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jueves, 29 de mayo de 2014

Octavio Paz y la estética japonesa

Muchos saludos, buenos días, buenas tardes, buenas noches, ¿cuál es tu huso horario? Siempre es un gusto.

Hace unas semanas el mundo de habla hispana con mayor fervor, pero el globo entero, recordaba los cien años de nacimiento del mexicano Octavio Paz, una de las mentes más lúcidas de la América Latina.
En la revisión de lo hecho por Paz llamó la atención las traducciones y, sobre todo, que Octavio se haya metido con tanto afán con un clásico de la literatura japonesa. Una tarea complicada de por sí pero todavía más riesgosa porque debió entender y poner en palabras del español un escrito de hace 350 años que tiene relato y también haiku.
Como es sabido, el haiku es un estilo de poesía japonesa superconcentrado, cuya regla es usar sílabas con la estructura 5 / 7 / 5. Es decir, dos versos de cinco sílabas cada uno y un verso de siete: 17 sílabas en total.
Se trata del libro escrito por Matsuo Basho (1644-1694), quien es considerado uno de los poetas más importantes del siglo XVII pero, además, es uno de los grandes maestros del haiku. La traducción la compartieron Octavio Paz y Eikichi Hayasiya.
El título fue el primer escollo para la traducción. El nombre original Oku no Hosomichi es un desafío. Algunas versiones anteriores prefirieron resolver el problema con el uso de la versión literal: "camino estrecho del interior". El argumento es el viaje que realiza Oku con su discípulo Kawai Sora por las provincias de la isla de Honshu, la isla más grande del archipiélago nipón.
Uno de los aspectos centrales es encontrar una palabra del español para el término japones こころ (kokoro). Si bien los más despistados creen que es "corazón", incluso sin distinguir el órgano anatómico del sentimiento, hay tantos elementos que entran en esta palabra que el traductor termina por enfrentar un gran escollo.
Las palabras asociadas tiene relación con la parte no física del ser. Corazón, mente, alma, espíritu, pensamiento, el resultado de la condensación del alma.
Esta dificultad, además, le da la oportunidad a Paz para referirse a la estética japonesa. En el fondo, Sendas de Oku, como tradujo Ocatvio, es el desafío de entrar al espíritu del Japón a través de sus palabras.
La siguiente es la transcripción de una parte de las notas que introducen la traducción de esta joya de la literatura japonesa:
 "El número de traducciones de Oku no Hosomichi es un ejemplo más de la afición de los occidentales por el Oriente. En la historia de las pasiones de Occidente por las otras civilizaciones, hay dos momentos de fascinación ante el Japón, si olvidamos el engouement* de los jesuitas en el siglo XVII y el de los filósofos en el XVIII: uno se inicia en Francia hacia fines del siglo pasado y, después de fecundar a varios pintores extraordinarios, culmina con el imagism** de los poetas angloamericanos; otro comienza en los Estados Unidos unos años después de la Segunda Guerra Mundial y aún no termina. El primer período fue ante todo estético; el encuentro entre la sensibilidad occidental y el arte japonés produjo varias obras notables, lo mismo en la esfera de la pintura –el ejemplo mayor es el impresionismo- que en la del lenguaje: Pound, Yeats, Claudel, Élaurd. En el segundo período la tonalidad ha sido menos estética y más espiritual o moral; quiero decir: no solo nos apasionan las formas artísticas japonesas sino las corrientes religiosas, filosóficas e intelectuales de que son expresión, en especial el budismo. La estética japonesa –mejor dicho: el abanico de visiones y estilos que nos ofrece esa tradición artística y poética- no ha cesado de intrigarnos y seducirnos pero nuestra perspectiva es distinta a la de las generaciones anteriores. Aunque todas las artes, de la poesía a la música y de la pintura a la arquitectura, se han beneficiado con esta nueva manera de acercarse a la cultura japonesa, creo que lo que todos buscamos en ella es otro estilo de vida, otra visión del mundo y, también, del trasmundo.
La diversidad y aun oposición entre el punto de vista contemporáneo y el del primer cuarto de siglo no impide que un puente una estos dos momentos: ni antes ni ahora el Japón ha sido para nosotros una escuela de doctrinas, sistemas o filosofías sino una sensibilidad. Lo contrario de la India: no nos ha enseñado a pensar sino a sentir. Cierto, en este caso no debemos reducir la palabra sentir al sentimiento o a la sensación; tampoco la segunda acepción del vocablo (dictamen, parecer) conviene enteramente a lo que quiero expresar. Es algo que está entre el pensamiento y la sensación, el sentimiento y la idea. Los japoneses usan la palabra kokoro: «corazón». Pero ya en su tiempo José Juan Tablada advertía que era una traducción engañosa: «kokoro es más, es el corazón y la mente, la sensación y el pensamiento y las mismas entrañas, como si a los japoneses no les bastase sentir con solo el corazón». Las vacilaciones que experimentamos al intentar traducir ese término, la forma en que los dos sentidos, el afectivo y el intelectual, se funden en él sin fundirse completamente, como si estuviese en perpetuo vaivén entre uno y otro, constituyen precisamente el sentido (los sentidos) de sentir".
Entre las fuentes de información que habrán estado cerca de Octavio Paz habrá destacado esta otra declaración estético-religiosa, El "Libro del té", de Okakura Kakuzó, publicado orginalmente en 1906. Para los entendidos, la estética japonesa no se puede entender si no existe una actitud de profunda transformación interior. Este pasaje pone algunas notas de fondo para el ejercicio de los occidentales, a veces por demás infructuoso, de entender una estética diferente:
"El salón de té era un oasis en el lúgubre desperdicio de la existencia donde los fatigados viajeros pudieran reunirse para beber de la fuente común de la apreciación del arte. La ceremonia era un drama improvisado cuyo argumento se tejía sobre el té, las flores, las pinturas. Ni un solo color que perturbara el tono de la sala, ni un sonido que estropeara el ritmo de las cosas, ni un gesto que se entrometiera en la armonía, ni una palabra que rompiera la unidad del entorno; todos los movimientos ejecutados simple y naturalmente: éstos eran los objetivos de la ceremonia del té. Y, por extraño que parezca, a menudo era un éxito".
Las notas introductorias de Paz en "Sendas de Oku", de Matsuo Basho (editorial Atalanta, 2014) y las reflexiones de Kakuzo en "El libro del té" son, si acaso, una puerta. Una que se cerrará en las narices de quien considera que solo la civilización occidental puede parir estética o una que se abre para comprobar que no hay un solo lente.


