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miércoles, 28 de agosto de 2013

La inasible ambigüedad japonesa

 Saludos a todos:

 Hoy me propongo hacer lo contrario de lo que hacen los occidentales cuando vienen al Japón y se quejan de la falta de claridad de sus interlocutores. Luego de convivir un poco más tiempo con ellos cabe decir que el camino más fácil es descalificar la ambigüedad y salir por piernas con la popular frase de "él es raro porque no actúa como yo".
La realidad es más lejana y menos clara como para que los autores de algunos blogs se refieran en términos peyorativos a una cualidad que es parte de la identidad de este pueblo. En este artículo se va a describir, no calificar, la ambigüedad japonesa.
Vale la pena abrir las puertas para encontrarse, de frente, con el bastón y el genio de Jorge Luis Borges y su irracional fidelidad platónica hacia el Japón. Hace unos meses se publicó el artículo "Borges, un bárbaro en Japón", escrito por su servidor para Revista Mundo Diners (lo puede leer aquí). El lúcido escritor ciego relató lo siguiente: “Luego otro rasgo curioso es que el interlocutor siempre tiene razón. Yo recuerdo que visitamos el santuario del Buda en Nara (…) Vimos aquello y alguien al salir preguntó si la imagen del Buda era de madera. Un sacerdote que dominaba el inglés contestó: ‘Sí, es de madera’. Dejó pasar el tiempo y otro preguntó al mismo sacerdote: ‘¿De qué está hecha la imagen del Buda?’ El sacerdote, sin contradecirlo, sin ofenderlo, pudo decir: ‘De bronce, señor’. Todo eso corresponde a un modo muy complejo. A un mundo de buenos modales, a un mundo de gente educada, culta, y eso para mí, que era un bárbaro en Asia, me sorprendió”.
La cultura, a la que hace referencia Borges, tiene el ingrediente de la ambigüedad, entendida como falta de precisión, una veladura que provoca incertidumbre, dudas, confusión. Unas palabras dichas por un japonés, en general, no deben leerse con ojos literales.
El nipón evita enfrentarse, lo rehúye en niveles insospechados, tanto como para ni siquiera rozar con una contradicción a otra persona. Es muy probable que si alguien le pide al dependiente de una tienda de ropa una camiseta negra el vendedor prefiera decirle que la roja le quedará mejor para evitar contrariarle con la noticia de que no tienen camisetas de dicho color en sus perchas.
Evitar el conflicto en las relaciones humanas, evitarlo en todo lo posible. De hecho, la palabra "no" se usa poco. En la comunicación entre las personas se usa una fórmula protocolaria que, por convención social, ya es entendida por todos. La fórmula puede ir acompañada de un adjetivo que no responde con presición un requerimiento. La misma pregunta: ¿tiene camisetas negras? La traducción es difícil pero podría decirse en español "Un poco.... es difícil". Sucede con frecuencia que la frase quedará así "Un poco...." y el interlocutor entenderá que hay algo sobreentendido que no se dice para evitar contrariarle y se irá con sus huesos a buscar una camiseta negra en otra tienda.
El medio de comunicación público NHK tiene en su página web un programa en audio que enseña el idioma y la cultura japoneses. Advierte que es rutinario, cuando se saluda, comentar sobre el clima. NHK afirma: "Detrás de esta costumbre hay varios factores. Japón tiene cuatro estaciones bien diferentes durante las cuales las condiciones del clima cambian considerablemente. Otro es el hecho de que los japoneses somos tradicionalmente un pueblo agricultor de modo que desde la antigüedad la vida cotidiana ha sido muy afectada por los cambios del tiempo. Creo que nuestra inclinación por la ambigüedad que mencioné al principio es también un factor. Al comienzo de una conversación, ya sea con un conocido o con un extraño, tratamos de evitar cualquier tema que pueda resultar en una incursión en el mundo interior del interlocutor. Hablando del tiempo no hay de qué preocuparse, no hay riesgo de que la otra persona se sienta incómoda".
A lo mejor una de las claves es esa, la "incursión en el mundo interior" de una persona con la que se está hablando. Traspasar un límite que es variable, impreciso y abstracto. Para el monje del relato de Borges, negar que el buda de Nara es de madera significaba la posibilidad de indisponer a quién había preguntado, de turbar el equilibrio interno de quien preguntó.
Esta forma de ser es parte de la identidad nacional y ha durado por siglos. Pero ese portarse bien puede convertirse en todo lo contrario, cuando se juntan ciertas condiciones. En la primera mitad del siglo XX la política expansionista llevó tropas japonesas a Korea, China, Mongolia y Hawai. Y llevó a Yukio Mishima, el mejor escritor de la historia de Japón, a decir que sus conciudadanos son unas bombas de hidrógeno con conciencia. Es decir, mientras lo dominante sea la conciencia, como sucede ordinariamente, la vida transcurre con una sucesión de protocolos creados para respetar el mundo interior de los japoneses. Si se rompe el orden, se quiebra por completo, ni las cenizas se parecen.
