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sábado, 25 de enero de 2014

De vuelta, al galope

Qué bueno verles de nuevo:

Lo que ha sucedido estos últimos meses es que concentré mis esfuerzos en terminar unos textos para una futura publicación. Es decir, fue como si hubiera llegado a puerto con el barco lleno de mercadería y me haya internado en tierra para venderla a destinatarios que escogieron las recónditas cuevas de una lejana cordillera. Sin embargo, siempre se vuelve al mar, a las velas, a las tormentas.
Les debo a ustedes y me debo a mí seguir con Llamingo-san, de manera que regreso al galope y relinchando, para honrar el año del caballo. あけましておめでとうございます (¡Feliz año nuevo!).



Para entrar en materia: Buda llamó a los animales, quería despedirse antes de dejar de ser humano y migrar al estado de la iluminación. De toda la fauna del globo llegaron solamente 12, a quienes Buda les asignó una era. Cada animal regenta un año y cuando el calendario gira en una rueda de doce años vuelven a repetirse los signos.
Esta es una tradición común para toda Asia, pero varían la fecha exacta del inicio de cada ciclo del horóscopo. En China se cuenta desde el 31 de enero, pero en Japón, que abrazó el calendario gregoriano en el siglo XIX, inició el 1 de enero. Le ha tocado al caballo, que fue precedido por la serpiente y que precede a la cabra.
A quien ha nacido bajo el amparo del caballo (este sistema se usa en China desde el año 2637 a.C.) se le han marcado ciertas características dentro de la lógica del yin y el yan: aspectos complementarios u opuestos que no se rechazan.
El caballo ha sido fundamental en la historia del hombre y solo ascendió al nivel de mito -en contraposición a su tradicional característica de deidad cotidiana- cuando aparecieron las máquinas de tracción.
Buena parte de la historia de Europa, el norte del África y Asia tiene que ser contada sobre los caballos y ello implica también una consideración superior de este animal y su relación con los humanos. Es decir, ni el conejo, ni la cabra ni la rata han sido tan importantes como el caballo para conquistar territorios, consolidar imperios o llevar licor de contrabando.
En China se decía del equino que es el vehículo del alma, el que transporta el espíritu y lo deja a los pies de los dioses.
Desde hace milenos se habla, en ese país, de los caballos celestiales, a los que se les considera animales funerarios  con el poder de resurgir después de la muerte. Las cualidades de estos caballos son las mismas cualidades del cielo: consciencia, sentimientos y omnipotencia.
Esas pueden ser las virtudes principales de este animal y de las personas regentadas por este signo, aunque los horóscopos hollywoodescos hablen que un caballo siempre será reconocido por su porte natural y cierta quisquillosidad por el buen vestir, las buenas maneras, el roce social y el encantamiento de los amigos. 
Es seguro que Buda no pensó características tan vacuas cuando convirtió a los animales en portadores de bienaventuranzas y previsiones, y la prueba es que los seguidores del budismo por muchos siglos fueron enterrados con sus caballos, sobre todo con aquellos que eran considerados celestiales.
La historia refiere que un explorador supo de unos animales que podían correr 1.000 millas en un día y que sudaban sangre. A golpe de fuego y destrucción, el emperador asoló esa zona y se apoderó de estos caballos que le pondrían más cerca del cielo.
A este signo también se le conoce como el Caballo en las Nubes porque es fantasioso y tiene una imaginación que le supera. Animal de sangre canliente, nervioso, inquieto, actúa mucho por impulso, no se fija tanto en los detalles y va con todo a cazar sus utopías. Los nacidos bajo este signo suelen ser personas inteligentes, llenas de energía, cálidas y sensibles.
Saben comunicarse, prefieren la alegría y la amabilidad, muestra sin empacho su talento. Impacientes y poco dados a aguantar límites, pierden rápidamente el interés por las cosas que hace poco les parecían apasionantes.
En resumen, la energía del año es el movimiento, la expansión, la conquista de nuevas ideas y territorios.

A propósito, recién se descubrió en China la tumba de un emperador en la que se hallaron las osamentas de 80 caballos, que eran la vía para renacer. Y se ha descubierto también que sudaban un fluído rojo debido a un parásito, no era sangre.
Pero el caballo siempre estará ahí, pateando contra el piso antes de lanzarse a cabalgar las nubes y los cielos.

Estoy con ustedes pronto.