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viernes, 7 de junio de 2013

El paisaje convertido en bonsai

Siempre es un gusto estar con ustedes:

Pasearse por el parque. Está en la cultura occidental que pasearse por un parque sin que le paguen por eso es una falta grave en el uso utilitario del tiempo. Un sendero y los árboles son útiles como escenario para trotar y preparar el cuerpo para dar un uso utilitario al tiempo. El resto va a la columna de pérdidas.
Pero, en el Asia, sobre todo en los países que han tenido alguna influencia del budismo, la quietud es parte de lo cotidiano: el tiempo es oro en la medida en que se puede usar de acuerdo a sus necesidades, que no necesariamente son monetarias. Eso hacen, miran un paisaje sin más intención que mirarlo.
Casa de té en Hama Rikyu, en el medio de Tokyo
Desde hace dos mil años se construye jardines y parques con apego a una estructura conceptual. Es decir, no se amontonan las plantas porque son del mismo color y porque se ajustan a una lógica geométrica, simétrica; hay otras reflexiones que se parecen mucho a los retortijones de las ramas de los matsu: los trazos de la caligrafía de los dioses.
Entre los conocimientos que toman en cuenta los japoneses cuando diseñan un jardín hay uno fundamental: debe ser una composición escénica que reproduzca con la mayor fidelidad el "orden" de la naturaleza.
Los diseñadores tienen en cuenta tres ejes clave: es una reproducción de la naturaleza en una escala reducida; cada elemento tiene una simbología clara; y, se construyen escenas que existen en la realidad, las que llaman "vistas prestadas".
Ahora, en el título de esta nota se usa la palabra bonsai. Es una de las tantas palabras importadas de la China y japonizadas, su traducción literal es "naturaleza en bandeja" (en el chino es "cultivo en bandeja").
Trabajadores podan los matsu (pinos) en Hama Rikyu
Tiene altos niveles de complejidad debido a que los elementos tienen significados y, al final, la suma de flores, piedras y cascadas será una narración, la adición coherente de símbolos con el objetivo de contar una historia que no tiene desenlace.
Van unos ejemplos, la arena blanca simboliza la presencia del mar y las rocas de islas, lo cual es el reconocimiento de que el país es un archipiélago. Por otro lado, las rocas y una manera específica de juntarlas significa que es un lugar habitado por los dioses.
La religión japonesa, el sintoísmo, tiene una conexión fortísima con la naturaleza y es lógico que un árbol puesto aquí y una flor colocada allá tengan una motivación mística, es una parte de los rituales cotidianos. El mundo físico está plagado de deidades, de manera que aquella montaña que se ve desde la carretera en cualquier viaje es sagrada. Los jardines y parques recogen también esa divinidad; pero del tamaño de un bonsai.
El jardin zen de Ginkakuji
Generalmente, los jardines se dividen en dos tipos: los que tienen colinas y estanque (como el de Hama Rikyu, metido en el corazón del barrio de Shiodome, en Tokyo) o los planos, donde no hay ni colinas ni estanques, como el que está junto al santuario de Ginkakuji, uno de las decenas de patrimonios de Kyoto.
En el primer caso, el jardín sirve para pasear, para ir a través de él. En el de Suizenji (construido en el siglo 17), en Kumamoto, permite cruzarse por un templo, luego por un escenario para representar el Noh, más allá una casa de té e inclusive hay espacio suficiente para los monumentos de los sogunes que construyeron el jardín.
En el segundo caso, sirven para verlos. El del Ryoanji es un jardín zen de arena blanca perfectamente peinada que tiene quince piedras reunidas en varios grupos. Fue construido para mirarlo desde el santuario al que está pegado, para meditar con los ojos clavados en semejante simpleza.
Es un rectángulo sobre el que se disponen unas islas de rocas. Solamente desde un punto se puede mirar todas y para los turistas es un juego tradicional encontrar este balcón escondido desde donde se puede mirar y contar todas las piedra.
La diferencia básica con los diseños occidentales es que los japoneses no tienen grandes extensiones cubiertas con césped para que los transeúntes se recuesten, coman sus viandas, beban vino y se recompongan con una siesta apacible, acompañados por zumbidos y trinos.
Ryoanji, el jardín de piedras
Se lo puede hacer también en los japoneses, pero habrá una banca o una glorieta, a lo mejor sitios no tan extensos para tender un mantel. Se servirán el obento, beberán sake y en vez de recomponerse con una siesta se descompondrán totalmente con más sake.
Mantener los jardines tradicionales ha sido muy importante. Tokyo, esta enorme, monstruosa y amable megápolis se da el lujo de tener espacios perfectamente sitiados por edificios dentro los que se se halla solaz.
Los brazos de los matsu (pinos) y sus dedos alargados son los primeros en marcar el desorden, en alentar la asimetría. Es difícil aburrirse, desde cada sitio se mira "vistas prestadas" diferentes y reconfortantes. Nunca un jardín japonés dejará de sorprender.

