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miércoles, 30 de diciembre de 2015

2016, año de contradicciones

Al borde de final de esta vuelta al sol me encuentro de nuevo con ustedes, qué alegría de verles.

El problema del mono, en el horóscopo chino o asiático, es que sus actitudes, por estridentes, pueden interpretarse en más de un sentido: ahora es genial, ahora un fanfarrón. Con esa contradicción habrá que convivir el siguiente año.
Como es sabido, el chino es el horóscopo más antiguo del mundo (data de 3.000 años antes de la era cristiana). En el Asia son creyentes y seguidores de las predicciones y  tienen fe en los amuletos y los ritos, sobre todo entre los budistas y particularmente entre los shintoístas del Japón.
El país del sol naciente asumió hace más de 100 años el calendario solar gregoriano, es decir, el año comienza el 1 de enero, en contraposición del cálculo lunar chino, cuyo inicio del año es variable (el 8 de febrero de 2016 inicia, para ellos, el año 4714).
Si bien en términos generales los nipones utilizarán el conteo cristiano de los años (es decir, inicia, efectivamente, el año 2016), para fines oficiales la medición es diferente. Se cuenta los años de cada era y cada una de las eras corresponde a un emperador.
En todos los documentos oficiales aparecerá, a partir del 1 de enero, el año 28 de la era Heisei, que pertenece al actual Emperador Akihito, es decir que han pasado 28 años desde que Akihito fue entronizado.

El mono sagrado, del templo de Hie
Como es común, el primer día del año los japoneses acudirán a los templos y renovarán sus amuletos, muchos de los cuales tienen relación con el horóscopo. La historia del zodiaco en Japón no es tan antigua como en China, de donde proviene.
Según la página Japanses Buddhist Statuary, cuando el budismo llegó a Japón en la segunda mitad del siglo VI d.C., los japoneses abrasaron con empeño las enseñanzas budistas y el calendario del zodiaco. De hecho, fue adoptado oficialmente pocos años después. La popularidad del zodiaco en Japón alcanzó su punto máximo durante la era Edo (entre 1600 y 1868 d.C.); en ese entonces, cada uno de los 12 animales fueron relacionados con uno de las ocho deidades protectoras, que son patrona budistas: son cuatro custodios de los puntos cardinales principales y cuatro custodios de las direcciones intermedias (NE, NO, SE y SO); estas subdirecciones están relacionadas cada una con dos animales para completar los 12 animales.
Pero, bien, es la hora del mono y su característica japonesa de tener la dirección sur-oeste; pero, además, su relación con el elemento fuego. Las predicciones dicen que se viene un año estable pero con un flujo que no se detendrá, todo el tiempo se está fraguando algo o algo se está consumando. Las estridencias del mono generarán reacciones que provocarán una polarización de las opiniones: versátil, inteligente, curioso y creativo, por un lado, calculador, embustero y desconfiado, por el otro. 
El mono hará lo que esté a su alcance para divertirse, los momentos vacíos de goce, de acción, le agobian especialmente, pero ese empeño por montar la diversión y gozar en su lomo puede ser vista como una actitud molesta, ofensiva y maleducada. De hecho, el mono se molestará con quien no quiera seguirle el ritmo o cualquiera que pretenda contradecirle. 
Es hora de ir más rápido, ese es el ritmo que le gusta al mono, porque la velocidad trae consigo exuberancia, más posibilidades de diversión, de algazara. Por eso mismo, es preferible buscar un lugar silencioso para mirar el mundo fuera de la “hiperquinesis” del mono para tomar las decisiones correctas.
Pero, la realidad no es un cuento de hadas y la diversión del mono no es una sucesión de travesuras inocentes y asépticas, hay tantos problemas como personas que conocen y usan las artimañas para resolverlos.
Contradicciones, esa será la marca y las posibilidades solo dos: subirse al bullicios de la diversión del mono o ubicarse lejos para conseguir la quietud, esa donde se encuentra el equilibrio.


Nos vemos en 2016, será bueno para todos, sin duda.

martes, 15 de diciembre de 2015

Las caldas japonesas, dejarse acariciar por los dioses

Han llegado ya. Bien, vengan por aquí, acomódense.
Es mejor considerarlo como una de las pruebas cumbre para calificar cuán permeable es una persona con una cultura ajena. La comida suele ser el examen más común en el que una persona muestra su predisposición a integrarse, o a no hacerlo, a un país que visita y a una cultura que desconoce.
Pero en Japón la prueba de fuego no es comer pescado crudo ni desencantarse porque no existe el California roll, el reto es ir a un onsen, a los baños públicos termales que, a pesar de todo lo buenos que son, someten a las personas a la, para algunos, catastrófica necesidad de compartir una actividad social en desnudez absoluta.

El baño que está fuera de la construcción se conoce como rotenburo
Eso sucede en los onsen, baños termales que tienen unas características exclusivos del Japón. De inicio, el onsen es visto como un rito cotidiano para sostener el equilibrio del cuerpo y del alma, y también se puede ver como una muestra muy gráfica de los protocolos y las etiquetas a través de los que los japoneses se comunican.
Bien. El sitio Japonismo publicó una guía para comportarse adecuadamente en los baños y en ese artículo menciona que “El baño es muy importante para los japoneses. Si para el budismo el baño nos depura de los siete males y nos concede las siete bendiciones, para el sintoísmo es un rito de purificación y está claro que ambas religiones han influido en cómo los japoneses piensan respecto al baño”.
Por este hálito religioso y por la manera cómo se ha compuesto en el tiepo no debe ni puede considerarse un acto de higiene aislado, por un lado, ni solamente un encuentro de socialización, por el otro. Es un ritual de purificación, significa confiar en un factor externo que actúa para devolverle el equilibrio al cuerpo y, al tiempo, aprovecha las virtudes para bien del espíritu.

