Portada

lunes, 22 de abril de 2013

Yabusame: un silbido a los dioses

Este es un día especial, no hemos encontrado para platicar y pienso robarme un rato su atención. Enseguida les cuento.

Ya. Debo decir, en primer lugar, que ya está en bastardilla porque está escritaen japonés, es la palabra que significa "flecha" (矢). Está asociada a un sonido, de manera por la particular manera de construirlas, cuando salen disparadas del arco rumbo al blanco silban, silban para pedir bendiciones a los dioses. En ese silbido está encerrado el espíritu del yabusame.

Kamakura es una ciudad pequeña que hace mil años (meses más, meses menos) fue capital del Japón, ha mantenido la majestuosidad de las construcciones, pero retiene con porfía un aire a pueblo relajado que se aduerme entre el cielo y el mar (aquí están los detalles).
Allí está establecida la escuela Takeda de yabusame, cuya definición es difícil de rumiar porque quien lo mira desde lejos puede decir que es un deporte, pero si se acerca con un poco de curiosidad verá que más bien es rito que, como tal, tiene propósitos religiosos. O podría decir que es un rito que depende de un acción corporal, de un arte marcial. Se define arquería ecuestre, un tipo de tiro con arco que se realiza mientras el caballo galopa. Esas son las formas, el fondo es agradar a los dioses.
Los jinetes recorren al galope un corredor y deben acertar a tres blancos consecutivos para obtener las bendiciones. Antes y después existe otros ritos de iniciación y luego de reconocimiento de los mejores de la jornada, pero el objetivo es religioso, espiritual, actividad mística.
El yabusame comenzó a practicarse en el siglo XII y se ha mantenido inalterable. Se desarrolló como una técnica militar que debían usar los samurai, guerreros que defendían los sogunatos (una organización social similar a los feudos europeos).
Pero, en el XII se convirtió en un rito que ahora se repite casi sin variaciones en Kamakura y en otros lugares. El sogún Minamoto no Yorimoto organizó este arte como una práctica tanto con fines militares como religiosos. Yorimoto esperaba que este rito aumentara la fuerza mental de los guerreros y su devoción religiosa dentro de los preceptos del sintoísmo.
Jimmu, el primer Emperador del Japón
El arco y la flecha, el arma y la munición, han sido parte de la historia y de la mitología de Japón. Jimmu, el primer emperador, aparecía en público portándolas. Su uso estaba reservado a los soldados de a pie hasta que sucedió en Kamakura lo que queda dicho.
Pasó, entonces, a manos de los soldados de élite, los samurai. Es un ejercicio complejo, pero efectivo: cabalgar al galope, conducir el caballo con los tobillos y talones, estar casi parado sobre los estribos, aplacar el movimiento del caballo con las rodillas, mantener el eje de la cintura sensible y en plena carrera disparar flechas que acierten a una rendija que queda entre la armadura y el casco del samurai enemigo demanda una habilidad especial.
Nunca prosperó como técnica militar y cada vez más se hizo una práctica religiosa, un ritual que siempre estuvo ligado a los templos sintoístas: para los arqueros era imprescindible contar con las enseñanzas de la buena respiración y otras habilidades que dominan los monjes zen y que se consiguen gracias a sus enseñanzas.
El jinete, el caballo y el arma, la trilogía mística.
