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lunes, 27 de octubre de 2014

La naturaleza indómita de Japón



Me da mucho gusto saludarles y volver a estar con ustedes.

Hay un doble sentido en el título. Puede entenderse como la imposibilidad de domar la naturaleza de los japoneses, quienes se aferran una identidad que tiene muchos vértices incomprensibles para los occidentales.
Pero este no es el tema de hoy. La naturaleza tal cual, aquella a la que rinden respeto, veneración y a la que ofrendan y rezan a través de los ritos shintoístas, la naturaleza compuesta por la poesía pura del monte Fuji al fondo de un paisaje de sakura en flor, la satisfacción plena de una persona flotando en el agua proveniente de una vertiente termal, el mar que abraza las islas con cariño maternal.
¡O que las estrangula! El archipiélago de Japón está ubicada en la zona más caliente del Cinturón de Fuego del Pacífico, aquella que provoca áreas de tremenda inestabilidad por el choque de las descomunales placas que están en el subsuelo. Normalmente el cinturón provoca un choque de la placa marina con la continental.
Pero en Japón se unen las placas que vienen literalmente de los cuatro puntos cardinales, son Euroasiática, placa Pacifica, la pequeña placa de Filipinas y también pequeña placa de Ojotks. Las cuatro se juntan exactamente en el centro de la isla principal.
Bajo la tierra de esta cultura milenaria hay un relajo de proporciones que se expresa, básicamente, en fenómenos naturales que en este país se amplifican: volcanes en actividad constante, terremotos y los tsunami, que son un efecto de los anteriores.
Eso no es suficiente, al menos cuatro meses al año acoge los vientos y las lluvias abundantes de los tifones, que cada vez son más grandes.

Foto tomada por el astronauta Alexander Gerst (ESA)
Para comenzar por el final, hay algunas referencias relativamente confiables que predicen que el calentamiento global provocará, entre una gama indeseablemente amplia de efectos, el desarrollo de tifones mucho más fuertes de los que ya suceden ahora.
Según creo entender, las tormentas tropicales nacen en el sur del Pacífico y se mueven hacia el norte, para encontrarse con Asia. Normalmente, mientras más viaja hacia el norte se encuentra con aguas más frías, que los debilitan. Ahora, últimamente, el agua está más caliente, de manera que los fortalece.
Katada Toshitaka es profesor de la Escuela de Posgrado de Ciencias e Ingeniería de la Universidad de Gunma y director del Centro de Investigación para la Prevención de Desastres en la Zona Metropolitana de Tokio.
En un artículo publicado por nippon.com (que lo puede leer aquí http://www.nippon.com/es/in-depth/a03502/) afirma que le preocupan mucho la mayor frecuencia de los tifones, la inusitada intensidad y la poca preparación de la población para enfrentarlos.
“Las elevadas temperaturas de los mares -dice el profesor Toshitaka- evitan que los tifones se debiliten, por lo que es cada vez más habitual que los tifones sigan en proceso de expansión al llegar a Japón. Si esta situación se mantiene, hay muchas probabilidades de que Japón se vea afectado por tifones gigantes en un futuro cercano”, escribió.
Agregó que “El tifón número 8 que afectó Okinawa en julio de este mismo año, por ejemplo, era de dimensiones titánicas. Ante la previsión de que siguiese expandiéndose, se emitió una alarma especial, pero afortunadamente el tifón se estancó (el 7 de julio alcanzó una presión central de 930 hPa). Los posteriores tifones 11 y 12 también trajeron intensas lluvias”.