Personas que interactúan con respeto a la tranquilidad que buscan otros
Las estadísticas pueden ser útiles para entender la dimensión de esta práctica tradicional. El lugar Nippon publicó un artículo del médico Matsuda Tadanori, quien toma estadísticas oficiales que informan que en todo el territorio existen unas 27.000 fuentes de aguas termales. Estas fuentes expelen unos dos millones y medio de litros de agua por minuto, más o menos la cantidad de agua que caben en tres piscinas semi olímpicas cada 60 segundos. La misma publicación informa que “un 47 % de las aguas tienen tiene una temperatura superior a los 42 °”, calentura ideal para una buena calda.
Todas las fuentes son utilizadas para los onsen, pero hay otros tantos baños públicos que no tienen origen volcánico (se denominan sento) pero logran conseguir un efecto similar en base del uso de los mismos minerales.
El doctor Tadanori agrega que “Además, Japón cuenta con una gran cantidad de recursos hídricos procedentes de las precipitaciones que caen durante la temporada de lluvias y el paso de tifones, así como de las nevadas, lo que garantiza la abundancia de agua para las termas. Esto explica que desde tiempos antiguos, el pueblo japonés haya desarrollado una cultura particular de tratamientos termales, baños y caldas".
Es una tradición antiquísima. En este mismo blog se publicó un artículo (ver aquí) en el que se da cuenta de que, “Cuando comenzó a recibir clientes el hotel Nisiyama Onsen Keiunka, en el año 718, de tiempo en tiempo se escuchaban los cascos de los caballos y el golpeteo de las sandalias de madera de los caminantes que iban de Kioto a Edo (ciudad que después se llamó Tokio). Se les brindaba un lecho cómodo; un plato de arroz y sopa de miso; y, sobre todo, un baño de aguas termales, una de las más arraigadas tradiciones de Japón, que se conocen como onsen”. Nisiyama Onsen Keiunka es la empresa familiar más antigua del mundo, ha estado en las mismas manos desde hace casi 1.300 años.
En todo ese tiempo, las comprobaciones empíricas, primero, y las evidencias científicas después, confirmaron que el onsen tiene virtudes de higiene, de cosmética pero, sobre todo, de bienestar del sistema corporal. Para el médico Tadanori la clave está en los efectos contra la oxidación de las células.
“Las aguas termales, antes de salir a la superficie de la tierra, tienen propiedades reductoras, y puede decirse que sus sustancias químicas y valores están presentes en el proceso de desoxidación. El proceso de reducción consiste en reducir y reactivar las células del cuerpo humano susceptibles de sufrir graves enfermedades si se permite que la oxidación generada por las especies reactivas del oxígeno siga su curso. Prevenir la oxidación tiene también efectos antioxidantes”, afirma Tadanori-sensei en Nippon.
Por eso los baños son tan populares y por esa misma razón quien quiera tener una visión más cercana del niponismo deberá vencer los prejuicios y disfrutar de una experiencia en la que todos los seres humanos se ponen en el mismo nivel para dejarse acariciar por los dioses.
“…es además el lugar en el cual desaparecen casi por completo los rangos, la posición económica, los laureles intelectuales o las medallas de la farándula. Todos son hueso y pellejo”, se escribió hace varios años en este mismo blog, en el  artículo Cima y sima del pudor de un llamingo.

La zona de duchas: lavarse bien antes de entrar y después de salir
 Todos desnudos. Una de las reglas es que a la entrada hay una separación por género, motivado porque, pasada la puerta, todos van en pelota. Literalmente, es una relación social al desnudo.
Por otro lado, hay una serie de protocolos y etiquetas que no se pueden obviar. Probablemente todo gira alrededor del agua: es el espacio comunal donde todos comparten esta terapia integral, de manera que el agua debe estar perfectamente limpia.
Es necesario lavarse a conciencia antes de entrar en las piscinas. A todos los usuarios se les entrega una toalla de manos, que servirá para secarse el sudor del rostro. Obviamente, el sudor es sucio y a nadie se le ocurre enjuagar la toalla en las piscinas: esa agua es de uso comunal, es una mínima expresión de respeto por los demás, elimine el sudor en otro lado.
Los onsen normalmente tienen baños bajo techo y otros al aire libre. Es famosa la imagen de simios que, en invierno, no se aguantan las ganas de entrar en las aguas termales para recuperar un poco de temperatura corporal.
Las instalaciones complementarias son masajes, venta de comidas (y licor), y cuartos de relajación. Los más fanáticos recomiendan ir a un onsen antes y después. Antes y después de lo que sea, de todo.
Al parecer, el número de establecimientos está bajando, principalmente porque se ha desarrollado tecnologías para reproducir el placer del onsen en casa. Existen tinas con un sistema computarizado: se programa al mecanismo inteligente, el cual llena la tina tal cual como si fuera la piscina de un onsen tradicional famoso. Al final, una voz de mujer le dirá que su baño está listo: その温泉は準備ができています。
El doctor Matsuda Tadanori recuerda, en el artículo de Nippon, un escrito antiguo de su país: “En las crónicas Izumo no kuni fudoki (Topografía de la provincia de Izumo), cuyo origen se remontaría al año 733, se menciona Tamatsukuri Onsen, una zona de aguas termales situada en la actual prefectura de Shimane: “En esta aldea, manan aguas termales a la orilla del río. En el lugar donde brotan, coinciden hermosos paisajes del mar y la tierra. Hombres y mujeres, y ancianos y jóvenes van y vienen por la calle o caminan por la playa; se produce el mismo alboroto que en un mercado donde la gente se reune a diario, y todos disfrutan bañándose juntos y comiendo y bebiendo. Además, en estas aguas, si uno se baña una vez, su aspecto embellece; si se lava varias veces, sanará todo tipo de enfermedades. Desde tiempos antiguos, estos efectos se producen sin excepción alguna. Los hombres dicen que estas son aguas de los dioses.”
Si logra dejar los prejuicios junto con la ropa en los casilleros, es muy posible sentir las caricias de los dioses. Hay pocas cosas en el mundo tan reconfortantes.


 Unos días más y volveré a llamar su atención, hasta pronto.

miércoles, 9 de diciembre de 2015

Japón demuestra que es posible un país ordenado

Reciban un cordial saludo, es enriquecedor compartir con ustedes estas conversaciones.