Tsurugakoa Hachimangu es uno de los más importantes santuarios del sintoísmo, tiene tres enormes tori (puertas) que son únicas. Y tiene, sobre todo, una callejuela de tierra que lo atraviesa y que se mantiene así porque allí hay yabusame cuando menos una vez al año.
La vía tiene la distancia reglamentaria, 255 metros. Cada 70 metros debe tener un blanco de roble de unos 8 centímetros de grosor y 45 centímetros por cada lado. Está soportado sobre una viga de bambú y detrás de sí tiene una lona como telón, pared de choque de las flechas que yerran el blanco.
Cuando todo está dispuesto, el primer jinete realiza un rápido rito con un abanico, lo lanza al aire, hinca los talones en los ijares del caballo que sale disparado. Suelta las riendas, tensa la cuerda del arco y dejar ir la flecha que sale disparada y silba, silba para pedir bendiciones a los dioses.
La flecha ha salido con rumbo al blanco, enseguida se debe preparar la siguiente.
La flecha tiene, en la punta, un bulto parecido a un nabo. Al otro extremo tienen plumas de águila o de halcón. Los materiales para los arcos son diversos, pero llama la atención que son asimétricos, se los toma del tercio inferior, de manera que el extremo de abajo no tope con el caballo y le reste movimiento; es un arma de hasta 245 centímetros de largo. Antes de lanzar las flechas, los jinetes gritan "in, yo, in, yo", que significa "claro, oscuro, claro, oscuro".
Apenas ha salido la primera flecha, el arquero toma de su cintura la segunda, la ensarta en la cuerda. Concentra sus pies para controlar la dirección de la carrera del caballo y su mente en los movimientos para hacer el siguiente lanzamiento. Segundos antes levanta los brazos con el equipo, lo baja suavemente hasta que las plumas rozan la oreja derecha y suelta el rayo, que se va a estrellar contra el blanco. Toda la carrera, todo el rito, dura veinte segundos, el alma se va en cada galope.
En temporadas determinadas se lleva a cabo el yabusame. Este no es un torneo, no es una competencia deportiva. El arquero no es un soldado. Es una persona que ha logrado un alto desarrollo espiritual a través del perfeccionamiento físico, cuando lanza una flecha en realidad está rezando a sus dioses, está tratando de agradarles.
Detalle del traje del yabusame.
El gobierno del Japón, en vista lo importante que es para la cultura local, ha declarado que no es un deporte y ha prohibido que se cobre por la enseñanza; la difusión, entrenamiento, mantenimiento y todo lo relacionado al yabusame depende del gabinete del Primer Ministro (una instancia muy parecida a la Presidencia de la República).
La enseñanza para los extranjeros es restringida. Se necesita de años de entrenamiento para lograr acertar los tres blancos, una habilidad de la que pueden hacer gala no más de 30 japoneses.
El maestro es el responsable del desempeño de sus alumnos. Por ello, es muy severa la selección de los aspirantes y muy riguroso el entrenamiento, los grandes maestros deben proteger su prestigio a través del buen desempeño de sus alumnos.
El yabusame es considerado como una expresión cultural muy, muy japonesa y de muy alto valor identitario, por eso se la cuida.
Encontré por allí un video interesante que lo puedes reproducir aquí. Hay que verlo y, mejor aún, hay que sentirlo. Si los asistentes colaboran será posible endulzarse con el silbido que hace el ya y que va directo al cielo, a los oídos a los dioses.