Kenzaburo Oe, Premio Nobel de Literatura cree que "En el punto más bajo de la pobreza generada por la post-guerra, encontramos la fortaleza para sobrellevarlo. Puede sonar curioso que lo diga, pero parecemos no tener tanta fortaleza para sobrellevarlo como ansiedad ante las negativas consecuencias que surgen de la actual prosperidad". Esto fue dicho en Estocolmo, en el discurso de agradecimiento cuando recibió el premio.
Oe Llevó a Europa una fase del rostro nipón, una fotografía que es harto difícil de entender. La Japan External Trade Organization (Jetro), a la sazón la organización que promueve el comercio, ha publicado en su página web una guía para hacer negocios con empresarios de este país. La ambigüedad está ahí.
Por ejemplo, es peligroso pensar que por estar en la misma actividad económica las dos partes de una negociación “Hablan el mismo idioma”. Jetro dice que no todo lo que se quiere comunicar se dice; “Cuando los franceses quieren decir 100 cosas, van a verbalizar 150. Cuando los japoneses dicen 70 cosas tratan de conseguir que la otra persona entienda 100”.
De nuevo NHK: "Una manera muy común de rechazar una propuesta que nos ha hecho un cliente, por ejemplo, es kentô shitemimasu. Aunque esta frase literalmente significa «voy a estudiarlo» o «voy a considerarlo», a menudo transmite el mensaje «no espere una respuesta positiva»". Cuando un japonés dice que "sí" no quiere decir que acepta lo que le proponen sino que sí entendió. Luego, muchos empresarios toman el sí como una aceptación y piden una computadora donde escribir los términos del contrato, mientras que el japonés piden una computadora para escribirle para agradecerle por la reunión y pedirle más información. En esos falsos sobreentendidos se ahogan muchos negocios.
Esto se traduce en unas ventajas enormes en el vivir diario. Cuando el bus se detiene en una parada y el chofer instala una rampa para que suba un hombre en silla de ruedas nadie se atreve a emitir un suspiro para hacer notar que está apurado y que está perdiendo el tiempo con esa operación.
Pero también da pie al usufructo de ciertos taimados porque si alguien se adelante a la fila nadie le reclamará, porque nadie está dispuestos a entrar en conflicto ni a violar el territorio individual e íntimo de esa persona, por más negativa que sea.
Por otro lado, la participación política de la mayoría de ciudadanos es mínima. Y, más allá, el interés por quien dirige la política es casi inexistente, básicamente porque viven en un país que funciona y en el que existe una estructura organizativa gubernamental creada, desarrollada y afinada para evitar que se generen conflictos.
No enfrentarse es una convención social, como lo son para los occidentales comer con la boca cerrada o tratar de "usted" a personas mayores. Eso no quiere decir que el pensamiento individual sea homogéneo, el mundo está poblado de seis mil millones de universos diferentes.
En el idioma japonés hay palabras para definir los sentimientos internos y la conducta social. Solo ese hecho, el de haber creado términos específicos, ya implica aceptar la complejidad y la rigdez de los protocolos que determinan la ambigüedad.
En ese sentido, honne es una palabra que se refiere a los sentimientos y pensamientos de una persona como ser individual, son parte de la esencia íntima, un territorio casi absolutamente inexpugnable.
Mientras tanto, tatemae es la palabra que designa a la conducta social, la manera cómo se espera que una persona actúe o se comunique. 
Japón es un archipiélago. Los habitantes de estas islas son más organizados porque tienen que convivir lo mejor posible en un territorio que tiene uos límites muy claros.
Este país fue obligado a abrirse a occidente por la fuerza y eso creó un proceso de occidentalización que parecía profundo, absoluto e irreversible (ver al emperador vestir frac y no kimono es doloroso).
Pero cuando perdió en la segunda guerra mundial contra Estados Unidos parecía que su identidad se enterraría debajo de una masiva construcción de locales de Mc Donalds.
Lo que logró fue occidentalizarse sin perder su identidad. O ser japonés con una matiz estadounidense, como se lo quiera decir.
Pero sobrevivió, como Nación ha superado la influencia occidental. A lo mejor sea más prudente decir que es permeable a la influencia externa, la cual aprende, la somete a los filtros de su tradición y produce esto que se ve por las calles de este país cada día que el sol nace. De nuevo.