Hay una regla no escrita en el Japón que se respeta con bastante frecuencia: quien se subió primero a un ascensor debe bajarse primero para, de alguna manera, hacer el intento de equilibrar el tiempo que están todos en el ascensor, que nadie sea perjudicado. Otra norma no escrita es que quien se sube primero se queda al mando de los botones para abrir la puerta cuando nota que alguien llega apresurado o para permitir que una persona que se colocó en la parte más profunda salga sin morir en el intento.
Una costumbre interesante es que el gesto para pedir paso se hace alzando hasta la altura del pecho la mano abierta del brazo izquierdo. Esa es la señal aceptada en el Japón de que una persona está solicitando educadamente que le permitan pasar.
A un japonés no se le ocurriría intentar entrar a un ascensor si hay alguien que está saliendo. Peor aún ir antes que quienes están en la fila. Tampoco se le ocurriría completar la operación de entrar, moverse y salir sin al menos agradecer una vez o hacer por lo menos una venia básica.
Una de las palabras más usadas es  すみません, disculpe, permiso. No es una sociedad que piense que decir cosas sea malo por sí, por lo que no tienen problema en pedir permiso y agradecer en voz alta, una práctica que resulta mucho más social que la de entrarle a codazos a todo el mundo para pasar a la brava.
Vista panorámica desde el edificio del Gobierno Metropolitano de Tokio
¿A qué vienen estos que por momentos parecen consejos de un mal libro de autoayuda? A que una ciudad de 38 millones de habitantes -según récord de la ONU- necesita, para sobrevivir, ciudadanos organizados. Y más, Japón logró formar personas que tienen bien metido en su corazón el respeto por lo otros.
Es posible que para un latino los códigos de orden y de respeto japoneses sean exagerados (es seguro que son un estorbo para los turistas chinos, que hacen todo lo contrario de lo que manda el sentido común). Sin embargo, es evidente que gracias a esa manera de ser, en una ciudad como Tokio, que tiene 14.000 habitantes por kilómetro cuadrado (el doble que Nueva York) se pueden encontrar sitios que guardan un aire rural, a pesar de estar en las entrañas de la megalópolis. O reserven un ambiente de recogimiento.
El templo de Hie en el corazón de Tokio
El templo de Hie ocupa la cima de un promontorio, que está rodeado por las avenidas supertransitadas del barrio de Akasaka, por edificios gigantes de oficinas y por algunas dependencias gubernamentales. Bien sea utilizando las escaleras eléctricas o haciendo el esfuerzo de subir las gradas de piedra flanqueadas de torii, el templo es una contradicción; es decir, cómo puede haber un lugar en el que se puede lograr un estado de contemplación en un paisaje en el que, más allá de las vigas coloradas de la construcción centenaria, hay una ciudad hirviendo; la capital de la tercera economía más grande del mundo no puede ser un hecho inmóvil, estático, gélido.
Esa misma realidad, la de una economía tan grande, que ha permitido construir una enorme clase media con alta capacidad de compra, sin embargo no ha redundado en aspectos negativos para la convivencia diaria.
Otra de las claves es la información, abundante y precisa
Es decir, si el ingreso familiar mensual es de unos USD 6.000, se supondría que una familia tiene suficiente dinero para tener uno o dos vehículos. Es difícil de imaginar a 30 o 60 millones de automóviles en las calles de Tokio.
No los hay. La autoridad, con la complacencia de la ciudadanía, tomó dos decisiones muy importantes. La primera es dificultar, en todo cuanto sea posible, la compra de un vehículo. Los precios de los autos son altos (tienen alta calidad); los departamentos no tienen garaje o estacionamientos, que no sean pagados (pueden costar USD 400 dólares al mes), la gasolina es tan cara como los peajes. De manera que tener vehículo es difícil, a pesar de los altos ingresos.
La segunda gran decisión fue tener el mejor transporte público del mundo. Tan bueno que no es necesario tener carro propio. En las vías urbanas no suelen existir embotellamientos (porque además son conductores respetuosos de los demás), pero sí se dan largas y lentas filas en las vías rápidas, las que unen al Tokio metropolitano con las ciudades satélite.
Los autos van, los pasos cebra son sagrados, se usan luces direccionales, los conductores de taxi cometen pericias increíbles como parece ser parte de su naturaleza, los buses son cómodos y el metro es de una puntualidad insoportable.
Yamanote es la línea de tren que circunvala la ciudad y es la que soporta más la carga de pasajeros. Los trenes pasan cada tres minutos y tienen 12 vagones. En las horas pico puede ser que se metan, a presión, a mucha presión, unas 200 personas por vagón. Muchos llegan a la estación de Shinjuku, que recibe al día más de tres millones de pasajeros. Pero no corren, no empujan, no se molestan, son correntadas de personas que caminan muy rápido y que harán fila para cambiar de tren o para subirse al bus o para tomar un taxi. 
En esas horas en las que millones de personas se movilizan hacia o desde resulta visible y verificable el efecto de haber trabajado sobre conceptos de respeto en la sociedad. En medio de una tensión suprema por cumplir con unos horarios se mantiene, sobre todo, la actitud de que el tiempo grupal es más importante que los atrasos personales.
Hace no mucho tiempo, el responsable de la oficina de prevención de desastres naturales de Minato, una de las administraciones de la ciudad de Tokio, comentaba que tienen dos planes claramente definidos: el de la mañana, en el que deben mitigar los efectos para unos 6 millones de personas, y el plan de la noche, para el que hay programas para unos dos millones y medio. La diferencia entre la una cifra y la otra es la cantidad de gente que se moviliza a trabajar en Minato. Es decir, todos los días entran y salen tantas personas como habitantes tiene Quito, por ejemplo.
A pesar de lo que se pueda pensar, los japoneses no nacen de un molde diferente. Es un país en el que es posible llegar a acuerdos de largo plazo y tienen la sabiduría de sostenerlos, a lo mejor la clave es que pueden mirar el largo plazo como un futuro realizable. El tiempo transcurre con una densidad diferente. 
Feligreses a la entrada del templo de Senso-ji
Desde hace décadas a los estudiantes se les enseña el valor del orden, de la organización, del respeto por los demás. Tampoco se les ocurrió un día que esa sería una buena idea. De alguna manera, es una reacción a la que ha sido empujados por un factor que es determinante en el país: los desastres naturales. 
Japón se bambolea encima de donde chocan cuatro capas tectónicas, ha sufrido las fieras patadas de muchos tsunami, tiene una centena de volcanes activos y cada año es golpeado por una veintena de tifones. Por eso, el país tiene que reaccionar de manera de aprovechar la fuerza de la unión de las personas como sistema central para mitigar los daños. 
Luego de un evento desastroso, a ninguno se le ocurriría comprar más agua de la que necesita, jamás se arrasa con los alimentos de las tiendas. Cada persona comprará una comida completa y probablemente la ceda si es que hay alguien que ha comido menos que él.
En el Japón, como es evidente, se ha demostrado que el orden tiene utilidad. Y mucha. Sirve para sobrevivir. Pero, implícitamente, sirve para ratificar el respeto que tienen por otras personas y por todos los seres vivos, una posición muy budista. 
El argumento final: las personas que habitan islas tienen una predisposición especial para ser solidarios, tienden a cuidarse porque no pueden huir, están sitiados por la inmensidad del mar. Eso les pone a todos en una posición similar, una igualdad sobre la que se fundamentan la solidaridad. 
Para muchos occidentales es exagerado el orden de Japón, suponen que no es necesario ser tan estrictos. Probablemente la única manera de entender este concepto de orden sea convertirse en japonés. Y eso es casi imposible. 

