los signos se usaban para marcar las carrozas de los nobles, que todos se enteren que un señor de renombre andaba en su medio de transporte y que a nadie se le pasara por alto rendirle los honores y las pleitesías.

Pero con esa señal se fueron marcando objetos y luego identificando a los samurai que estaban al servicio del sogún, de manera que se reconociera rápidamente a aliados de enemigos. Al final, se convirtió en una heráldica que hasta hoy identifica a familias tradicionales.
El uso de elementos gráficos para señalar la identidad de una persona ha continuado hasta ahora. El japonés no tiene la costumbre de firmar con el estilo occidental, con esos rayonazos rococó que encierran a un nombre escrito a toda velocidad.
En los documentos en los que se debe firmar generalmente no existe una raya, no hay aquello de "firme encima de la línea", el espacio es un círculo.
Lo que usan los ciudadanos en vez de la firma son una especie de sellos, llamados hanko. De acuerdo al uso, cada persona tiene diferentes hanko. Uno es el oficial, que debe registrarlo ante las autoridades; es igual a la firma que se legaliza en el documento de identidad. Sirve para actos importantes como la compra de algo de alto valor, el matrimonio o una declaración juramentada.
Hanko
Hay otro que se usa para las gestiones cotidianas en el banco, para la recepción de paquetes del correo o para marcar como leído un documento; ese no es registrado. Puede
haber otros para enviar cartas a los amigos o para fines menos formales.

Cuando deben firmar con esfero nada más escriben su nombre utilizando kanji (ideogramas) y evitan cualquier otro trazo. Pero lo común será que saquen una cajita muy mona que contiene, por un lado, una madera en forma cilíndrica en uno de cuyos extremos está tallada la señal de la persona; en la caja también está un recipiente con la tinta. Eso es suficiente. Un ser humano es un dibujo y no unas letras.
El kamon y el hanko son ejemplos de una estética puramente japonesa, que ha tenido la influencia zen en cuanto a hacerlo todo lo más simple posible, decir mucho con pocas palabras, expresar una identidad con solamente un par de trazos.

Les veo pronto.