Estoy con ustedes en un rato más.

domingo, 18 de agosto de 2013

Un barco a la deriva en la montaña

Muy buenas, cálidos saludos:

De alguna manera, todas las personas que están en el Japón le deben una visita a la larga y delgada zona de devastación provocada por la fuerza desaforada del terremoto de 9,0 grados y el tsunami de marzo de 2011. Con el turismo se hace una solidaridad bastante eficiente.
Una noticia apresuró las cosas: el barco que está a la deriva en las montañas va a ser desmantelado y desaparecerá una de las evidencias que persisten sobre el Gran Terremoto del Este.
Desde el satélite, gracias a la facilidad que ofrece Google Maps, aún se puede ver con claridad la línea de destrucción de la furia del mar: fíjese en los alrededores de Minamisoma, en la prefectura de Fukushima y lo notará.
Bien, a afinar la mirada y ajustar la lupa al detalle del pequeño puerto de Kesennuma. De pie, frente a ese espectáculo, es posible, normal y humano perder el aliento. A 750 metros del mar está un barco pesquero de 330 toneladas y de 60 metros de eslora. Dicho en otro términos, a siete cuadras y media del agua está una mole de hierro que pesa igual que 330 vehículos pequeños.
Trás la hélice se ve los mástiles de los barcos en el mar
¿Qué endemoniada fuerza fue capaz de hacerlo, de empujar a un cetáceo ciclópeo, de sacarlo del mar y depositarlo en donde no pertenece? Por lo menos no ha existido ninguna potencia similar inventada por el ser humano que pueda sacar al barco de la deriva de las montañas y devolverlo al mar.
Es un barco. Pero sobre todo es un ejemplo. Esa nave debe necesitar un nivel de agua semejante a unas siete personas, parada la una sobre la otra, para poder flotar. El mar se alzó más que eso todavía, 18 metros, 10 personas hacia arriba.
En marzo de 2011 este puerto tenía unos 70.000 habitantes, algo más de 9.000 murieron debido al terremoto, al tsunami o a los incidentes menores provocados por los dos anteriores. En unos 25 minutos el nivel del agua subió. Subió. Subió. Luego de que el agua comenzó a irse calladita, por debajo de los escombros, como avergonzada por lo que hizo, se iniciaron los incendios, una pirotecnia que ponía la firma definitiva a un día de tragedia. Sobre el pergamino del cielo. Una firma de sangre. El mar se fue y volvió a ser el dador de vida.
El barco siguió cautivo de las montañas y los ciudadanos decidieron resolver qué hacer con la osamenta. Hubo opiniones discrepantes entre los habitantes de Kesennuma sobre el destino que darle al barco, los unos proponían dejarlo como la memoria visual de un desastre que hay que remontar (y porque estaba reportando ingresos interesantes de los turistas); los otros quieren olvidarse que en minutos desaparecieron del pueblo más del diez por ciento de los habitantes.
Ganó la segunda propuesta y se ha encargado a una organización no gubernamental que inicie el trabajo de arrancar cada uno de los poros de este coloso del mar que se perdió en las montañas.
En esta planicia estaban las casas del puerto de Rikuzentakata.
Unos cuantos cerros al norte, otra organización no gubernamental intenta salvar un único árbol que quedó en pie en el puerto de pescadores de Rikuzentakata y que se ha convertido en el símbolo de la reconstrucción.
Desde hace unos doscientos años los habitantes sembraron unos diez mil pinos, de hecho una parte importante estaban en una playa de arena blanca y protegían al puerto de los vientos muy fuertes, era como una primera línea de defensa que funcionó con bastante eficiencia en el penúltimo tsunami que atacó a la pequeña bahía, en 1960, provocado por un terremoto en el lejano Chile.
Tras ese trozo de playa arbolada se había construido un muro de contención de cinco metros de alto para proteger a las 23.000 personas que vivían ahí; el obstáculo fue insuficiente para más de mil habitantes de Rikuzentakata.
Durante meses se hizo un esfuerzo importante por salvar al árbol, al ícono, al símbolo de que, a pesar de todo, este pueblo está de pie. Pero el exceso de sal en el suelo ha provocado que vaya muriendo poco a poco. El árbol; las personas siguen de pie. Sin embargo, se salvaron y se plantaron algunas semillas que se han convertido en pequeños arbolitos. No será posible sembrar nada en este terreno hasta que la tierra deseche el exceso de sal que, por ahora, permite que crezcan solamente pequeñas matas.
Todavía no se resuelve que hacer con los millones de toneladas de escombros
Se pueden ver señales francas de la reconstrucción, pero es difícil hacerse una idea de cómo marchan los trabajos. Hay frecuentes comentarios de que el gobierno no ha trabajado a suficiente velocidad y son visibles en las noticias los reportes de familias que aún viven en casas provisionales.
Pero es difícil hacer una evaluación más precisa. El gobierno calculó los daños en medio billón de dólares, más dinero de lo que una persona pueda imaginarse, y se nota que la infraestructura está operativa: carreteras, electricidad, agua potable, comunicaciones.
Pero todavía es posible ver llanuras donde hubo ciudades. Descampados donde hubo techos. Silencio donde hubo risas. La reconstrucción de las viviendas no va a la misma velocidad que el resto. Muchas familias adquirieron sus casas con crédito, tenían su patrimonio, desde el cepillo de dientes hasta los zapatos, pasando por la cocina, la lámpara y las cucharas. Todo se perdió. Una parte de la deuda les fuer perdonada pero lo que tienen ahora es la paciencia para esperar que las autoridades delimiten de nuevo el suelo donde estuvo su casa y terminar de pagar las deudas para contraer otras y edificar la vida nuevamente
Hace poco se hizo público un video que filma sin pausa el tsunami en Kesennuma. Dura 25 minutos y es un documento sobresaliente para entender lo anterior, está aquí. En veinticinco minutos sucede todo. Inclusive que un barco quede a la deriva en las montañas.