Me voy unos días, volveré pronto. Me encanta conversar con ustedes. 


martes, 17 de noviembre de 2015

La belleza de las japonesas está dentro

Por aquí estamos de nuevo, con otra dosis de historias; pongan atención.

Si las asiáticas son envidiadas por las mujeres del resto del mundo debido a su belleza, las japonesas son la envidia del Asia. Mujeres coreanas, filipinas o chinas harán lo que sea para conseguir parecerse a las niponas.
Sí, es cierto, esta bitácora se está metiendo en terrenos ajenos y movedizos, pero resultan evidentes los efectos sorprendentes del cuidado que tienen las japonesas consigo mismas. Y muchos japoneses también.
Andar de exploración para encontrar el origen de esta condición es apasionante. Cada sitio que habla de belleza cree desvelar el secreto milenario que nadie más sabe, pero resulta que la belleza de las japonesas es el resultado de muchos factores juntos, desde compotas caseras hasta actitudes cercanas al misticismo.
“Las japonesas aspiran a tener una piel blanca, pero con un tono que se asemeje más bien al de una bola que ha sido pulida. Este matiz de lo que entienden por una tez blanca es importante”, afirma Tomizawa Yoko, del Instituto Pola de Investigación en Belleza y Cultura. Piel blanca y sana. 

Hay un par de síntomas que son evidentes demostraciones de la admiración. La una es el hecho de presentar muchos programas de televisión en los que, entre vericuetos fantasiosos, la verdadera diversión es descubrir la edad de una mujer: se ve ejemplos sorprendes de lo bien conservadas. La segunda, es difícil soportar el impulso de topar con la punta del dedo el rostro de una mujer en el metro, por el puro –y hasta morboso- deseo de satisfacer la curiosidad de saber si la piel y la mujer son de verdad seres humanos.
Las mujeres de Japón tienen algunas prácticas específicas para verse bellas y tienen muchas que, indirectamente, derraman beneficios. En este marco, resultado interesante lo siguiente: quien firma como Dr. Adolfo Planet, en su página web, dice revelar los secretos de las abuelas japonesas que, en realidad, están publicados desde hace más de 100 años en el libro titulado "Miyako fūzokukewaiden", que abordó con harta precisión los aspectos relevantes de la belleza y la estética femeninas. Planet hace referencia a ciertos principios que son básicos para una vida con equilibrio. Se rescatan los siguientes acápites llamativos:

  • Vive en una casa limpia.
  • Según te vayas haciendo mayor, no envidies aquello que florece en primavera;
  • Para tener una piel suave y brillante, lávala y mímala a diario;
  • Una buena piel viene de un cuerpo sano;
  • Demasiado maquillaje contamina la piel;
  • Enamórate;
  • Los hábitos de deseos insatisfechos afean una mujer;
  • Una mujer mayor preciosa es preciosa ya que su mente y espíritu son sabios y están llenos de gracia;
  • A la edad de cuarenta, la mente se hace visible en la cara;
  • No te quejes. No tengas envidia. No te irrites. Tu salud se deteriorará y tu piel se resentirá;
  • Si tus hombros están tensos o duros, tendrás líneas y arrugas en tu cara; y,
  • Come comidas sencillas.
En el sitio Belleza Activa se hace referencia a que “Existe una diferencia fundamental entre el concepto de belleza oriental y el occidental. Mientras que en oriente se pretende mejorar la calidad del cuerpo en sí mismo, en occidente se mide cual es su estado y se actúa contra las situaciones concretas (arrugas, flacidez, celulitis, etc.). En Japón, el método para llegar a la belleza es ‘hacer sana’ la piel. En occidente, intentamos ‘borrar’ las arrugas. Insiste en esta idea Kayoko Nakajima, responsable de marketing de la nueva línea Future Solution LX de Shiseido: «Se tata de embellecer la piel sin maquillaje, éste es solo un accesorio. Lo importante es hacer la piel bella por sí misma»".
De este principio se desprende el resto.
Las revistas especializadas, entonces, hacen una lista numerada de los aspectos estéticos más importantes. Parten siempre de la doble limpieza facial, usan toallas remojadas en agua y aceites calientes y cierran el proceso con toallas de agua fría. Con la misma paciencia, dedicación y sutileza, hacen el eishodo, masaje facial japonés que combina conceptos de la medicina tradicional nipona y de técnicas de masaje desarrolladas durante cinco siglos.
La protección del sol es un capítulo aparte. Durante el verano, cuando el sol castiga, es común ver a las mujeres ir por la calle con sombrilla, sombrero, gafas, guantes más arriba de los codos y, seguramente, con una crema protectora de alta gradación. Eliminar el contacto con el sol evita que aparezcan manchas, y que se pierda colágeno y elastina.
En Belleza Activa se afirma que es difícil conseguir una tez alba ya que su piel contiene más cantidad de melanina que la de los occidentales (de ahí el color amarillo) y se broncea con mayor facilidad. Luego, la protección también tiene que ser doble.