Volcanes activos en Japón, mapa de la JMA
En estos días fue desoladora la noticia de las muertes a causa por una explosión freática en el volcán Ontake, que sorprendió a todos (explosión provocada por el contacto del magma con agua de la superficie). En términos generales, se conoce que se puede prever un comportamiento anómalo de un volcán porque hay cambios tanto en la sismicidad como en la forma de la montaña. Pero esta explosión emboscó a unos 2.000 ascensionistas que había subido al volcán, atraídos por esta muy popular ruta deportiva y religiosa y 57 no pudieron salir vivos de la lluvia de ceniza y de los gases tóxicos.
Hay otro dato, alejado en dramatismo y distancia, que es una evidencia visible de la intensa actividad de los volcanes japoneses: en noviembre de 2013 apareció en el aguas nacionales japonesas un pequeño punto, un volcán enano en actividad frenética. Cuando fue descubierto era un botón en el mar de unos 200 metros de diámetro. Un año después tiene ya un área de 673 metros cuadros y ya ha sido incorporado al mapa nacional japonés.
Vamos por más: hay una clasificación, más o menos aceptada en el mundo, que es el Índice de Explosividad Volcánica (VEI por sus siglas en inglés). El índice califica con 0 a erupciones fuleras y con 8 a las mega explosiones de los supervolcanes. En el tope de la lista, los que tienen VEI-8 son solo cuatro y la encabeza la erupción de la montaña Toba, en Sumatra, que provocó la Edad del Hielo.
Luego, en el punto más alto de las erupciones VEI-7 está el monte Aso. Es un supervolcán que tiene una caldera de unos 350 kilómetros cuadrados y que está en calma, por ahora.
Pero, lo sucedido con el volcán Ontake disparó alarmas, unas sensatas que se preocupan de las explosiones “de guerrilla” (se refiere a esta actividad que parece una emboscada) y otras que van más allá de lo razonable. “No es una exageración decir que una erupción volcánica colosal dejaría Japón extinto como país”, dijo el profesor de Ciencias de la Tierra la Universidad de Kobe, Yoshiyuki Tatsumi, y profesor asociado Keiko Suzuki, citado por muchos medios de comunicación.
La lógica de estos catedráticos es sui géneris. Consideran que cuando se produjo el terremoto de Kobe (1995, 7,3° en la escala de Ritcher) había un 1 % de probabilidades de que suceda.
Igual porcentaje de probabilidades hay de que se produzca una erupción catastrófica. Esta información apareció pocos días después de que la prensa afirmara que existe la posibilidad de que hagan erupción otros de los más de 100 volcanes activos que existen en el archipiélago.


Monte Fuji visto desde el lago Ashi
Verdad de Perogrullo, todo volcán activo puede hacer erupción, pero en el monitoreo que realiza la Agencia Japonesa de Meteorología (JMA por sus siglas en inglés), ninguno muestra un comportamiento anormal. El Ontake tampoco mostró nada antes. Ni el Fuji, el volcán más alto del Japón, patrimonio de la humanidad y montaña sagrada del Japón.
Ahora, la reflexión final del profesor Toshitaka es que los nipones están bastante bien preparados para enfrentar terremotos y tsunami (como quedó demostrado durante los eventos de marzo de 2011), pero poco para tifones cada vez más fuertes y volcanes cada vez menos previsibles.
Son tantos y tan frecuentes los fenómenos naturales de este archipiélago que les queda poco tiempo para pensar en “dominar” la naturaleza, en el sentido más capitalista de la idea. Intentan convivir con ella y estar todo lo bien preparados que se pueda para lo que venga. Que puede ser mucho.
Lo que vence en Japón es la solidaridad. Contra eso no hay fuerza natural que prevalezca.


Ya mismo esto con ustedes para contarles otras historias.

miércoles, 22 de octubre de 2014

Cuando el licor no es un problema moral

Vuelvo a saludarles e insisto en agradecerles por estar aquí.