Les veré ya mismo, gracias por venir.

lunes, 12 de agosto de 2013

Shodo: hacer arte dibujando palabras

Monje budista diestro en shodo
Saludos a todos, estimados:

Mi papá conocía a un hombre al que nunca le vi la cara ni del que me aprendí su nombre, pero que estaba presente, era parte de esos artificios caseros que generalmente están bajo polvo pero cuando son requeridos cumplen su papel con exactitud y eficiencia: el calígrafo.
Y, claro, era reclamado para escribir los nombres en las invitaciones a bodas y para trazar, sobre papeles especiales las peroratas de los diplomas y documentos conmemorativos. Se le reclamaba con el nombre de “el calígrafo”, una persona, como dice la Real Academia Española de la Lengua, que tiene “excelente” letra.
Podría llegar a afirmarse que, en occidente, quien tiene una buena letra ha llegado a un nivel de artesano. En Japón hay la tal caligrafía elevada al nivel de arte y es fascinante asistir a una de las funciones en los que los pinceles, danzando, cuentan las historias literales que se callan la tinta y el papel.
Como ya es sabido, la escritura llegó al Japón en el siglo VI desde China y también el alfabeto fundamental, el kanji, unos 50.000 ideogramas. Pero, no es difícil imaginar, tomó su propio camino y luego se desarrollaron los dos alfabetos adicionales para resolver problemas surgidos en la aplicación de la gramática china a los modos de expresión japoneses, hiragana y katakana.
Nació, creció y se reprodujo el shodo (書道), que debe traducirse como “el camino de la escritura”, que tomó la forma de un arte y, además, de una disciplina y que todavía hoy se practica. Los niños de escuela deben aprender las chapucerías básicas y de ahí para adelante hay un horizonte claro y extenso.
No hay que olvidar que para la sociedad japonesa tienen mucho valor los documentos escritos con pincel y tinta. Un japonés prefiere enviar su hoja de vida escrita a mano, porque quien la reciba podrá percibir sus sentimientos más nobles (más sobre eso en http://llamingosan-samaniego.blogspot.jp/2012/08/un-dinosaurio-tecnologico-que-se-niega.html).
Pero esa seguirá siendo la escritura del diario, no el shodo. Para esa expresión del arte local se necesita de un instrumental básico: pincel, tintero, barra de tinta, pisapapeles y papel de arroz.