Los factores no cosméticos son relevante. El agua es el primero y según la socióloga Mitsue Otsubo la razón es que tradicionalmente en Japón se utiliza el agua como acto de purificación, algo que forma parte de los rituales de la religión sintoísta. Esto explica también la forma en que se lavan a diario los japoneses: se duchan con agua y jabón y una vez están limpios, entran en la bañera, nunca se sumergen “sucios” en el agua. Su piel tiene un contacto permanente con el agua y la beneficia tanto como la hidratación en base de té verde, que tiene un alto contenido de antioxidantes, los que ayudan a combatir los radicales libres y el envejecimiento prematuro de la piel.
En esa línea está también la alimentación.
Los japoneses cuidan su piel por dentro y por fuera. Es el país que debe tener la alimentación más equilibrada del mundo (algo de ello se puede leer aquí). La casi total ausencia de los lácteos en la dieta común, las proteínas que provienen de la soya, la administración correcta de las grasas.
Para ponerle en números, la dieta diaria ha logrado el para muchos ansiado 12-25-63: los expertos tienen como una ley que la alimentación cotidiana de una persona debe tener 12 % de proteínas, 25 % de grasas y 63 % de hidratos de carbono. Fórmula mágica que para los expertos es el “patrón ideal de composición”: 2.300 calorías diarias para los hombres y 1.950 para las mujeres.
La socióloga Mitsue Otsubo, citada por Belleza Activa, afirma que desde muy jóvenes se cultiva el culto por la belleza. “Las niñas empiezan a maquillarse a los diez años de edad, con sombras de ojos y brillos de labios, porque los productos baratos no son de mala calidad”.
Una estadística citada por la experta afirma que el 84 % de japonesas consideran que si usan cosméticos están guapas, aunque defienden permanentemente el concepto de la belleza natural. Es decir, nunca se excederán en el uso del maquillaje. Aunque generalmente sí en el gasto de dinero. “Del total de mercado de la belleza, es decir, higiene, tratamiento y fragancias, el cuidado de la piel del rostro representa en Europa el 26 % de las ventas totales, mientras que en Japón es el 58,1 % de estas. Por el contrario, no existe tradición en el uso de perfumes, ya que se considera que la piel debe oler a ‘limpio’, con su propio aroma y no ‘ocultado’ bajo una fragancia. Es por ello que la venta de perfumes supone menos del uno por ciento del total del mercado, mientras que en Europa es el 44 %. A los japoneses, además, les suelen molestar los perfumes intensos que usamos los occidentales, y consideran que los utilizamos para ‘enmascarar’ el ‘potente’ olor corporal occidental”.
Una costumbre llamativa es que las mujeres consideran esta especie de ceremonia del maquillaje un momento íntimo, personal, es una parte del decoro y los modales femeninos. Como dice el portal nippon.com, “Sin embargo, se consideraba de mala educación que una mujer mostrara cómo se maquillaba. Tomizawa Yoko, investigadora, afirma que '…el decoro y el maquillaje son conceptos arraigados en Japón incluso en la actualidad, y que esto precisamente explicaría por qué se considera una grosería maquillarse en el tren, por ejemplo'".
En definitiva, cometen un error quienes creen en pócimas milagrosas para tener una piel tan perfecta como la de las japonesas y una salud facial general envidiable. Es, eso sí, una suma de muchos factores, tanto cosméticos como culturales, alimenticios y, algo de lo que hace gala el país permanentemente, mucho de identidad.


Muy pronto estaré de vuelta con novedades.

viernes, 6 de noviembre de 2015

Evangelion, génesis y apocalipsis


Bienvenidos, hoy tenemos dibujos que se mueven, acomódense en el sofá, por favor.

Cuántas luces y cuántas penumbras caben en un dibujo que cobra movimiento. Es indefinible si es que quien inventa la historia tiene suficiente talento para convertir unas viñetas en una trama sofisticada. Y cuántos sentimientos humanos pueden ser expresados por los trazos rápidos de un lápiz, que se animan y estallan en fábulas.
El propio creador ha afirmado que una parte importante de los roles que toman sus personajes reflejan su realidad sicológica, escabrosa, dolorosa, frágil: humana.
Hay que poner nombres: el creador es Hideaki Anno y el complejo de creaciones se denomina Neo Genesis Evangelion, que ha sido expuesta al público desde 1995. Es anime, una de las expresiones más fuertes de la cultura popular japonesa, y podría ser el primer título de la categoría de teología posapocalíptica supertecnológica. Huelga decir que es una creación de culto.


Todas las ilustraciones son tomadas del libro Groundwork o Evangelion: 2.0 You can (not) advance, # 2