* Engouement: del francés, entusiasmo
** Imagism: Un movimiento en Inglés de principios del siglo 20 y la poesía americana que buscaba claridad de expresión a través de la utilización de imágenes de gran nitidez.


Con esto me despido, hasta pronto.

P.D.: Este artículo fue revisado y nutrido en mayo de 2016.

martes, 20 de mayo de 2014

El coloso espiral de Naruto

Encantado de saludarles:

En pocos lugares del mundo se puede ver de manera tan evidente un remolino que se forma por el choque de dos colosos. Quizás la mejor tribuna para este espectáculo es Naruto, un pequeño pueblo al sur del Japón.
Se le conocen como los remolinos de Noruto y se producen en un pequeño canal que separa las islas de Shikoku y Awaji. Allí chocan las poderosas mareas del océano Pacífico y del Mar Interior del Japón y se produce este efecto impresionante.
Los remolinos suceden en cada cambio de marea, por eso es posible mirar este fenómeno cada seis horas y dura entre una y dos horas. Son más grandes en verano que en invierno, pero las mareas de primavera producen cada dos semanas unos remolinos enormes. En condiciones normales puede tener veinte metros de diámetro y el agua puede fluir a veinte kilómetros por hora.
Este es uno de los mayores espectáculos que ofrece la naturaleza y es posible mirarlo de dos maneras: desde un barco (no se ha reportado ningún peligro de navegar junto al torbellino) y el trayecto a piés por el puente que une las dos islas. En espacios distribuidos periódicamente se remplazó el piso normal por vidrio y se puede mirar el remolino desde una altura de 45 metros.
La gran revelación, sin embargo, fue publicada hace poquitos días:













lunes, 12 de mayo de 2014

La ruta pedregosa de Shinzo Abe

Vuelvo a tener el placer de saludarles.