Esta es una abstracción de la palabra "mar"

Es lo mismo que usaban los primeros monjes que copiaban los textos sagrados del budismo o que, poco a poco, ponían sobre papel la historia de su país que hasta tanto se transmitía con la palabra declamada catorce siglos atrás.
Se ha presentado una exposición en el Museo Nacional de Tokio de “Maravillas de la caligrafía de estilo japonés”. Se mostraron documentos de hace más de mil años, intactos y hasta legibles; y muchas joyas más, increíbles. Inasibles.
Lo de legibles hasta hoy merece una explicación adicional y un antecedente, que es algo más a lo que se puede constatar ahora con respecto a la calidad de los materiales que se usaban siglos atrás. Los ideogramas son figuras de varios trazos, hay kanji de un solo trazo y otros que pueden tener más de 30 trazos. Está establecido un orden en el que deben ser trazados los ideogramas (de izquierda a derecha, de arriba hacia abajo) pero, además, existen otras características que deben desarrollar quien abraza el shodo.
Los calígrafos japoneses crearon estilos que respondían a sus necesidades pero que, además, tenían cierto carácter ritual:
Kaisho, está ligada al estatus y debe escribirse trazos precisos y firmes.
Gyosho, escritura más rápida, de líneas suaves y redondeadas.
Sosho, escritura impetuosa, hecha con movimientos rápidos y apasionados.
Entonces, un comunicado oficial emitido por un sogún era escrito con letra kaisho, recta, muy clara y legible, lo importante era la información que transmitían los kanji, no la belleza de su trazo (aunque no dejaba de tenerla). Pero un poeta redactaría su haiku en gyosho, le agregaría una dosis de expresión gráfica. Pero escogería sosho quien fuera a hacer arte utilizando como pretexto los ideogramas, las palabras, de manera que los ideogramas adquirían un trazo abastracto, serían muy difíciles de entender pero fácil de sentir la expresión del artista.
El shodo forma parte de las actividades cotidianas que tienen un sentido religioso. Para ser un diestro en este arte se necesita practicar mucho, la vieja y perfecta receta de la repetir  los movimientos hasta dominarlos, hasta dominarse a sí mismo.

Un monje escribe en un libro de templos.
Gracias a la rama zen del budismo se ha logrado que la repetición de movimientos tenga un sentido religioso, porque se cultiva fuertemente el espíritu y la concentración.
Los samurai, que eran guerreros que respondían al mando de los sogunes, entendieron desde temprano en su historia que la clave no está ni en el tamaño ni en la fuerza de los guerreros (uno de los samurai más reconocidos en la historia del Japón medía 1,50 metros de estatura y no tuvo rival).
Encontraban la perfección en otros destinos, trabajaban todos los días en las artes marciales, dominaban la katana, pero también practicaban teatro y shodo.
En el libro Bushi-do (“El camino del samurai”) dice “Cuando Tsunetomo permitió a Yasuburo que hiciera caligrafía en un papel, le dijo: «Asume que vas a dibujar un solo caracter en todo el papel. De modo que hazlo como si tu trazo fuera a rasgar el papel. El resultado dependerá de tu vigor espiritual”.
Un artista del shodo, en definitiva, domina el pincel, el papel, la tinta; domina la presión, la velocidad y la intensidad del trazo; domina su fuerza interior, se conoce a sí mismo, tiene bien claro que la vida es como un solo trazo, en todos los sentidos.
Entre el calígrafo que conocía mi papá y los que se encuentran aquí creo que hay una sola diferencia: los segundos le han dado un sentido religioso al hecho de dibujar palabras.
Se puede encontrar información interesante en este enlace: Shodo Creativo.

Además, si hacen click aquí podrán ver un video muy gráfico.