Evangelion es, probablemente el anime más complejo del extenso rol de producciones del Japón, donde se creó, y del resto del mundo, que ha intentado copiarlo.
Hideaki Anno (1960, Yamaguchi, Japón) consumió todo lo que pudo de su juventud en series de TV y películas de ciencia ficción. Con disciplina, hasta con ferocidad; consciente de que esa era la fuente de conocimientos que iba enriqueciendo su espíritu. En ese mundo de historias inverosímiles se sentía cómodo, sonreía. Por entonces se juntó con otros jóvenes de los que no se separó en la evolución de su capacidad creativa.
Estudió en la Osaka University of Arts y logró formar parte de equipo de élite de animadores del estudio Ghibli, del renombrado Hayao Miyazaki (El viaje de Chihiro y Se levanta el viento, entre otras), centro de creación al que aspira a ser contratado cualquier animador que quisiera entrar al paraíso del anime.
Desde 1984, cuando conquistó cierta fama, hasta 1995, año en el que estrenó Evangelion, acopió conocimientos técnicos y exploró con fruición y rigor la sicología de las personas de su entorno (el archipiélago de Japón fue un entorno apropiado para sus intenciones).
Tenía toneladas de imágenes increíbles guardadas. Las unión con los resultados de su exploración hacia las profundidades de la mente, colocó un marco de gráficas en movimiento y en seis días, para decirlo de forma bíblica, creó los cielos y la tierra de Neo Genesis Evangelion y el séptimo día no descansó, porque la complejidad de la obra tenía que cobrar su parte del costo. Había despertado el alma de miles de forofos japoneses y del occidente, el reconocimiento le llegó mientras pataleaba por emerger de una depresión que le castigo durante cuatro años.
De una parte, motivado por los cultores que no querían que acabara la serie y que tampoco querían permitir que terminara así; y, también, decidido a hacer una catarsis de los atajos sinuosos por los que había transitado su mente, decidió producir cuatro películas de un Evangelion renovado en la forma y fortalecido en el fondo.
En esta entrada el eje serán las cuatro películas de la serie conocida como Rebuild of Evangelion, para intentar un límite a los, por momentos, inalcanzables abismos de Anno. Aunque es imposible desligarlo, no se profundizará ni en la serie de 26 capítulos, manga de 14 volúmenes, ocho películas y otros tantos productos.

Una trama de abismos y no pocos vericuetos

Los habitantes que quedan en el mundo luego del nombrado Segundo Impacto, que ya no son tantos, aún no saben por qué puerta infernal pasaron los ángeles que llegaron a destruir su casa. Ángeles, son la antítesis de la historia, los antagonistas.
Las naciones, juntas frente a la necesidad de pervivencia, encargan a NERV la defensa planetaria. La capital de esta cruzada militar es Tercer Tokio, una ciudad bajo tierra construida para resolver los ataques sucesivos de los ángeles. NERV construyó unos biorobots, llamados Evangelion o Eva, que son las únicas armas para defenderse de los ataques asoladores.  Los robots se fusionan con todas las partes de sus pilotos, quienes deben ser jóvenes.

Shinji Ikari
La piloto del Unidad Evangelion 00 es Rei Ayanami, una joven de origen neblinoso. Es requerido para ese mismo fin el hijo del director de NERV, Shinji Ikari, quien logra una fusión con el Unidad Evangelion 01 (la versión corta y popular es Eva 01) que supera la imaginación de los diseñadores de los biorobots. Luego aparecen los Eva 02 y 03; luego de cuatro películas logran derrotar a todos los ángeles, la humanidad es diezmada y sucede un tercer génesis, un nuevo origen, el renacimiento de la sociedad y, aunque no lo diga y no esté explícito, de otras tantas amenazas, unas internas y otras que llegarán de orígenes inesperados.
Esta es la trama general. Pero, como debe ser, el demonio está en los detalles. Los detalles están metidos en la psiquis de los personajes. Buena parte de los arrebatos suceden alrededor de Gendo Ikari, Director de NERV; su hijo Shinji, el adolescente que pilotea el Eva 01; la difunta esposa y madre, Yui Ikari, bioingeniera, quien murió en un confuso suceso (se dice que parte del alma de Yui quedó atrapada en el Eva 01 y por eso Shinji logra fusiones impensables); y, Rei Ayanami, piloto de Eva 00, quien tiene un origen y un papel en la serie ambiguos, pero definitivos, es demasiado parecida a Yui, demasiado apegada a Gendo, demasiado importante para Shinji y atormentadoramente inexplicable para el resto.
Esas personalidades intranquilas y solitarias aparecen con frecuencia en las expresiones artísticas del Japón, son muy comunes japoneses así, íntimos, herméticos, con una ebullición de sentimientos que explotan y se desintegran en las paredes de su yo, tan solidarios que la heroicidad es ordinaria, respetuosos de los rangos, conscientes de que ellos no se parecen sino a sí mismos.
En los documentos oficiales se menciona con frecuencia que los dramas de los personajes son un espejo de la depresión del creador Anno. La frase que repite insistentemente Shinji Ikari de “No debo huir” es clave en la compresión de teología, la psicología y la fantasía de la Neo Genesis Evangelion.

Biorobots con condimento

Es sobresaliente la variedad y diversidad estética de los ángeles que aparecen para destruir el mundo. Los Eva son gigantescos robots que son piloteados por adolescentes de 14 años. Cuando el piloto se sienta en su puesto la cabina se inunda con una sustancia que no les ahoga, sino que permite que el piloto y el robot se fusionen hasta en los recodos de los cromosomas.
Los Eva están generalmente enchufados, para garantizar la energía suficiente para las batallas contra los ángeles, y tienen una escasa autonomía.
La fusión con los pilotos muestra cómo las máquinas pueden superar los límites de su fabricación gracias a la fuerza interna de quienes las comandan.
Si es que las cosas hasta ahora lucen un poco confusas, es conveniente acudir a la información de Santiago Benvenuto, quien publicó en la página Batanga el artículo titulado “5 cosas que debes saber sobre Evangelion para entenderlo (un poco) mejor”.
La quinta pata más importante es la depresión. “Aquellos que finalizan con los 26 episodios de la serie y la película The End of Evangelion suelen llegar a dos pensamientos comunes: «No entiendo nada, Hideaki Anno, te odio» o bien: «Siento un gran vacío y profunda depresión en mi interior. Hideaki Anno, te odio». O ambos.
Relata que Hideaki Anno “…ideó la obra como proceso terapéutico para lidiar con sus propias ansiedades y su profunda depresión (…) Eso y los robots gigantes, claro".
El cuarto punto, “Evidentemente Hideaki Anno tiene un fetichismo especial por la simbología de las religiones abrahámicas, algo totalmente exótico para la sociedad japonesa. Durante toda la serie se muestran cruces católicas y referencias cabalísticas propias del judaísmo y el cristianismo.