Nos vemos muy pronto. 

jueves, 18 de abril de 2013

Ejecutivos con delantal

Saludos a todos:

Era una feria de domingo como muchas otras que suceden, con mucho ruido, en Koshigaya Laketown (el más grande complejo de tiendas de Japón) El invitado central: el banano (y de refilón el plátano verde para ver si se convence a los japoneses que el patacón es una de las siete maravillas del mundo). Los organizadores: Maruetsu, una cadena con más de 250 supermercados, y la Oficina Comercial del Ecuador en Japón.
La fotografía es clara. Este hombre que tiene puesto un delantal, Hosokawa-san, en ese momento estaba vendiendo bananos. A las siete en punto de la mañana estuvo dispuesto para montar la feria, no paró de trabajar ni un instante. Al final de la jornada, se esforzó como todo el resto hasta que el piso quedó brillando y todo estuvo en su lugar.
Hosokawa-san, alto directivo de Maruetsu
Este hombre, en ese momento (luego fue ascendido), era el que decidía qué importa Maruetsu en cuanto a alimentos frescos. Como se sabe, sobre el 70% de los alimentos que se consumen en Japón son importados, porque tiene muy poco espacio para sembrar y mucha población que alimentar. Gerente de una división de una empresa de un tamaño que es inimaginable en mi país.
En mi país, los gerentes, los domingo, van con su familia al club a jugar golf, salen de paseo o llevan a sus padres a almorzar fuera. Ningún día de la semana se ponen un delantal, nunca cargan una caja ni vocean las virtudes de su producto.
¿Quieren saber ustedes por qué Japón es la tercera economía del mundo y Ecuador está por el puesto número cien? Entre otras cosas por esto, por la dedicación al trabajo. En mi país buena parte de los gerentes fueron puestos allí porque son familiares del fundador, en Japón llegan a ese cargo después de quemar muchas cejas (también hay de lo otro, pero  menos).
Hace poco estaba leyendo "Japón y la cultura de la quietud", de Karlfried Graf Dürckheim, un alemán que vivió por mucho tiempo en este país, y esbozaba algunas características de la idiosincrasia nipona que puede explicar esta realidad.
Según los estudios del teutón, la religiosidad (los rituales religiosos en definitiva) se vive a través de acciones o de tareas que sean fáciles y repetibles. Debido a su naturaleza, cualquier trabajo que deban hacer adquiere este matiz religioso. Ese es un camino a la perfección espiritual de manera que tratan de hacer cada vez mejor la tarea que sea: barrer, limpiar baños, atender a los clientes, decidir las inversiones de una corporación transnacional.
Las acciones más "complicadas" -esto ya es parte de mi manera de ver las cosas- entran en el mismo saco, el de volverlas un acto sencillo, repetitivo, que se puede perfeccionar. Además, una tarea no es más importante que las otras.
Por eso, el gerente de compras, que debe manejar solito un presupuesto superior a los diez millones de dólares, se pone el delantal el domingo y vende bananos mientras pregona sus virtudes.
Pero además de ese sentido individual de responsabilidad está el cumplimiento de objetivos. Una noticia reciente informa que el presidente de Panasonic ganará un 60 % menos de su salario porque no alcanzó las metas previstas. A los altos ejecutivos de la empresa les han reducido el sueldo entre el 30 % y el 40 % y la medida podría también involucrar a los empleados.
Pero nótese la forma de la pirámide, quien primero sufre es la persona que tiene la responsabilidad global pero también el sueldo más alto, al contrario de lo que suele suceder en mi país donde se castiga a los trabajadores y al precio del producto final (es decir, a los consumidores), pero jamás ni un centavo de los directivos.
Yo sé que en mí país no todos son malos y que en el Japón no todos son buenos, pero creo que nos haría bien aprender esta actitud de humildad empresarial, comenzar a valorar menos la forma y más el fondo, menos el continente y más el contenido.
Buena parte de los ejecutivos que trabajan en Tokio llegan a sus oficinas en bicicleta y la estacionan al lado de la de cualquier empleado. No creo que este país sea la tercera economía del mundo porque tiene muchas bicicletas sino porque tiene ejecutivos dispuestos a usarlas.

Les veré pronto

viernes, 5 de abril de 2013

Eduardo Mendoza: "Soy más bien tímido, solitario y silencioso"

Buenas con todos. Estas son buenas noticias:

El Instituto Cervantes de Tokio invitó a Eduardo Mendoza a experimentar el regreso: volver a un país que le había fascinado hace más de treinta años para que ponga a prueba la permanencia de la fascinación.
La sede de Rokubancho fue el centro la atención de las expresiones de uno de los más importantes escritores de España. Ha publicado dieciocho novelas y ha recogido once premios, cuatro películas fueron llevadas al cine. "La ciudad de los prodigios" es su obra cumbre.
Llamingo-san pudo conversar con el escritor y asistir a una de sus conferencias. La que sigue es la transcripción textual de la entrevista concedida el día 4 de abril. 

Eduardo Mendoza, durante la entrevista en el Instituto Cervantes de Tokio. Foto de Álvaro Samaniego

Eduardo Mendoza: Yo estuve en Japón la primera vez hace 34 años y era un Japón completamente distinto, pero al mismo tiempo invariable, como es Japón. Estuve bastante tiempo. En aquel momento Japón era un país desconocido para los occidentales, nadie había probado la cocina japonesa, no sabían lo que era sushi, sashimi, la idea de comer pescado crudo parecía una cosa bárbara y yo llegué a este país donde todo era nuevo y era exótico. Me quedé muy impresionado y estudié mucho y luego las cosas pasan.
Sobre todo Tokio, tan deslumbrante, no lo había visto.
 