Me encanta verles, será hasta pronto. Y si le ven al calígrafo que conocía mi papá denle mis saludos.

viernes, 2 de agosto de 2013

La chica de la mano perfecta y la TV nipona

Gustosísimo de saludarles:

Yo entendería que, como suceden en algunos países, la televisión pública del Japón considera a sus periodistas como eficientes comunicadores. Por ello, los cargos de presentador de noticias, por ejemplo, no es un título nobiliario que se hereda y que dura toda la vida, sino que cualquier profesional del periodimos puede hacerlo.
Pero, esa no es el tema de esta sobremesa. Hay dos o tres chicas que emiten la información sobre las predicciones del clima. Una de ellas señala las geografías en el mapa virtual con la mano en una posición tal que causa admiración. ¡Es la mano perfecta! y cómo se desplaza por ese escenario que todos sabemos que, en realidad, es un fondo de color: qué seguridad, cuánta prestancia, qué nivel de elegancia. Nunca nadie igualará a esa mano más perfecta que cualquier expresión artística del renacimiento.
Ni siquiera El Juicio Final de Migue Ángel visto con lupa tiene la perfección de ella, cuyo nombre no sé y que tampoco quiero aprender, hay ciertos asombros que merecen el anonimato.

Luego, hay lo otro. Pongamos el siguiente antecedente: en el Japón, el desarrollo de la tecnología para televisión, por ejemplo, generalmente está en manos de los canales de televisión, que tienen sus propios departamentos de desarrollo, según puedo concluir. Se asocian con marcas y emprenden en inventar cosas nuevas. Recién no más NHK anunció que estaba a punto de terminar el desarrollo de un televisor que dejaré en la era de piedra a los televisores de alta resolución.
Pero, a pesar de ello, en los noticieros de televisión las otras chicas del clima, que no la de la mano perfecta, aparecen con unos hisopos para señalar las geografías que podrían ser dañadas por el clima. Sí, hisopos,  con puntas amarillas o tomates, que son como alfileres de colores explosivos de gigantes.
Hay más: los carteles. El croma se inventó hace mucho y los japoneses lo utilizan en abundancia, pero no para los fines que estamos acostumbrados. Por ejemplo, en cualquier noticiero aparece un cuadro estadístico bien diseñado y un efecto espectacular da paso al siguiente y a uno, con los que estará suficientemente armada la noticia.
Pero no, los noticieros japoneses utilizan unos carteles, a los que han sido hábilmente adheridos tantos como cuadros son necesarios. En un set, el presentador saca de debajo de la mesa el cartel. Mientras explica su contenido señala con el dedo (o con un hisopo de menor envergadura); cuando termina, arranca ese cartel y debajo está el siguiente.
Siempre me ha parecido aparatoso esa manera de hacer televisión; y muy poco apegada a la tecnología. En la capital mundial del desarrollo tecnológico, donde orinas en baños que te hablan, no se usan ciertos desarrollos. Seguramente se debe haber abierto una línea especial del diseño gráfico para aquellos que deben hacer impresos que se usan para televisión: tipos de papel, colores, tipografías.
La consigna, sin embargo, es no dejar un espacio libre. En cualquier publicidad o cartel informativo hay tantos datos, con tantos colores y muchos elementos gráficos, para quien no está acostumbrado son demasiadas cosas. Pero este país le da un alto valor a la información, no hay datos que sobren. Siempre es así.
Por ejemplo, los vehículos de recolección de basura y otros de empresas privadas de logística tienen la luz direccional típica pero además una voz anuncia la maniobra: "Vamos a curvar hacia la izquierda, tengan cuidado, gracias" o algo parecido. Las escaleras eléctricas siempre alertan. Incluso en los baños que hay en la cumbre del Fuji-san hay avisos abundantes y uno que llamó mucho la atención en la que se pedía a los ascencionistas no usar los sanitarios como zona de descanso.
Sociedad de la información, eso se lo tienen bien sabido el Japón, pero no se asume que la gente ya sabe ciertas cosas, de manera que insisten siempre con temas y machacan con ellos. Finalmente, esa es la manera como se puede cambiar el comportamiento de los ciudadanos para llegar a una sociedad que, además de informada, es ordenada.
La chica de la mano perfecta cuenta con que, si la predicción es de lluvia, la mayoría de sus compatriotas tomarán las precauciones del caso, esa preparación le ha protegido a este país de los desastres naturales.

Pronto volveré con ustedes.