La imagen es épica: el jefe de una oficina gubernamental se ha quedado en camiseta interior, su camisa blanca salió disparada a cualquier esquina. La corbata negra es una banda que medio sostiene los caballos cortos y en parte plateados. ¡乾杯! (¡Salud!).
Sobre la mesa hay vasos de diversa capacidad, botellas de variado color, ceniceros repletos de filtros diferentes y los restos de abundantes frituras. Esas son las evidencias de que se está cometiendo “nomunicación”.
Esta palabra es una combinación de japonés y español. A pesar de que se utilizó originalmente la unión de japonés e inglés, el efecto es el mismo: ata el japonés nomu que significa bebida y el español comunicación (o el inglés communication). A ver si hasta el final se consigue una definición acertada en base de las siguientes pistas.
Un artículo publicado en este espacio (active este vínculo para leerlo) abordó la inasible ambigüedad japonesa, famosa, indefinible, fundamental en la identidad de los nipones, “la ambigüedad, entendida como falta de precisión, una veladura que provoca incertidumbre, dudas, confusión. Unas palabras dichas por un japonés, en general, no deben leerse con ojos literales”.
Ese probablemente es el antecedente más profundo, una actitud doble que tienen la mayoría, que es socialmente aprobada y practicada, se actúa a sabiendas de que hay dos japoneses en uno, es un individuo el que habita en la intimidad y otro el que tiene las herramientas para integrarse a la sociedad.
En el idioma japonés hay una palabra para definir los sentimientos internos y otra la conducta social. Solo ese hecho, el de haber creado términos específicos, ya implica aceptar la complejidad y la rigidez de los protocolos que determinan la ambigüedad.
En ese sentido, honne es el término que se refiere a los sentimientos y pensamientos de una persona como ser individual, son parte de la esencia íntima, un territorio casi absolutamente inexpugnable. Mientras tanto, tatemae es la palabra que designa a la conducta social, la manera cómo se espera que una persona actúe o se comunique. 
Ha llegado el final de la jornada de trabajo. Cada departamento de un enorme conglomerado corporativo es una célula; el jefe ha dicho que sería bueno compartir unos momentos de relajamiento. Todos los jefes han dicho lo mismo. En el término de minutos se llenan todos los locales de Tokio y de las grandes ciudades, los izakaya (bares en los cuales el cliente puede comer y beber todo lo que le quepa durante dos horas a cambio una pago cómodo). Las mesas se decoran enseguida de tragos y comida, hay mucho humo de cigarrillo.
Unos minutos antes todos eran unos fieles servidores, unos salarymen que han recibido y sostendrán una larga tradición de fervor por su trabajo, al que se dedican con disciplina, responsabilidad y un respeto casi religioso por las jerarquías. El estrecho lugar de trabajo es una fortaleza en donde pervive su identidad de honne, el encogimiento del espíritu, el blindaje para cerrar el espacio en el que se sienten cómodos.
El jefe alza la copa, recita un conjuro tan simple como “Bueno muchachos, el trago está servido, buen provecho.” y comienza a obrarse la mutación hacia el tatemae, el japonés social, el que habla sin entrelíneas, que es capaz de ponerse la corbata en la cabeza.
El licor es un lubricante que permite que eso suceda. Pero, también, el trago -o el uso del trago o el trago como camino hacia allá o el trago en sí mismo, como se le quiera poner- es uno de tantos protocolos que son exclusivos de la cultura nipona. Para muchos, es una parte de sus responsabilidades para la vida social. Los ocultos mecanismos de la “nomunicación” han comenzado a actuar.
Hay un acuerdo implícito en el sentido de que la “nomunicación” refuerza la mentalidad corporativa de los empleados. En muchos sitios en internet se lee esto: “'La cultura empresarial y política del país ha dependido durante mucho tiempo de alcohol para suavizar las diferencias entre jefes y subordinados o entre las partes en una negociación', según palabras del señor Noriaki Nozaki, director general de Alcohólicos Anónimos de Japón"; la entrevista sucedió en 2009.
