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jueves, 20 de febrero de 2014

Japón y la cultura contrasexual

Muy buenas, saludos para todos.

(El que sigue es el texto de un artículo de mi autoría que ha sido publicado en la Revista Mundo Diners, edición de febrero de 2014. No tengo los derechos de reproducción de las ilustraciones de manera que irán algunas de mis fotos).

El complejo Tokyo Midtown es uno de los más concurridos de esta megalópolis. Junto a la puerta de salida de la estación del metro un hombre sonriente se deshace en venias reparte catálogos. 
La publicidad que contiene, a vuelo de pájaro, es de moda de adolescentes. Pero visto con detenimiento, entrega información que tiene muy poco que ver con las tendencias en el vestir: ofrece señoritas que atienden en un burdel de los que se hacen llamar VIP: una ficha contiene el nombre, edad, origen, medidas, pasatiempos y tipo de sangre. Ninguna imagen es escandalosa, vistas por separado son retratos de jóvenes en parajes neutros de Tokio con miradas de pecado fresco o de estar a punto de cometerlos.
¿Que sea A positivo u O negativo es de veras importante en un acuerdo verbal de servicios con una prostituta? En la mayoría de los casos, los japoneses inician cualquier relación -inclusive las de amistad- con un intercambio de venias, de saludos, coqueteos, datos biográficos relevantes y el tipo de sangre. Creen firmemente que es una información valiosa porque los tipo A son serios, los B son curiosos y creativos y pueden ahorrarse tiempo si es que definitivamente no están buscando una pareja tranquila con personalidad dual, que es la AB positivo.
También es necesario decir que en el país está prohibida la prostitución pero se ha encontrado un intersticio legal que salva las cosas (Como se suele mencionar en las redes sociales, quien quiera detalles que los pida por interno).
Para los occidentales que miran a Japón esta es una de las postales de la extravagancia nipona. A quienes están más allá del Pacífico, de hecho, les encantan “rarezas” asiáticas como ésta y una que tuvo casi una fuerza viral recientemente fue el resultado de un estudio de la Asociación Japonesa de Educación Sexual, una organización privada.
El resumen es que a los japoneses jóvenes no les interesa el sexo. A pesar de que en ciertas zonas de ciudades grandes se nota una mayor libertad sexual que el promedio mundial. A pesar de que en la red existe material inagotable (a lo mejor es por esto mismo), lo jóvenes no tienen interés en el contacto carnal.
El artículo al que todos hacen referencia apareció primeramente firmado por Abigail Haworth, del diario británico The Guardian. En números, el 40 por ciento de los estudiantes universitarios dijo ser virgen; el 35,1 por ciento de los japoneses de entre 16 y 19 años afirmaron no estar interesados en el sexo: esta cifra se ha duplicado en cinco años.
Pero la estadística que no mencionó The Guardian ni los cientos de medios que reprodujeron la nota es que la población de Japón se ha reducido durante diez años consecutivos. Entonces, a lo escrito por Haworth le falta contexto, porque este “síndrome” puede convertirse en el vértice visible de una realidad harto más complicada y mucho más trascendente que un acueste.
Las autoridades dieron por llamar a este fenómeno el “síndrome del celibato” (sekkusu shinai shokogun) a pesar de que el estudio no se refiere a una pereza generalizada por el matrimonio (celibato) sino la falta de ganas por el sexo.
Mientras el resto del mundo, en general, discute sobre derechos sexuales, en el archipiélago nipón esa discusión ya dejó el espacio a otras; si se rasca en la piel, se encontrará una diversidad de aspectos sorprendentes. Hay excentricidades que harían pensar en una Japón bullente de frenesí sexual pero también de lo contrario. Vaya archipiélago de contradicciones.
En un país de casi 130 millones de habitantes hay de todo. Hay, por ejemplo, un artista que se hizo extirpar quirúrgicamente los genitales, los cocinó y subastó cinco platillos que resultaron de la faena a USD 1.250, para obras de caridad. Cumplió dos objetivos paralelamente: se quitó de encima el sexo que le resta energía para la creación artística y apoyó obras de beneficencia.
Otro ejemplo es el siguiente: hay una tendencia entre los jóvenes por lamerse las córneas de los ojos -valga la aclaración- como un acto de erotismo, para excitar a su pareja (lo que ha provocado miles de casos de conjuntivitis).