Estaba buscando información y he entrado a la página en español de BBC Mundo. Quería saber algo más sobre las reformas que está ejecutando el gobierno del primer ministro Shinzo Abe, pero la mayoría de información no mira los aspectos estructurales de lo que sucede, sino una que otra noticia suelta sobre el conflicto contra China y Corea.
¿Qué está haciendo Shinzo Abe? Lo sé, está trabajando sobre dos ejes fundamentales: reformas a la economía japonesa para sacarla de un estado de abulia (las conocidas “Abenomics”) y una reforma constitucional para que Japón pueda tener ejército. ¿En qué está pensando para meterse en dos rutas tan pedregosas?
Para comenzar por el final, la Constitución que impuso Estados Unidos durante su ocupación del Japón dice claramente que es un país de paz y por tanto se le prohibe expresa, taxativa y absolutamente tener nada que no sea una fuerza de autodefensa. Estados Unidos dijo que se encargará de la seguridad exterior de Japón, que no le harían falta ni barcos ni fusiles.

Fotografía tomada de: http://www.csmonitor.com
Esta decisión fue el punto final de una historia nacional de expansión excesiva y  significa mirar un poco más atrás en la historia. Una de las razones por las que se inició la llamada Restauración Meiji (ver una explicación más completa aquí) fue que la economía nacional había logrado un nivel de desarrollo que había saturado el territorio nacional y ahora necesitaba ampliarse. Había que ir más allá del mar.
Más allá estaban, principalmente, China y Corea. El ejército japonés fue hasta donde quiso ir e hizo lo que quiso hacer en su ruta hacia el oeste. Pero cuando decidió mirar hacia el este… Los sueños expansionistas terminaron con dos bombas atómicas y una constitución impuesta que le prohibe tener ejército.
En este momento, el país necesita tener cierta capacidad persuasiva, pues soporta dos conflictos de propiedad insular, uno de los cuales tiene características harto complejas: la disputa por la soberanía de un conjunto de pequeñas islas, casi unas rocas que apenas sacan la cabeza en el Mar de Japón, las islas Senkaku.
Habían estado bajo soberanía nipona sin que a nadie le importara su existencia hasta que se descubrieron yacimientos minerales en el lecho marino. Como en las novelas negras y en las historias de herencias, aparecieron varios dueños por aquí y por allá.
Uno de esos China, país que estableció una Zona de Identificación de Defensa Aérea que incluye las Senkaku; Japón delimitó la suya y se formó una intersección altamente peligrosa.
China, grande cuantitativamente en muchos aspectos, alzó la voz a la pequeña nación con la que ha mantenido algunos conflictos -y comparte buena parte de la historia- y Japón fue a golpear la puerta de Estados Unidos, para reclamarle su oferta de proteger sus fronteras de amenazas internacionales.
Pero cuando Estados Unidos miró el tamaño del insolente que había retado a su socio… En América Latina hay muchas formas de expresarlo, pero digamos que se lo pensó mejor antes de él también alzar la voz. El amigo y socio de Japón, el más fuerte del barrio, en este conflicto particular decidió no mostrarse beligerante.
Los más arriesgados encuentran una explicación en un actual reacomodo de fuerzas. Estados Unidos es un imperio decadente y China es un imperio emergente, pero los dos viven situaciones que cambian con demasiada velocidad, no son privilegiados estáticos en un paseo de domingo. A los mejor el primero no termina de decaer ni el segundo de emerger pero hay indicios de algo parecido. Si tal cosa sucede así, a Estados Unidos no le conviene pelearse con China (además que las fuerzas de los dos destruirían el futuro de la Tierra y luego de un choque de colosos no habría qué gobernar).
Queda la sensación de que Japón sintió algo de decepción. Si su protector no lo va a hacer en la medida de las necesidad de los conflictos en el Asia será mejor tomar un par de previsiones. Llega, entonces, la propuesta de modificar la Constitución para que el Japón se permita a sí mismo armarse lo suficiente para disuadir a su vecino, que no para sostener un conflicto franco.
Al parecer, no habrá oposición suficiente para cumplir el largo, preciso y tedioso camino a la reforma constitucional. Como es obvio, no les gusta nada a sus vecinos que Japón tenga la intención de invertir más de USD 200.000 millones en los siguientes cinco años en armamento.
No sorprendería si ese dinero se queda en el archipiélago y más bien la industria local reconvierte procesos para que el negocio se quede donde debe y sea otro propulsor de la economía, sometida a una terapia que se ha denominado “Abenomics”.