El New York Times publicó un reportaje en el que se lee:  “'Beber es parte del trabajo’, dijo Satoshi Miyazaki, un empleado de una agencia de publicidad de Tokio quien dice que acompaña a su jefe de sección a un bar la mayoría de noches de la semana. ‘Si el jefe invita, no te sientes cómodo negándote’… ‘Usted dice cosas que no podría decir en la oficina’, dijo Miyazaki, de 32 años. ‘Por la mañana, nadie está en su contra’”.
Es decir, parte de la cultura también es saber ser tolerante con las opiniones libres y sin prejuicio de los subalternos de la oficina durante la “nomunicación”, en contraposición con la relación vertical, hasta de severidad paternal, durante las horas de oficina.
Muchos de estos principios se aplican también a hacer negocios. La “nomunicación” es una muestra de la madurez a la que ha llegado una relación empresarial. Como es conocido, llegar a un acuerdo de intercambio de bienes o servicios tiene un ritmo peculiar en Japón. En última instancia, más importante es establecer lazos de confianza duraderos con un cliente que los mayores o menores beneficios económicos inmediatos que se consigan. En ese sentido, llegar a beber con los candidatos a asociados es una muestra de que se tienen confianza y el negocio puede hacerse.
Pero hay algo más, una realidad que se dimensiona poco: un japonés necesita ser parte de un grupo. La mayoría son tímidos, reservados, prefieren su propia compañía. Sin embargo, su lado social les impele a ser parte activa de un grupo. En la mayoría de los casos, la oficina, sus compañeros, su jefe reemplazan inclusive a la familia en la que, por tradición, son escasas las muestras de cariño.
Ser parte del grupo es jugar en un equipo
que valora sus aportes para ganar un partido. Esa necesidad es la que ha causado, en parte, que sea un pueblo profundamente solidario, responsable y respetuoso, provocó al menos dos milagros económicos que el resto del mundo trata de emular, con poca suerte y ha salido de cuanto desastre natural le ha caído encima.
Entonces, la etiqueta del ser grupal manda que se practique la “nomunicación” y lo hacen con el mismo afán que cumplen con su trabajo diario, con la misma decisión con la que aportan al desarrollo de su país.
Pero bien, tarde o temprano había que llegar aquí: la “nomunicación” es una expresión cultural y no un problema de salud pública, como lo han calificado medios de comunicación occidentales
Es necesaria leer esta declaración: "Incluso después de todas las cirugías y los accidentes de coche, nunca se me ocurrió que (mi papá) era alcohólico, los médicos no utilizan la palabra”. Estas son las expresiones de la hija de un hombre que estrelló su automóvil contra un poste, que lo había hecho antes y que ha debido recurrir a los servicios de salud. Esta opinión publicó la corporación de comunicación Bloomberg, que analizó el impacto del alcohol en la economía del Japón.
Según sus datos, alrededor del 4 por ciento son considerados  alcohólicos (7,4 % en Estados Unidos). Además, cita un estudio realizado en 1993 por investigadores de la Universidad de Tokio que concluye que el costo anual del tratamientos médicos y la pérdida de productividad debido al abuso de alcohol llega a USD 68.000 millones.
A pesar de estas estadísticas, con las que tanta dicha se cosecha en occidente, la “nomunicación” para los japoneses no es un asunto que deba formar parte de la discusión de los problemas nacionales y, por supuesto, tampoco de la cotidianidad familiar o grupal.
Tras un reciente estudio se llegó a la conclusión de que el 66 % de japoneses considera que beber alcohol es moralmente aceptable; el 6 % piensa que es moralmente inaceptable y el 25 % opina que no es una cuestión moral. No hay tema de discusión.
Tanta tela que se ha cortado que cada vez es más difícil hacer una definición exacta, pero estas son las señas particulares.
Se ha terminado la sesión, que normalmente no se extiende mucho. Algunos se acomodarán la corbata antes de salir, irán formales por los pasillos largos de las estaciones del subterráneo aunque caminando en zigzag. Y al día siguiente, muy temprano, harán deporte. Y seguirán siendo integralmente japoneses, para desazón de los incrédulos.