En las guías turísticas se promociona visitar los “maid caffee” donde jovencitas vestidas como empleadas domésticas del siglo XVIII, con unas minifaldas encogidas, se comportan de una manera parecida a esclavas sexuales, un intercambio interminable de seducción y ningún contacto.
Estas son las expresiones de una sociedad que vive entre dos mares, de seres humanos que se mueve con facilidad entre dos mundos. El uno de ellos es la tradición, son los japoneses unos defensores muy comprometidos de su identidad; la segunda viene atada a la modernidad. La primera: no les interesa el contacto físico, nunca les ha interesado. No expresan su cariño al amor de su vida con apapachos, no abrazan a sus madres, no dan una palmada a sus amigos, no extienden la mano a sus hijos. No se tocan. La cercanía de los poros ajenos, de una piel que no es la suya, provocan turbulencias que atentan contra el equilibrio individual conquistado y construido con harto esfuerzo.
Para aquellos que extrañan la piel ajena se abrió recientemente un negocio que ofrece la posibilidad de hacer una siesta de 30 minutos abrazado de una persona del sexo opuesto. No existe nada más que eso, abrazarse, sentir la piel del otro; pagar la cuenta y salir al mundo del cero contacto.
Pero la mayoría se mantiene intramuros de su metro cuadrado. Es evidente en los aeropuertos: es normal constatar que quien va a recibir a una persona y quien es recibida no se tocan en el que es, sin pecar de presumidos, el escenario en el que se protagonizan todos los culebrones posibles.
Luego, para tomar el camino de la modernidad, vale decir que los japoneses son los creadores y los principales feligreses de la cultura otaku. Este nombre abraza a todos los cultores del manga, el anime y todos los derivados existentes, que son muchos, siempre relacionados con la tecnología y el mundo digital.
El manga son las historias contadas en base de viñetas, el autor es dibujante y escritor, hay historias del manga que se han vuelto películas (anime) y hay muchas que han influido a por lo menos una generación. Vagabond, de Takehiko Inoue, ha llegado ya al tomo 33 y su autor ha vendido más de 22 millones de ejemplares en todo el mundo.
Y el anime, es la animación realizada con estilo japonés. Se han producido miles de filmes, algunos de ellos reconocidos mundialmente, como “El viento se alza”, del famoso estudio Ghibli, que fue premiado en el último festival de cine de Venecia.
Es decir, en contra de la falta de contacto físico, existe una pasión desbordante por la ficción. Es decir, la ficción, el mundo digital, el Internet llenan los espacios que en otras culturas ocupan otros seres humanos.
Hatsune Miku es una cantante ficticia. Es una imagen creada por computadoras y el resultado de un proyecto que se basa en un programa de computación para utilizar un banco de voces que puede usar cualquiera. Hatsune se ha presentado en la ópera de París. Es decir, su imagen se ha proyectado en pantallas de alta tecnología que dan la idea de una cantante “real”.
Enamorarse de Hatsune es muy fácil, es una compañía que, de largo, supera la de una persona para cualquiera que pretenda ser miembro de la cultura otaku.
Este rápido recorrido por la identidad nipona puede permitir concluir que en tiempos modernos prefieren estar acompañados de su mundo ficticio, en el que no hay el riesgo del contacto físico, mucho más seguro que andar correteando detrás de unas buenas nalgas.
En su medio ambiente nadie se desgasta buscando a tontas y tuertas alguien con quien desfogar una contención explosiva de libido, eso lo resuelve por la vía de la autogestión, si acaso con la ayuda de lo que puedan hallar en sus computadoras.
Puede comprar un VR Tenga. Es un casco que utiliza un programa de computación que proyecta imágenes con contenido sexual. La información dice que “Para lograr llegar al orgasmo, el usuario debe introducir su pene en el VR Tenga y la máquina sexual se encargará del resto”, según publicó el medio digital www.diariocambio.com.mx.
Es necesario ir a por otra arista. La gran mayoría de japoneses en su casa no vieron nada parecido a un flirteo, coquetería, seducción, incitación o galanteo. Normalmente cuando un niño tiene la edad de darse cuenta de que sus padres están enredados en amor, la única evidencia que tienen y que se repite persistentemente es que el padre sale de casa a las ocho de la mañana y regresa pasadas las diez de la noche, de lunes a sábado. Los domingos va a jugar golf con clientes o amigos. Las madres son reinas y señoras de sus hogares, allí mandan, deciden sobre el dinero que venga en la billetera del marido, inclusive.