Unidad Evangelion 01

“Los 18 ángeles son tomados del Antiguo Testamento, de hecho, el 18 es un número esencial en el judaísmo debido a que se asocia con la vida. Por otra parte, el argumento de la serie está fuertemente inspirado por los Escritos del Mar Muerto, el texto no canónico que relata la existencia de Lilith, la primera mujer”.
El tercer dato revelado por Santiago Benvenuto se refiere a las inspiraciones freudianas. “El psicoanálisis juega un papel central en Evangelion. La relación de los pilotos con los Eva puede analizarse en términos freudianos de conflicto interno manifestado en las relaciones traumáticas con sus padres” y recuerda una frase de Rei Ayanami que el autor considera freudiana pero podría tener explicaciones en la identidad asiática, “Soy feliz. Porque quiero morir, quiero volver a la nada”.
La segunda surge de “el tsunami de críticas recibidas por parte de las hordas de otaku furiosos” de que el director pusiera al protagonista Shinji Ikari a enfrentarse con rabia a sí mismo, “Anno decidió lanzar un final complementario en formato de película llamado The End of Evangelion” en la que sucede el final de esta parte de la lucha humana por sobrevivir.
En el primer elemento, Santiago se pregunta por el significado final y supone que es abierto y sujeto a interpretación de la audiencia. “Pero en definitiva, para Anno la serie no tiene ninguna interpretación final en particular”, a lo mejor no ha terminado y eso, lo inacabado (que es parte de la estética japonesa) es el cierre de esta obra que puede ser perfectible. El autor pregunta: “¿Tú qué conclusión has sacado? ¿Qué te ha dejado el final de Evangelion?” y concluye con el popular y lapidario “¿También tienes ganas de golpear a Hideaki Anno?”.


Gendo Ikari
En la página web Evangelionwiki () se presenta una serie de datos relevantes, algunos de los cuales quedan consignados aquí:
  • El día del Segundo Impacto fue el 13 de Septiembre del año 2000. Ese día también es el día de nacimiento de Kaworu Nagisa (piloto de un Eva que fue suplantado por el último ángel).
  • La cerveza que ingiere copiosamente Misato Katsuragi, Jefa de Operaciones Tácticas de NERV, es una marca de Yebisu.
  • Las tiendas 7eleven vendieron un Maserati pintado con los colores del Eva 01 al ganador de un concurso en el que hubo millones de participaciones (por alrededor de USD 180.000).
  • Los nombres de casi todos los personajes son de barcos (o tipos de barcos) de guerra japoneses. También muchos nombres están basados en términos náuticos: Ikari / ancla; Kaji / remo corto o timón; Rokubungi / sextante (instrumento para medir ángulos); Kiel /quilla.
  • Cuando Asuka se muda con Shinji, cierra una puerta corrediza y dice que "es el muro indestructible de Jericó". Esta es una escena de la película de Clark Gable, It Happened One Night.
  • El subtítulo de Do You Love Me?, del episodio 25, es el título de un libro escrito por R. D. Reine. Es una colección de poemas de autoría de este psiquiatra, que giran en torno al tema de la necesidad de amor en la sociedad.
  • En el episodio 9, el Eva 02 destruye un edificio con el cartel "Studio Fantasía”, un estudio de animación que trabajó para Gainax, en Otaku no Video.
  • El episodio 10 es una copia casi textual de varias escenas del film The Andromeda Strain, basado en la novela de Michael Crichton, que cuenta la diseminación de un virus diseñado artificialmente y los intentos de las agencias de inteligencia de EE.UU. para contenerlo.
  • La canción "Fly me to the moon" fue originalmente uno de los grandes éxitos de Frank Sinatra.
Las obras de culto son capaces de crear un mundo ilimitado. Es un mérito que el anime pueda ser el instrumento para tener la capacidad, el talento y la valentía de proponer a las audiencias que por momentos se desvistan de su realidad y pasen a habitar una fantasía de una estructura monumental, abisal, contradictoria, pero una propuesta sostenible.
El hecho de que sean dibujos en movimiento, animaciones, es una barrera para una parte de la audiencia, generalmente por el prejuicio de que el anime no puede ser más que jóvenes jugando un partido de fútbol
interminable o una niña que padece en los Alpes.
Pero el anime ha demostrado que puede ser un género cinematográfico tan complejo como el que más.
Es necesario dejar anotado que el aparecimiento de las cuatro películas de la serie Rebuild of Evangelion reanimó a un género que languidecía. Pero también es necesario dejar sentado que el propio director Anno ha dicho que no tiene mucha más vida.
Hay que verla, Evangelion,
tiene la gran virtud de no enseñar nada, pero crea unos abismos internos en los que algo deberá germinar.

Me voy y volveré en un rato más con algún otro cuento entre manos.

sábado, 24 de octubre de 2015

Hierbajos de oro

Saludos a todos, les invite a este bosque para invitarles a recoger hojas. Si le parece una pérdida de tiempo, mire lo que sigue, un texto publicado en la revista MundoDiners de Ecuador, edición 401.


“La hierba es dinero. Eso no lo sabía antes, pero ahora todo mi entorno es una caja de tesoros. ¿Sabe? Ese árbol de camelias me da noventa dólares en un solo día”. Eso lo ha dicho Shimosaka-san, una mujer octogenaria que transformó su vida, como la de su comunidad, gracias a un cambio de óptica sobre el los recursos para el desarrollo rural.
Vive en una aldea rural en el sur del Japón. Al sur de Japón está la isla de Shikoku, la tercera más grande del archipiélago, un entorno excepcionalmente quebrado pero, como la mayoría del país, cubierto de bosques; regados aquí y allá están los lugares poblados que encontraron algún terreno plano donde parar las casas.
Shimosaka-san es uno de los miembros fundadores de una empresa llamada Irodori. Hace no mucho tiempo, ella y los propietarios de otras 200 granjas recibieron a una comitiva de representantes de 37 países de América Latina y África. Los visitantes querían responder a la pregunta de cómo lograron los aldeanos sacarle arte al pasto, un arte que, además, ha pagado las cuentas.
Los campesinos de la localidad de Kamikatsu se dieron cuenta que el mercado demandaba hoja y yerbas para decorar los platos de la comida que se sirve en restaurantes cuya característica son las de un extremo cuidado con el sabor y la apariencia. Nuevamente, la apariencia de los platos.
Pero pasaron carros y carretas antes de dar con esta cosecha de oro. Kamikatsu es un asentamiento más bien nuevo y los agricultores se dedicaron por décadas a la silvicultura y a la producción de cítricos. Pero las cosas no iban bien, sobre todo por dificultades en el mercado de la madera.
Tomoji Yokoishi llegó al pueblo como extensionista de una universidad local. Su tarea era apoyar a una cooperativa de productores. Pero el primer diagnóstico fue deprimente.
“Era muy impresionante cómo la gente hablaba tan mal de su pueblo. Como ya no tenían qué hacer, las personas compartían quejas, no esperanzas”. La verdadera ilusión de los pobladores era irse y como no tenían recursos estaban dispuestos a trabajar extra para que sus hijos se fueran.
El cuadro se completó en 1981 cuando una onda de frío destruyó el ochenta por ciento de los árboles de cítricos, se perdieron unas 120 hectáreas de producción.
Pasado el temporal constataron que no tenían manera de producir riqueza y, además, que la mayoría de los miembros de la comunidad eran ancianos (el 45 % tenía más de 65 años de edad). La solución a sus problemas estaba muy lejos. Y al mismo tiempo muy cerca.