Estaré gustoso de encontrarme con ustedes en un futuro cercano.

viernes, 10 de octubre de 2014

El sake y la confusión universal sobre el licor japonés

Vamos a ver, ya estoy de vuelta:

Sucede mucho en occidente que por un afán de maquillar la realidad para aparecer como el gran experto de culturas "exóticas" se termina por arruinar la historia, la realidad, el idioma y hasta a las personas.
El tema de hoy no es tan grave, pero es un buen ejemplo. ¿Cuántas veces escuchó decir que el sake es un vino de arroz? Yo hasta me embriagué pensándolo y busqué en el vademécum inmediatamente para saber qué aplicar para aplacar la resaca de un bendito vino de arroz.
Esta es una cadena de errores. En occidente se cuenta con mucha arrogancia que en la noche fue a comer sushi y se embriagó son sake. La verdad es, con casi absoluta seguridad, que comió rollos de arroz inventados en California y lo que tomó fue nihonshu. Es que en japonés sake significa licor, trago. La propia Real Academia Española de la Lengua cae en este error común y define al sake como "bebida alcohólica obtenida por fermentación del arroz". Comete una falta por acoger la costumbre occidental de nombrar las cosas como a bien tengan y desechar la etimología y la realidad de otros países.
Siendo que sake significa licor, los sake más comunes son el nihonshu y el shochu, dos bebidas diferentes que en occidente se denominan con el genérico erróneo de sake. Por ahora, trataremos de hablar básicamente del nihonshu.
Las referencias históricas más antiguas datan de hace 2.000 años en vestigios editoriales guardados en China. Una evidencia que se puede considerar como fundamental es la mención que se hace de esta bebida en el Kojiki. Este libro cuenta le origen mítico del Japón y tuvo, según analistas, una intención política: demostrar el origen divino del emperador y confirmar a los sogunes como los legítimos tenedores del poder.
En uno de los pasajes fundamentales del Kojiki sucede lo siguiente: el dios Susano-no-mikoto es el hermano de Amaterasu, la diosa del sol, la que creó el archipiélago japonés. Susano se encuentra con una pareja de ancianos que sollozan. Le cuentan que tendrán que entregar a la última de ocho hijas al dragón de ocho cabezas, que la reclama como sacrificio. Siete habían sido ya devoradas al dragón; Susano acordó con los ancianos que si lograba salvar a la hija la convertiría en su esposa. En el lugar del sacrificio, colocó un enorme barril de nihonshu en cada una de las ocho puertas por las que el dragón introducía cada una de las cabezas. Llegó la bestia, se bebió todo, enseguida se desplomó como el más miserables de los dragones ebrios y Susano cortó, cercenó, partió y abrió todo lo que quiso. Sin embargo, la espada se rompió cuando trató de introducirla en la mitad del cuerpo del dragón. Dentro de la bestia encontró, entonces, la gran espada, que dio como regalo a su hermana Amaterasu, una espada que es parte de los tres tesoros nacionales del Japón: la espada, el espejo y la joya.
No hay mucho más que decir sobre la historia del nihonshu, salvó que tuvo una vida similar a la de los licores del mundo y sus relaciones con el poder: estancos, aranceles, aduanas, contrabando. Pero, además, hubo un constante perfeccionamiento, un trabajo cotidiano por mejorar, muestra de una de las actitudes más notables de los japoneses.
La producción de nihonshu es mucho más parecida a la de la cerveza. Vale la pena decir que la mayor parte del arroz que se cosecha en Japón es para comer (unos 50 millones de toneladas al día) y un porcentaje menor para fermentar el licor.
No compiten entre las dos gramíneas, porque son variedades diferentes, pero sí compiten por el uso del siempre escaso espacio físico para sembrarlo.
El sakamai, arroz para nihonshu, crece en determinadas zonas y su producción demanda de la aplicación de técnicas de cultivo especiales. En 2010 se registraron 95 tipos diferentes de arroz para preparar nihonshu, el arroz es la única materia prima para elaborarlo.
Por otro lado, más del 80 por ciento del país es montañoso, llueve mucho y los ríos y riachuelos se colman de un agua pura que se nutre en su descenso hacia el mar. En general se busca la que se conoce como agua semi-dura, aquella que tiene bajo nivel de hierro y manganeso. Afortunadamente, el líquido con esta composición es abundante en el territorio japonés.
La elaboración del nihonshu comienza cuando termina la cosecha de arroz de otoño. Es más, muchos de los labradores que no tendrán nada que hacer hasta la siguiente época de siembra van a trabajar a las fábricas de licor.
El arroz primero se pila, luego se lava el afrecho, enseguida se deja reposar hasta que absorba una proporción de agua equivalente a la tercera parte de su peso y entonces se lo cuece. Entonces viene lo complicado: una parte será invadido por los koji. Se trata de unas enzimas microscópicas que convierten el almidón en una sustancia semejante al azúcar y que se mezcla con levadura para que se fermente.
Entonces queda claro por qué se parece más a la cerveza y de ninguna manera a los licores destilados, aunque se una líquido de una transparencia tan seductora como la del vodka.
En 1898, cuando el emperador liberó la posibilidad de instalar fábricas de sake, se registraron unas 30.000, una explosión febril que poco a poco fue tamizando a favor de las más persistentes. Se los conoce como kuramoto y actualmente funcionan unos 1.300; el kuramoto más antiguo ha producido nihonshu de calidad desde hace 850 años.
Hay quienes dicen que los kuramoto cumplen una función de defensa del medioambiente, pues alientan la producción de arroz y son los principales protectores de las fuentes de agua.
En los kuramoto tienen un trabajo especial los toji, quienes son los encargados de garantizar la calidad de la producción de nihonshu.
El primo hermano del nihonshu es el shochu. Es un sake destilado y no fermentado; tiene más grado alcohólico; se basa en varios productos, no solo en el arroz (papa dulce, cebada, alforfón, caña de azúcar); se afecta menos con los cambios de temperatura y casi no varía con diferentes sistemas de almacén.
Barriles de nihonshu a la entrada del templo de Meiji-jingu.
El nihonshu, en cambio, mientras más fino es más frágil a los cambios de temperatura y a la luz solar. La mayoría de botellas en las que se envasa son de cristal café o verde para evitar el paso de los rayos ultravioleta que pueden degenerar el sabor. Y, los más finos especifican en la etiqueta la temperatura a la que debe ser bebido para encontrar su verdadero espíritu.
La mayoría de las variedades de nihonshu son transparentes debido al uso de filtros de carbón activo. Si es una variedad cuya virtud es haber sido añejado, adquirirá un tono entre dorado y ámbar. La temperatura ideal para almacenarlo es 15 °C.
El nihonshu debe beberse mientras se come. Funciona como un potenciador de sabores y, en caso de que se coma pescado, eliminar el olor y modera el sabor salado.
La próxima vez, mire bien la etiqueta: los siguientes kanji 日本酒 significan nihonshi. Si el que tiene al frente es 酒 vaya prevenido que puede ser cualquier licor. De manera que, ¡a fijarse bien!