Las reformas del futuro

A Japón le tomó cincuenta años transformarse de una nación asolada por los bombardeos en la segunda economía más grande del mundo. Ese, el posterior a la II Guerra Mundial, fue el segundo milagro de Japón. Antes lo había hecho y le tomó otros 50 años.
El mayor éxito es tener un país con una clase media enorme, con poder de compra y con deseos de hacerlo. En la medida que mantenga una economía así será un país cuyos ciudadanos apoyarán casi cualquier transformación económica.
Es posible decir que ha vivido las últimas décadas en una posición cómoda, instalado en el tope de las más poderosas economías del mundo. La ciencia económica dice que Japón ha vivido 20 años estancado, una definición técnica que no se expresa en la pérdida de bienestar de sus ciudadanos. Siempre han estado bien; de hecho, cada día están mejor.
Pero si Shinzo Abe quiere aumentar el poder de su país en la región tiene que revertir los datos gordos de la economía, fortalecerse y crecer, porque los resultados de la hasta ahora apacible convivencia de los dos competidores en el mercado mundial -EE.UU. y China- puede no durar mucho.
En contra de las prácticas occidentales, los japoneses se enorgullecen de dos virtudes: tienen paciencia y tienen confianza. Es decir, las reformas pueden tomar diez años y en ese tiempo todos empujarán el carro hacia la misma dirección, pero se asegurarán que sea el camino correcto.
Las reformas implican revalorizar las exportaciones con una devaluación del yen, impulsar la economía desde el ámbito fiscal e integrar más a la mujer como fuerza laboral permanente. Ya lo ha hecho, la dimensión de la economía nipona es tal que puso a temblar al mundo, sobre todo en lo que se refiere al mercado de divisas.
Mirando hacia afuera, Japón ha usado las ventajas de sus vecinos para su propio beneficio. Las inversiones niponas en China son fuertes y permiten a un número importante de productos ser competitivos en el mundo, de manera que tampoco hay interés por perder esa posición favorable.
Ahora y con más frecuencia se deben sentar en la misma mesa China y Japón. Shinzo Abe está pensando la manera estratégica cómo llevar a su país a un futuro en el que la competencia estará más cerca y su socio-protector podría estar menos dispuesto a jugarse por esa relación.
Los nipones son los únicos en la región que pueden equilibrar una expansión indiscriminada de China y, de todas maneras, para Estados Unidos siempre será fundamental tener a un buen amigo mirando lo que pasa en el barrio.

Shinzo Abe es el primer ministro y el suyo es el primer gabinete que ha durado más de quinientos días en el poder desde la II Guerra Mundial, en un país que cambia sus autoridades políticas con frecuencia pero sin que el país sufra un traspié. A lo mejor la historia le ha colocado en este lugar para relanzar el Japón al futuro. A lo mejor él se ha creado su propia historia.

Estoy con ustedes muy pronto. 

Esta nota se ha añadido varios días después de la publicación de este artículo.

Hernán Aguirre es un ecuatoriano que obtuvo un doctorado en Japón, ejerce la docencia en la Universidad de Shinshu de este país. Ha colaborado con alguna información valiosa que alimenta sin duda la discusión planteada:
1.- Un artículo de CNN titulado "Inside Japan's invisible army", en el que defiende la teoría de que Japón es uno de los países que mejor se ha armado, pero con gran discreción. El artículo se lo puede leer aquí.
2.- Mitsubishi Heavy Industries producía el afamado Zero. En la actualidad su avión de combate insignia es el Mitsubishi F-2 [2], producido en sociedad con Lockheed Martin. Hasta el momento se produce exclusivamente para el gobierno Japonés. Gran parte de las armas que usa este avión de combate, radares especiales, etc, son producidas por Mitsubishi y otras compañías japonesas. Esta tecnología usada para el MF2, y otra tecnología militar, se exporta bajo las Políticas de Exportación de Armas del Gobierno Japonés que se puede consultar aquí. Son precisamente estas políticas las que Abe quiere cambiar, levantar restricciones, y financiar investigación con propósitos militares. Quiere crear una agencia equivalente a lo que es DARPA en los Estados Unidos. Quiere poner las universidades y las mejores mentes de este país a competir por fondos de investigación para desarrollar tecnología y aplicaciones que beneficien a la industria de las armas.