Llamingo-san: Jorge Luis Borges escribió que se había sentido un bárbaro en el Japón, que era un país de una complejidad que no alcanzaba a entender (el artículo sobre Borges en Japón se puede consultar aquí). 
Eduardo Mendoza: Lo que me fascinó del Japón, aparte de sus costumbres, del arte, es que pone en cuestión todo lo que uno considera natural, uno cree que no hay más forma de organización social que la que conoce, que puede ir bien o puede ir mal, pero es la única que hay. Y los japoneses lo ponen todo patas arriba, funcionan de otra manera, se mueven con otros parámetros y eso para una persona curiosa de su historia, todos estos contrastes, este enorme misterio entre este Japón tan correcto, tan suave, tan estricto y saber que es capaz de una violencia tan extrema, todo eso le deja a uno muy desconcertado. Cosa que no ocurre, yo creo, en ninguna otra cultura, por más diferente que sea. He estado en África, en tribus y al cabo de cinco minutos uno ve que puede entenderse para siempre, porque son exactamente iguales, tienen los mismos problemas, hablan de lo mismo, se pelean con su mujer, les gusta el fútbol, son colegas puestos en otros sitios y en otro vestido y los japoneses no, los japoneses son los únicos que presentan una imagen opaca y eso es un desafío.

Llamingo-san: En la portada de su último libro está la figura del maneki neko, el gato de la fortuna asiático. ¿Tiene alguna relación con lo que me está contando? 
Foto: Paulina Jiménez

Eduardo Mendoza: En este último libro hay una presencia muy fuerte del comercio chino, que está invadiendo España. Por una parte está el bazar donde venden de todo, a unos precios extraordinariamente bajos; por otra parte, uno va a cualquier sitio y descubre que en una taberna irlandesa todos son chinos y un restaurante gallego son chinos y a eso hace referencia.



Llamingo-san: He leído que no le gustaban las entrevistas. ¿Sigue sin gustarle?
Eduardo Mendoza: Soy más bien tímido, solitario y silencioso y las tres cosas no son adecuadas para el entusiasmo de las entrevistas. Me parecen no es un elemento ajeno impuesto desde fuera a mi trabajo, sino parte de mi trabajo. Un libro no es escribir unas páginas sino muchas cosas más.

Llamingo-san: Parecería ser que Arturo Pérez Reverte encontró el mecanismo perfecto para las personas que prefieren estar solas, que es hablar, hacer literatura y de alguna manera dar opiniones a través de Twitter, de las redes sociales. 
Eduardo Mendoza: Yo creo que Arturo pertenece a otra generación, no he entrado nunca, no distingo Face Book de Twitter, no tengo una página. Utilizo el iPhone, el iPad, todas las aplicaciones, pero en cambio no he entrado nunca en las redes sociales. Tengo un rechazo porque precisamente me parece que es convertirse en algo público, quizás uno se ahorra la presencia física pero a mí me gustaría el anonimato. Lo que me molesta no es estar con una persona, es contarlo.

Llamingo-san: En su obra literaria se distingue mucho el humor, de hecho usted ha dicho que el humor es el hijo travieso de la familia de la literatura. Me intriga saber si cuando escribe se ríe.
Eduardo Mendoza: Cuando escribo no, cuando se me ocurren las ideas sí. A veces voy pensando qué podría pasar ahora o se me ocurre un disparate muy grande o una frase que no tiene ningún sentido y eso sí me hace reír. Luego a la hora de trasladarlo a la escritura ahí me río muy poco porque el humor requiere un mecanismo muy exacto. No se puede quedar corto porque no se entiende ni pasarse porque se pierde el humor. Hay que calcular muy bien el ritmo, el silencio, y ahí no me río.

Llamingo-san: Es cuando la diversión no es divertida. 
Eduardo Mendoza: Esa es la parte de pintar o esculpir. Pero sí me río cuando se me ocurren las ideas.