Salud, que disfruten de su nihonshu.

sábado, 4 de octubre de 2014

La lazona adultez del Shinkansen

¡Estamos de cumpleaños, bienvenidos al festejo!

El cumpleañero es el Shinkansen, cuyo apodo es "tren bala", un ícono del Japón como país que está a la vanguardia de la tecnología, del servicio, de la disciplina y del desarrollo.
El primer tren de alta velocidad cumplió cincuenta años y es uno de los referentes más importantes del servicio de transporte terrestre del mundo. Y puede competir con el aéreo. Veamos.
En 1964 corrió a toda velocidad por primera vez el Shinkansen en la ruta que une las ciudades de Tokio y Osaka, utilizó las rieles de uno de los más antiguos trayectos del sistema ferroviario japonés. Y esas rieles se colocaron sobre una de las más antiguas vías que unían las dos ciudades más importantes del Japón: la Ruta del Mar Oriental (Tokaido).
En 1889, cuando todo el país corría para alcanzar  el desarrollo, se unió por primera vez las dos ciudades con rieles de tren. Había una frecuencia diaria y la locomotora transportaba a los pasajeros en 20 horas: era una experiencia vertiginosa, porque lo contrario significaba viajar a caballo, con suerte ser llevado en palanquín y en el peor de los casos caminar los 500 kilómetros que separan a las dos ciudades.
Japón estuvo listo y comenzó la construcción de las vías para el primer tren bala antes de la II Guerra Mundial. Cuatro años después de la rendición se reiniciaron los trabajos que fueron terminados unos días antes de los Juegos Olímpicos de Tokio.
El gobierno le puso todo el empeño a la construcción, a pesar de una oposición que exponía dos argumentos, aparentemente incontrastables: el desarrollo de la industrias aeronáutica y el declive del sistema ferroviario de Estados Unidos.
Estados Unidos nunca logró tener un sistema de trenes de pasajeros moderno y Japón tiene uno que puede superar a la aviación. Cuando hay que viajar, por ejemplo, a visitar la preciosa Kioto, cualquier usuario toma en cuenta algunos factores.
El costo del Shinkansen es más alto que el de las líneas aéreas de bajo costo, pero se enorgullece de algunas ventajas. Para tomar un avión se debe viajar por lo menos media hora hasta el aeropuerto. Los trámites de verificación del pasaje, los filtros de seguridad y la anticipación que exigen las líneas aéreas puede sumar, en el mejor de los casos, una hora. El vuelo se demora aproximadamente una hora y aterriza en el Aeropuerto de Kansai. Entre salir del avión, salir del aeropuerto y llegar a Kioto pueden pasar una hora más. Son, en total, tres horas y media.
Para viajar en Shinkansen hay que llegar al anden de la estación, que está en medio de la ciudad, un minuto antes, el viaje se demora dos horas y media, y la estación de destino está en el centro de la ciudad.
Luego, el tren es más cómodo, más amplio, tiene áreas para fumadores, varios baños, una simpática mujer vende una gran variedad de comidas en un carrito que se parece al de un avión. Además, estar sobre la tierra y viajar a 300 kilómetros por hora es encantador.
Entonces, el Shinkansen se hizo popular. Tanto que desde que se inauguró la ruta Tokaido hace 50 años ha transportado a 5.600 millones de pasajeros, el equivalente a casi toda la población del mundo.
En todo ese tiempo no ha tenido colisiones ni descarrilamientos. Este es el primer dato del que sienten envidia las otras empresas de trenes de alta velocidad en el mundo. Una vez la locomotora de uno se salió de las rieles por culpa de un terremoto. Eso es todo.
El segundo motivo es la puntualidad. Una de las razones para que no se retrasen es que el Shinkansen viaja por una línea exclusiva, no tiene que sortear el tráfico de las vías. Se reportó en 2011 que durante todo el año los retrasos acumulados llegaban a 36 segundos. Maldita sea, eso es perfección. 
Luego, la comodidad. Los asientos son tan buenos como los de los aviones, cada fila puede girar 180° de manera que un grupo de cuatro pasajeros pueden mirarse a los ojos o si se cansan volverlas al lugar original. Es prohibido hablar por teléfono móvil, para eso hay lugares específicos. En contra de la tradición europea de tener un vagón-cafetería, por el pasillo del Shinkansen se pasea una mujer con comidas tradicionales, café caliente y toda la amabilidad posible.
Estos trenes tiene un mecanismo especial para evitar las vibraciones, un revolucionario
sistema de seguridad que detiene automáticamente a estas balas en pocos segundos cuando existe una alerta de terremoto. Y, aunque esto último no depende de la empresa, los japoneses son silenciosos y respetuosos de los demás.
Por último, la limpieza. Cuando el tren se detiene en la estación final una cuadrilla de trabajadores está sobre el anden, hace una venia prolongada. Luego se colocan junto a las puertas de los vagones, tienen en sus manos grandes bolsas de plástico para recibir la basura que produjeron los pasajeros durante el viaje (un japonés jamás dejará la basura fuera del lugar que corresponde).
Cuando todos los viajeros se han ido se inicia lo que los más fanáticos e impresionables llaman show, teatro y hasta ópera: la limpieza interna del tren antes que inicie el siguiente viaje. En menos de 8 minutos todo está limpio y ordenado. Es, posiblemente, la tarea coordinada de limpieza más llamativa que se puede encontrar.