Vengan cuando quieran, podemos dar una vuelta por algunos.


jueves, 6 de junio de 2013

Cuánto vale la sensación de seguridad

Muy buenas, un placer inmeso.

Pues sí, cuando el político de Alianza País Fernando Bustamante dijo que el tema de la delincuencia tiene un ingrediente de percepción dijo lo que es. Claro que enseguida se le dio la vuelta al tema y le hicieron el respectivo carga montón mediático, pero ahora que vivo en un país en el que la delincuencia no es un problema suena muy sensato aquello de la percepción.
Pero hay que entender bien las cosas (y espero que no se tome este artículo de manera parcial, sino que se entienda la idea). Desde mi punto de vista, la percepción significa cuánto miedo ha logrado meter en la ciudadanía la delincuencia.
Hay lugares que pueden tener un nada de actos violentos y sin embargo sus ciudadanos pueden sentirse aterrados. O puede pasar lo contrario, un país con una delincuencia inmanejable que, sin embargo, aparezca como un lugar seguro.
Puede haber sitios donde los medios de comunicación informen con desproporción sobre actos delictivos o países donde sus gobiernos no reporten todo acerca de la delincuencia. En los dos casos la población tendrá más o menos miedo.
Creo que depende mucho de eso porque los medios de comunicación generan sensaciones. Una noticia puede decir: "Un ciudadano con atecedentes penales murió por disparos de bala de dos hombres que viajaba en una motocicleta. Comenzaron las investigaciones pero las primeras pistas se dirigen hacia un ajuste de cuentas". Esa es una manera de decir las cosas.
La segunda: "El país colapsa ante el sicariato. Pistoleros que viajaban en moto acribillaron a un ciudadano en plena vía pública y a la luz del día, en un evento que se suma a los innumerables casos de sicariato que asolan a la nación".
Evidentemente, en el segundo caso se genera mucho más miedo que en el primero. El número de crímenes que se cometieron en ese país será el mismo, pero la población tendrá más o menos miedo, de acuerdo a cómo se le informe.
Unos datos. En Estados Unidos, en 2012, hubo 5'800.000 delitos violentos. Quiere decir que hubo 11 dellitos violentos por cada minuto. Podría apostar que la mayoría de ecuatorianos asegurarán que el estadounidense es un país más seguro que el Ecuador. Y, para el ciudadano de Estados Unidos también, porque en su país no existe delincuencia, sino terrorismo, que es la manera cómo el Estados se ha lavado las manos en su responsabilidad por los problemas internos y le ha tirado la pelotita a los malos que habitan otros países (que hay que invadir).
Los estadounidenses se sienten asustados por los terroristas, pero si se suma y se resta, estos "enemigos de la libertad" han causado un número infinitamente menor de muertes que la delincuencia casera y muchos menos que las acciones extraterritoriales de la Casa Blanca.
Entonces, si se entrevista a un estadounidense acerca de si siente miedo por la delincuencia seguramente la respuesta será que no, pero que sí siente miedo por el terrorismo.
Pero, en el Ecuador no hay terrorismo, los malos de la película se llaman delincuentes y punto, aunque a veces tome el pomposo nombre de "sicariato" aquello que en realidad es un asesinato. Además, medios de comunicación que en sus noticieros se sacan la piel por el exceso de delincuencia transmiten programas en los que se hace una apología romántico-viril-aspiracional de la tal delincuencia.
Hora de mirar a otras direcciones. En 2012 la delincuencia en Japón cayó a su nivel más bajo de los últimos 32 años. Hay más, desde 2002 todos los años ha disminuído y su mayor problema es el intento de robo de efectivo de las máquinas expendedoras de bebidas.