Pero la vida conyugal es harto yerma. Una japonesa decía que cuando nacen los hijos se acaba el amor. Muchos, muchos matrimonios duermen en camas separadas y cada vez más mujeres demandan el divorcio de sus parejas, hartas de que en el polígono de tiro no se escuche ni el susurro de una cerbatana.
Lo cierto es que la mitad de los estudiantes universitarios siguen vírgenes y de los entrevistados el 60 por ciento expresa enfáticamente una actitud contrasexual. Esto se suma a otra encuesta, desarrollada por la compañía de seguros Meiji Yasuda que demostró que la tercera parte de los hombres menores de 30 años no han salido nunca con una mujer. Se han ganado, localmente, el sobrenombre de “herbívoros” por alusión a su falta de interés por la carne.
Es un fenómeno más acentuado entre las mujeres, les interesa poco tener un matrimonio tradicional que les obliga a ser sumisas con sus esposos y no les quita el sueño la maternidad porque su prioridad es una realización profesional, para eso quemaron pestañas durante años de estudios.
Es decir, con gran esfuerzo logran moverse en un mundo laboral que todavía les excluye. Sin embargo, ni ellas ni ellos han tratado de saber algo más de sexo de lo que debieron aprender como una asignatura en el colegio.
Un caso que se toma como ejemplo comúnmente es este: “La hija de 12 años le preguntó a su madre si al dar la mano a su compañero puede quedar embarazada. La madre no supo que responder y consultó con su marido. Acordaron comprar un libro sobre educación sexual para informarse y así poder dar una respuesta con alguna base científica. Cuando el periodista preguntó qué habían hecho en definitiva, ellos contestaron que todavía no habían hecho nada al respecto”.
Las cifras que exponen las autoridades japonesas muestran que el 60 % de los padres nunca han tenido una conversación sobre sexo con su pareja. Por otro lado, solamente el 20 % de padres ha hablado con sus hijos y el 26 % con sus hijas de sexo, pues la mayoría cree que esa es una responsabilidad del sistema educativo.
Ahora, la sexualidad no es un tabú, no existe el velo de lo punible, tiene menos sentencias que en occidente. No está mal visto, no es perseguido por las religiones y lo que se recomienda es atender las medidas de prevención y de sanidad.
Algunas muestras: no hay conflictos morales con respecto a la desnudez. Una de las prácticas más auténticas de la tradición japonesa son los onsen, baños termales públicos. Si bien están separados los baños para mujeres y los hombres, todo el mundo anda sin ropa y nadie se escandaliza de los bamboleos ajenos.
Fuera de ello, en algunos barrios se anuncia a todo neón los love hotels, moteles temáticos que son hasta atracciones turísticas y en los cuales se controla solamente que los usuarios tengan más de 13 años, la edad a partir de la cual es permitido mantener relaciones.
Para abundar, los samurái, guerreros a órdenes de un sogún, esos personajes diestros con la espada que tantas simpatías ha creado en occidente, tenían como práctica común mantener relaciones carnales con sus aprendices.
La realidad sexual de los japoneses es muy diferente a las costumbres de occidente, la actitud contrasexual es nueva y se fortalece. El efecto futuro es el que realmente dispara las alarmas en las autoridades.
Si la tendencia negativa de crecimiento de la población se mantiene como hasta ahora, en treinta años habrá la misma cantidad de japoneses de más de 65 años que menores de esta edad.
Se calcula que se necesita cinco trabajadores activos que aporten a la seguridad social para mantener a cada uno de los beneficiarios de la jubilación. Si se llega a emparejar esta cifra, es decir que haya un trabajador activo por cada jubilado, el Estado deberá compensar los altos costos de la jubilación.
La cultura contrasexual es el producto de un desarrollo íntimo del archipiélago. Wolverine, el personaje de la serie de películas X-Men, en la última cinta que es rodada en Japón, tiene una conversación con una chica nipona que corta un diálogo afirmando que: “Tú no eres japonés, no lo puedes entender”.
Hay momentos en los que la diferencia geográfica se vuelve un abismo cultural. De cualquier manera, lejos de ser una excentricidad, es una expresión cultural, un hito de su evolución y un interrogante de la dirección que tomará la cultura contrasexual en el futuro.