Es una mezcla eficiente de habilidad humana y precisión de los materiales. Tienen un cepillo que calza perfecto en la hendija que debe limpiar, incluso han desarrollado una escobilla que tiene unos sensores en la punta de los pelos para detectar cuando los asientos están húmedos. Ocho minutos después de iniciada la limpieza, el tren bala comienza de nuevo su trayecto de torpedo.
El mayor problema que ha tenido es el sonido fuerte que produce la alta velocidad. Hace 20 años los habitantes de las riberas de las rieles pidieron a las cortes que ordenen a la empresa que hagan algo con la bulla y la vibración. JNR, que fue trasladado de propiedad del Estado a la de seis empresas regionales, colocó barreras para contener la contaminación acústica y sistemas para evitar las vibraciones en los más de 2.000 kilómetros de línea férrea, que han dejado tranquilos a los ciudadanos.
El Shinkansen no tiene ahora la más alta velocidad del mundo, pero, en conjunto, el sistema ferroviario de Japón es el más rápido. Se quedará corto en algo más de una década.
Se terminaron las pruebas del tren magnético de levitación que alcanzó una velocidad de 550 kilómetros por hora. Inmediatamente se inició el diseño y construcción de la vía exclusiva que utilizará en 2027. Cuando inaugure sus operaciones, igualará el tiempo de viaje de un avión en la famosa ruta Tokaido.
Por otro lado, y esto con tono anecdótico, inversionistas privados han anunciado que reinaugurarán las rutas nocturnas. El sistema de transporte público (buses, trenes, metro, aviones y barcos de pasajeros) de Japón funciona 18 horas al días. Entre las cero y las seis horas se realizan tareas de mantenimiento, de manera que el Shinkansen y todos los sistemas tienen una larga vida.
Se pretende ofrecer a los turistas trenes con vagones de lujo, que parecen las suites de un hotel para millonarios, con techos panorámicos, baños con tinas y lo que se pueda inventar en nombre de la comodidad.
Pero mientras todo eso suceda, desde las estaciones saldrán cada diez minutos balas sobre rieles que transportarán a miles de pasajeros que viajarán felices en el Shinkansen.

Actualización del 22 de abril de 2015: La compañia Japan Railway hizo nuevas pruebas y logró el récord de velocidad para un tren: 603 kilómetros por hora. El viaje entre Tokio y Kioto, que ahora toma dos horas y cuarenta minutos, se demorará solamente una hora con esta maravilla de la tecnología. Este enlace les llevará al video oficial.

Cada vez que digo su nombre me recuerda una sensación que es única. Deberían probarlo.