Llamingo-san:¿Corre mucha sangre cuando corrige sus obras, es muy severo? 
Eduardo Mendoza: Hay verdaderas masacres. He escrito novelas que generalmente se me van de las manos y cuando las termino tienen mil doscientas páginas y de eso han de quedar doscientos cincuenta y ahí sí que no tengo piedad, pongo la guillotina y van pasando una a una. Y las de humor mucho más, porque yo creo que es mejor suprimir algo valioso que permitir que algo que no tenga valor se quede, no tengo ningún reparo. Pienso que ya lo utilizaré otra vez, luego no lo utilizo, este es un mecanismo de consolación. Pero soy despiadado, sí.
Edición japonesa de "La ciudad de los prodigios"
Llamingo-san: Dieciocho novelas, once premios, según mi registro. ¿Este peso le cambia la manera de escribir? 
Eduardo Mendoza: El ir escribiendo cambia la manera de escribir, no es lo mismo la primera novela que la segunda, ahí es donde se produce el gran conflicto, luego viene la tercera. Luego continuamente el hecho de haber escrito una cosa condiciona, salvo que uno esté dispuesto a repetirse al infinitum, que no me parece un mal sistema y los grandes clásicos es lo que hacían. Hay que procurar ser original cada vez, cada libro forzosamente condiciona el siguiente. Y luego está, no tanto los premios como el hecho de tener un público más o menos fiel, que más o menos voy conociendo porque he tenido mucho contacto, que puedo calcular en número y que es bastante numeroso afortunadamente, eso no me cambia la escritura pero sí cambia mi actitud, yo sé que estoy hablando a... Claro, no es lo mismo hablar en privado, que hablar en un teatro que hablar en un estadio de fútbol y eso inevitablemente cambia la actitud. 

Llamingo-san:¿Cree que habrá más de la saga del detective sin nombre y la pregunta que debe ser más frecuente es si le va a poner nombre al detective? 
Eduardo Mendoza: Lo segundo lo contesto muy rápidamente: nunca. Lo primero también lo contesto rápidamente: no lo sé. Nunca he previsto una zaga, del primero al segundo sí lo hice de una manera consciente, quise ver si podía comenzar un detective de serie. El segundo me sirvió para ver que no me interesaba escribir una serie con detective a la manera normal, este personaje que siempre hace lo mismo, eso no me interesaba. Entonces pasaron catorce años hasta que volví a resucitar al personaje, porque me sirve para hacer un apunte rápido del presente. Luego pasaron cinco años más y ha vuelto salir ahora. No creo que vuelva a salir en breve porque no quiero abusar de una cosa cuyo efecto solo funciona poco y de vez en cuando, como algunos platos de cocina que solo son buenos si se toman una vez al año pero si se tomaran cada semana uno los aborrecería. 

Llamingo-san: ¿Le ha sentido mejor a Barcelona? He leído que le sentía una ciudad un poco triste, un poco caída.
 Eduardo Mendoza: Ahora lo está, sí. Es contradictorio, desde fuera parece una ciudad abierta, alegre, divertida, porque realmente se ha convertido de una ciudad industrial, incluso de servicios, a una ciudad de ocio, de ocio cultural, de playa, gastronomía, tiendas, y parece una ciudad alegre. Pero yo creo que quienes vivimos en Barcelona estamos pasando por una etapa de desencanto y de incerteza. Eso es común a la mayoría de las ciudades del mundo occidental, que se encuentra ante una decadencia como si hubieran agotado todo el proyecto, pero eso puede ser que se solucione el año que viene, no se sabe nunca cuando vendrá un renacimiento o una revolución. De momento, sí, estamos pasando por una etapa de convalecencia.

Esa fue la entrevista. En algún momento intentaré compartir con ustedes algunos pensamientos expresados durante la conferencia posterior.

Les veo pronto.

miércoles, 3 de abril de 2013

Corea del Norte y el circo de occidente

Hola a todos, es un gusto comunicarnos.