Los delitos violentos en Estados Unidos son cinco veces más que todos los delitos cometidos en Japón. Sí, uno se olvida de aquella molestosa cotidianidad de tener que mirar para atrás y para los lados cuando camina por la calle.
Los japoneses entendieron bien las causas y las enfrentaron. La primera causa es económica, la pobreza. El país no tiene pobres, tiene una enorme clase media con un alto poder adquisitivo y no necesita apropiarse de nada ajeno porque tiene la capacidad de adquirirlo.
Segundo: cultura. Esta sociedad se ha formado en un ambiente de respeto por lo demás, de solidaridad, de cooperación, todos son parte de un enorme sistema que necesita de cada uno para funcionar. Hacer algo que no sea justo atenta contra ese esfuerzo cooperativo.
Bajar la delincuencia provoca otros beneficios, además de la invalorable sensación de seguridad: muchas de las cosas que suceden en este país no podrían pasar si hubiera delincuencia. Sería interesante establecer el valor de cuánto se ahorra (es decir, cuánto se puede invertir en otras cosas) por la seturdad nacional.
Para poner un ejemplo sencillo, los encargados de movilizar valores muchas veces llevan solamente un revólver, llevan cajas llenas de dinero por la mitad de la calle en un carrito que empujan con sus manos y no utilizan un vehículo blindado. Como gran cosa van dos. Todo el mundo sabe que las cajas están llenas de dinero, a nadie se le ocurre apropiarse e ellas.
Japón está en el lugar número seis de los países con menor índice de asesinatos
Pero hay gente que dice sentirse insegura. Si en esta tierra de paz hay un asesinato en  el parque Shiba seguramente los habitantes de los alrededores dirán que se sienten inseguros, quizás tanto como los de las cercanías del parque de la Carolina en Quito, donde se habrán cometido decenas de actos delincuenciales o los vecinos de Central Park en Nueva York alrededor del cual se habrán cometido centenas de hechos violentos.
Cómo es lógico, para quien es víctima de la delincuencia la suya es la peor situación posible. Pero, el miedo provoca una actitud de victimización. Es decir, no es comparable la situación de una mujer mexicana cuyo marido y dos hijos fueron asesinados por los carteles de la droga con la mujer a quien se le extrajo su teléfono celuar de un autobús en Colombia.
Existe, como conclusión, delitos efectivos que se cometen y cuyo conteo permite determinar qué lugar es más seguro y cuál es menos seguro. Y también existe una percepción, la cual explica cuánto miedo tiene una persona de ser víctima de un acto delictivo. La mayoría de las veces, lo uno no se parece a lo otro.
Pero estar en esta ciudad con niveles de seguridad tan altos es probablemente una de las razón para no irse nunca. Una parte de este artículo lo escribí en una mesa fuera de un café, casi sobre la vereda de Roppongi Hils, una de las zonas con más transito de personas del Japón. He dejado la computadora y el celular (además de la mochila con otras tantas cosas) y me he ido al baño. He vuelto y todo estaba ahí. Sería realmente extraño que no, que cualquiera de los objetos hubiera cambiado de lugar, incluyase en este paquete al aire, el paisaje y el clima.
Voto porque sí, una parte depende de la percepción. Pero la sensación de seguridad no tiene precio.

Les veo pronto. 

Adenda: En junio de 2016, el diario Japan Times publicó un cuadro sobre la violencia con armas de fuego en los países de la OCDE, en un artículo que trató de resolver si en Japón podría suceder lo que en Estados Unidos en esos días: un ciudadano mató a 50 personas e hirió a otras 56 en una discoteca, el solo. Este es el cuadro.