Saludos, les veo pronto.

miércoles, 12 de febrero de 2014

Manga: de dioses sempiternos y fieles militantes

Ya estoy de vuelta.

Debo confesar que he estado evitando este tema porque me he sentido un neófito sin los suficientes argumentos para enfrentar, con algo de vergüenza, un asunto que se me ha venido siempre enigmático. Creo que sigo siendo un ignorante en cuanto al amplio y extendido universo del manga pero de igual manera me parece que debo comenzar a recorrer este camino, de una vez por todas.
El manga siempre ha ejercido una fasinación que se sujeta en lo difícil que puede resultar explicar por qué unos dibujos tirados con rapidez con esferográfica sobre un papel periódico puede generar desde gustos encontrados hasta fanatismos militantes.
Meterse con el manga es, lo digo casi como una hipótesis que deberá ser demostrada, explorar la genética de la cultura otaku y eso es hablar de palabras que tienen peso específico en la identidad japonesa.
En Llamingosan siempre se acude a las palabras, porque suelen atesorar más información de la que es posible imaginar. Y más historia, y más datos sobre su genética, acerca de las expresiones.
Llama la atención que la palabra manga (漫画) tenga la traducción literal de "dibujo informal". Pero por esa templaza de los kanji puede ser también "dibujos caprichosos", "garabatos" y hasta "imágenes insignificantes".
Las palabras bautizan a las cosas en su origen pero no cambian cuando lo nombrado evoluciona. En el siglo XI se dibujaron las caricaturas que son como la paleontología del manga. Caricaturas, extraer lo jocoso de la realidad, usarlo para divertirse.
Osamu Tezuka. Foto de Wikipedia
Lo dice mejor http://www.ilustrados.com: "El Manga apareció por primera vez en el siglo XII bajo el nombre de chōjū-giga, que constaba de cuatro rollos monocromados humorísticos, pintados con pincel. Se les considera como antecesores del dibujo caricaturesco porque fue realizado con técnicas que comprendían una gran soltura del trazo. De estos rollos se pasó a los dibujos impresos en madera y otros materiales".
Luego apareció el señor Hokusai Katsushika, quien ilustraba libros con figuras de monstruos que querían salirse del papel y que mostraban una gran violencia.
En el siglo XVIII, con la influencia occidental, comienzan a hacerse cómic, que se dejan tocar mucho por los europeos y por los estadounidenses (de Disney se copió el tamaño y la redondez de los ojos que hasta ahora pervive en el manga, a pesar de la diferencia que existe con el tamaño y la redondez de ojos de los asiáticos y de los japoneses).
Pero la historia moderna del manga tiene un hito fundamental, el señor Osamu Tezuka, responsable por completo de toda la estética, la narrativa y la puesta en página de lo que conocemos actualmente como Manga.
Sobre esa estética particular, vale destacar que el manga oculta una manera de contar historias que va más allá de las palabras. Es decir, que el lector sigue rápidamente con la vista lo que está sucediendo sin apenas leer una frase.
Esto es muy posible sobre todo en las escenas de acción y gracias a las líneas cinéticas. Las líneas cinéticas son las líneas que indican movimiento o énfasis, y que son muy utilizadas en el Manga, incluso se abusa de ellas.
En una reciente encuesta, los admiradores eligieron, sin lugar a dudas, a Osamu Tezuka como "el dios del manga". Si bien por momentos se parece a una religión de ninguna manera se puede pensar que se adore a un solo dios.
A los 25 años de la muerte de Tezuka una de las más influyentes publicaciones del Japón, Japan Today, afirma que hecha la pregunta a más de veinte mil encuestado la respuesta a favor de Tezuka no sorprendió pero sí estuvo fuera de los límites imaginados.