Probablemente el título sea errado y debería decir "Corea del Norte y el circo de Obama". Al final evaluaremos lo del principio.
Desde Quito varias personas, incluida mi hija de ocho años, me han hecho saber su preocupación por la tensión militar de la península de Corea. "Papi, ¿Corea está muy lejos de Japón?", me ha preguntado. Y le he dicho que sí, que hay un mar que los separa y unas dos horas de vuelo en avión, pero que no se preocupe por lo que haya oído.
Pero, en comunicaciones oficiales en el Asia ya se habla de "la guerra de las Coreas".
Este conflicto ha llegado a oídos de mi hija debido a un elemento que se destaca: la guerra del verbo; con dos estilos diferentes. Es decir, por ahora se trata de la amplificación de las amenazas que se hacen dos enemigos, de los gritos destemplados por demostrar quién es más valiente.
El antecedente que sigue es importante: Corea había una sola hasta que llegó la época en la que los imperios decidieron dividirse el mundo en partes igual: Estados Unidos se quedó con los territorios que están desde el paralelo 38° hacia el sur y la Unión Soviética con la zona norte, todo esto luego de liberar a Corea del colonialismo japonés.
En 1953 el conflicto mal se arregló cuando se firmó un acuerdo de cese al fuego. Pero los dos países, dependientes absolutos de dos potencias, no avanzaron en un acuerdo de paz y menos en uno de unificación. La URSS y EE.UU. sostuvieron por medio siglo un mundo dividido para defender sus intereses y trabajar por una sola Corea, como ha sido históricamente, no está en los planes de los imperios.
Pero bien, con el tiempo, Corea del Norte siempre que pudo le gritó tres cosas a Estados Unidos, en épocas más modernas con la valentía que le ha nacido gracias al padrinazgo de China, el mayor y casi exclusivo socio comercial.
Para EE.UU. es estratégico, en geopolítica, tener buenos amigos en el Asia, que significa mantener socios comerciales y sostener bases militares. La lista de "amigos" es Japón (a la fuerza, víctima del único ataque nuclear de la historia); además, vencer a Japón en la II Guerra Mundial significó, como premio adicional, llevarse Corea del Sur.
Desde entonces, la dinámica ha sido más o menos parecida: forcejeos verbales entre las dos coreas y de tiempo en tiempo insultos que han rebotado hacia a Estados Unidos (siempre es incómodo saber que, solamente en tropas, Obama tiene más de 100.000 regados entre Japón, Corea del Sur y Guam).
En esta vez hay algunos hechos que se han sumado: Corea del Norte logró enviar un cohete al espacio (en el segundo intento), luego hizo una prueba nuclear. Casi inmediatamente, Estados Unidos y Corea del Sur realizaron maniobras militares, aviones estadounidenses violaron el espacio aéreo de Corea del Norte, la cual realizó maniobras militares navales y sus barcos rozaron el espacio marítimo de Corea del Sur.
Unas demostraciones de fuerza por aquí y por allá seguramente no harán la diferencia a lo que ha sucedido en el pasado y tampoco modificará ciertas paradojas: Estados Unidos sigue enviando alimentos a Corea del Norte dentro de un programa internacional de asistencia, Japón mantiene todavía diálogos comerciales con Corea del Norte, China y Rusia piden calma a todo el mundo.
Pero la información que llega a occidente es diferente. Allá llegan las imágenes de un presidente de Corea adolescente, inexperimentado e impredecible. A pesar de que no necesariamente es todo eso, para los países que están fuera del Asia esa imagen es una materia primera mediática muy importante y abundantísima.
Hay un antihéroe con un cerebro retorcido y malévolo que tiene el dedo sobre el detonador de un dispositivo nuclear con el que destruirá todo el planeta y gobernará sobre las cenizas. Y hay un ángel vengador que se pasea por el mundo en sus portaviones y sus aviones para proteger el bien. Listo: el resto es cocinar a fuego lento e ir sirviendo porciones de a poco.
Es muy difícil para mí explicarle a mi hija Sara, de ocho años de edad, esta realidad, porque de alguna manera tengo que tratar de explicar la naturaleza humana. En estos ejemplos, la naturaleza humana apesta. Y enseguida tendré que salir corriendo para encontrar ejemplos más perfumados que logren imponer el equilibrio.

Les veo pronto.