Fue uno de los más influyentes e innovadores creadores, desde su mundialmente famoso Astro Boy, pasando por Kimba hasta una versión de la Biblia supervisada por el Vaticano. Es el creador de más de 30 historias, algunas de ellas convertidas luego en anime.
Existen ciertos mangas que son íconos mundiales.
El año pasado se vendieron unos 500 millones de ejemplares de manga, en un negocio superior a los 1.000 millones de dólares. La lectura es general, a pesar de ser estos dibujos más bien simples, casi sin letras e impresos en papel periódico.
Es común mirar a los ávidos lectores devorar todas las páginas que pueden de su manga predilecto en las tiendas, entre decenas de publicaciones, mientras esperan para la siguiente reunión. Y en el metro, una tercera parte de los pasajeros leen y una buena parte tienen manga en las manos; y, en las veredas, parques, oficinas, escuelas, cafeterías, estadios y templos.
Cada uno tiene su predilecto y una disputa entre japoneses por el mejor manga puede ser tan sin caurtel, eterna y desgrarradora como una discusión sobre política entre latinoamericanos.
Vagabond es un ejemplo de permanencia. Takehiko Inoue la publica desde 1998, ha puesto en manos de los lectores 33 tomos y ha vendido en todo el mundo más de 22 millones de tomos.
Hay las que duran en el tiempo y otras que  aparecen y revientan el mercado aunque eso no garantiza su permanencia en el tiempo, como One Piece, líder indiscutible en ventas en 2013 con ventas de 18 millones de tomos (se los llama así porque cada libro es como un capítulo de una historia grande).
Tan arraigada es la costumbre que en Tokio se acaba de inaugurar el Museo del Manga (en la Universidad de Meiji). El museo conmemorativo de Osamu Tezuka, cerca de Osaka, es, sin embargo, el lugar por antonomasia de visita para los cultores del manga.
Y de peregrinación, como el templo de Washinomiya. Esta es la historia: un manga, que luego fue una muy famosa serie de anime, trata de cuatro adolescentes y del padre de una de ellas que es el monje de este lugar sagrado ubicado al norte de Tokio.
Los cultores de Lucky Star van masivamente al templo, a la entrada del cual está el estudio de una radioemisora que transmite sobre manga, sobre Lucky Star y sobre los miles de peregrinos que pasan por ahí. A estos manga y anime los siguen cientos de miles de personas.
El templo de Washinomiya
Como queda visto, hay generaciones de japoneses que han vivido acompañados de esos "garabatos" y a ninguno de ellos se les ocurre considerarse menos o más ciudadanos por seguir el desarrollo de sus historias preferidas.
Pero, por otro lado, los editores han creado, por ejemplo, revistas en las que se habla del amor o de política y economía siempre tratadas como mangas, basados en los gráficos y en esa estética particular.
El mundo ha ido aceptando y abrazando poco a poco la cultura que proviene del manga y una editorial fundó una filial fuera de Japón para imprimir versiones en idiomas diferentes del original y así ampliar el mercado.
La siempre informativa Web Japan dice: "En el año 2009, Naruto, una serie de manga de la revista Shonen Jump en la que el principal personaje es un niño ninja, se publicó de nuevo en formato de libro y se distribuyó en más de 30 países. La versión en dibujos animados se emite en más de 80 países.
"El manga y los dibujos animados japoneses se han propagado mucho más allá de su grupo original de forofos, y ahora están integrados en una gran parte de la totalidad de la cultura pop occidental".
Después les voy a invitar a dar una vuelta por los derivados del manga. Hay que hablar del anime pero también de la cultura otaku, que es como tocar uno de los nervios fundamentales del Japón.

Hasta entonces.

lunes, 3 de febrero de 2014

Poder contundente

Es bueno encontrarme con ustedes, siempre es bueno:

Desayunar: abandonar el ayuno: la primera actividad de la mañana. Sí, con culaquier persona llana, pero no con los luchadores de sumo, quienes comen los primeros bocados al medio día, después de un riguroso entrenamiento.
Si bien la comida no es la marca principal que distingue al deporte nacional del Japón, llaman la atención los hábitos alimenticios de estos deportistas que, cuando deciden serlo, pesan unos 75 kilogramos y en la cumbre de su carrera pueden alcanzar los 300.
El sumo es un arte marcial que se creó hace quién sabe cuánto tiempo. Hay una leyenda que refiere que en un momento de la historia temprana de este país, la supervivencia de la raza dependía del resultado de un enfrentamiento de sumo.
Hay referencias históricas suficientes para determinar que se practicaba sumo hace 1.500 años y que, ya entonces, su relación con el sintoísmo, la religión local, era muy próxima.
Un joven que ha conseguido el permiso de sus padres para convertirse en luchador de sumo ingresa en las casas de preparación todavía en la secundaria. Esta historia es más común que suceda en las áreas rurales.


Si el jefe de la casa de sumo considera que el aprendiz tiene algún potencial lo adopta para que se convierta en uno de los aproximadamente treinta miembros permanentes de la casa. El jefe, un ex-luchador de sumo (su "vida últil" en el arte marcial puede terminar a los treinticinco años), dirige la vida diaria en la que entrenan, comen y duermen en comunidad (perciben una pequeña remuneración).
Se calcula que existen unas cincuenta casas de sumo, en las que se preparan unos 700 aspirantes, quienes se esforzarán por años para entrar a la zona de líderes, que está dominada por unos setenta.
A las cuatro o cinco de la mañana inician los entrenamientos, que constan normalmente de tres partes: levantar las piernas lateralmente, una tras otra y a la mayor altura posible; dar palmadas vigorosas contra un madero fijo; y, sentarse con las piernas lo más abiertas que sea posible.
Luego de horas de repeticiones, al mediodía, irán por su alimento: chanko-nabe. Consta de  carnes de ternera, buey, cerdo y pollo cortadas en trozos; varios tipos de pescado, algas, huevos, tofu y verduras. Todo esto se coloca en un cuenco para que se cocine sobre una base de caldo de pollo. Comen este guiso en comunidad y lo acompañan de una gran cantidad de arroz y mucha cerveza. Luego, duermen una siesta de unas dos horas: de esta manera ganan el peso que necesitan para tener más opciones de mejorar en su posición.
Desde el año 1600 aproximadamente funciona el mismo sistema de clasificación. Se asciende ganando competencias y la mira de todos está en convertirse en sekiwake (campeón menor), ozeki (campeón) o, con mucho esfuerzo, yokozuna (gran campeón).
Cada año hay seis torneos: tres en Tokio, y uno en Ozaka, Fukuoka y Nagoya. Cada torneo dura 15 días de competencias y el objetivo es ganar la mayor cantidad de combates. Ha habido luchadores que han triunfado en más de cincuenta peleas consecutivas.

A pesar de que podría resultar difícil controlar el frenesí de dos hombres de 300 kilos de peso, resulta admirable la dignidad y la compostura. Ningúno se queja de las decisiones del árbitro ni le les ocurre tener actitudes poco deportivas.
Se permiten fuertes golpes corporales con la mano abierta, pero no puñetazos ni patadas ni tirones del pelo. Cualquier falta se castiga con la inmediata descalificación.
Aunque los resultados de algunos enfrentamientos son tan difíciles de dirimir que la decisión del árbitro tiene que ser ratificada (y algunas veces contradicha) por los jueces, ni el ganador ni el perdedor protestan nunca y raramente muestran más emoción que lo que puede ser una mera sonrisa o una ceja fruncida.
La traducción de los caracteres chinos con los que se escribe sumo (相撲) es "mutua contundencia" y eso es exactamente lo que ocurre: dos feroces masas de músculos bien entrenados y suficientemente flexibles tratan de sacar a su contendor del círculo del combate.
La arena donde se disputan estas peleas está rodeada por una gruesa soga fabricada con fibras de arroz de 4,5 metros, el objetivo es colocar al contendiente fuera de ese límite. Existen unas setenta técnicas para lograrlo.
Antes de entrar al coliseo, antes de cada pelea y después de su participación, el luchador debe cumplir un estricto protocolo, que está inspirado en los ritos de la religión sintoísta, como lanzar sal para purificar la arena.
Los grandes maestros que han alcanzado la cima gozan de la fama como si fueran estrellas de la música popular: salarios elevados, se convierten en la imagen de productos comerciales y en los propios torneos ganan premios adicionales donados por empresas.
En los últimos tiempos ha habido cierto dominio de luchadores no japoneses. Al menos dos mongoles, un búlgaro y un estonio pelean los primeros lugares y han ganado muchos torneos.
Mutua contundencia, el sumo es una de las más profundas expresiones de un país que, por principio, evita la confrontación.

Estoy con ustedes enseguida. 

Apostilla: luego de publicada esta entrada me han llegado comentarios de que ha faltado mencionar el tema de la corrupción a la que deben incurrir los principantes para llegar a los altos sitiales. Por eso, me permito escribir dos reflexiones. La primera, la intención de esta vitácora es contar cosas sobre Japón, no ser un medio de denuncia de lo que suceda, solo lo podría hacer con las evidencias suficientes. Lo segundo, no hay actividad humana que esté libre de corrupción y la peor de todas, en cuanto a deportes, es indudablemente el fútbol. Pero no voy a ser yo en este blog quien se vuelva un ángel de la justicia. Con el respeto que se merecen. 
Apostilla No. 2: meses después de escribir este artículo publiqué otro sobre la mafia japonesa y descubrí algo relacionado. Puedo constatarlo aquí.