La tradición y sus travesuras

Los ryokan son hoteles tradicionales japoneses. Los caracteriza una atención tan amable como solo pueden darla los japoneses. Las instalaciones mantienen los valores estéticos y de comodidad de eras pasadas (se duerme en futón, sobre el tatami -piso de fibra tejida-) y se sirve una comida espectacular..
Pero no solo en los ryokan. Existen en Japón los ryotei, restaurantes donde los japoneses ponen en práctica lo que conocen como omotenashi: es el concepto del servicio llevado a niveles de insospechados, se dedica una atención meticulosa a todos los detalles para que el cliente se sienta como un soberano, lo que incluye la estética, la calidad de los alimentos, la presentación de los platos. Quien no lo ha vivido no podrá entender lo que significa sentirse mimado por el omotenashi.
Estos niveles de atención se centran en restaurantes de las grandes ciudades, como Osaka, Nagano, Tokio, Yokohama. Y en los superexclusivos ryokan que están en todo el país. La comida principal que degustan los comensales que se hospedan en los hoteles tradicionales se conoce como kaiseki,
Esta cena tradicional es realmente importante. En algunos ryokan, el 70 % de la tarifa que paga un huésped cubre el costo del kaiseki y no es raro que los clientes escojan tal o cual lugar para hospedarse por el prestigio de la cocina y la habilidad del cocinero para preparar estas cenas de antología.
El menú del día lo decide el chef, quien pone mucha atención sobre todo en los alimentos estacionales. Los huéspedes deberán responder todas las mañanas la misma pregunta: “¿A qué hora va a cenar?” De ninguna manera se les pregunta “¿Qué van a cenar hoy?”, esa es una decisión del experto, los comensales esperan con ansiedad las sorpresas. Las cocinas son máquinas precisas, como todo en el Japón.
Ya sentados en la mesa, los platos se suceden uno detrás de otro, no se permiten el mal gusto de tener la comida guardada, la cocina está organizada para preparar y servir, sin dilación. Preparar, decorar y servir, porque tanta importancia tiene la buena comida como los elementos decorativos de los platos que, generalmente, son interpretaciones de la naturaleza: bosques, montañas, el mar. En ese conjunto también interviene la vajilla, que pondrá fondos de color y textura a los sabores y los arreglos encantadores.

Hierbajos mágicos

De vuelta a la pequeña aldea de Kamikatsu, Tomoji Yokoishi perdía el sueño todas las noches mientras trataba de hallar una solución que cambie el destino de un pueblo deprimido. Había que tomar en cuenta dos realidades: los recursos productivos de la zona y la edad de los habitantes. Había descartado volver al negocio de los cítricos porque era una tarea demasiado pesada para personas de más de 65 años.
En un restaurante encontró la solución: miró que los clientes se sorprendían con las hojas coloradas que los japoneses conocen como momiji (arce), disfrutaban de la comida y se llevaban las hojas y los adornos como botines de una noche de travesura. Tomoji Yokoishi corrió con la idea y les contó a los cabizbajos habitantes de Kamikatsu.
“Decían, ¿quién demonios pagará por hojas?, hay hojas por doquier en Japón. Me dijeron que si yo lograba vender hojas ellos caminarían de cabeza en la ciudad de Tokoshima (capital de la prefectura). Mi idea era como un chiste para ellos, todos pensaban que era imposible vender hojas y tal como ellos supusieron al principio fallamos en la venta de hojas”, relató Tomoji Yokoishi.
Perseveraron. Shimosaka-san tomó una hoja de lo que se podría llamar mala hierba, la arrancó de una cuneta. Con movimientos precisos, típicos de quien conoce el arte del origami, la convirtió en una canoa. Luego, sobre todo las mujeres, recordaron que de niñas hacían figuras con cualquier hoja que encontraban. La industria se disparó.
Las ganancias pasaron de ser USD 10 000 al año a 10 000 000, en un período de diez años.
El proyecto Irodori es la forma de vida de cerca de 200 granjas y de 2.000 personas. Su portafolio está formado por unos 320 tipos diferentes de hojas, hierbas y origami vegetal, desde los colores explosivos de otoño hasta las agujas de pino de invierno. La edad media de los agricultores es de 70 años y la mayoría son mujeres.
Shoubu-san y su marido caminan todos los días por las montañas buscando los adornos que tanto aprecian en los ryotei. Recolectar, seleccionar, hacer figuras y enviar no es un trabajo duro como la cosecha de cítricos. Shoubu-san gana, en un buen mes, unos USD 6 000, contra los menos de USD 2 000 que recibía en la época los cítricos, durante todo el año.
Es posible que un negocio así solo sea posible en el Japón. Pero lo que es digno de resaltar es que los pobladores de Kamikatsu, con el liderazgo de Tomoji Yokoishi, descubrieron que la hierba inútil era un recursos valioso gracias a un cambio de punto de vista, esa óptica renovada fue la que provocó el desarrollo rural.

Estaré pronto con ustedes. Mis saludos cariñosos.

sábado, 17 de octubre de 2015

La ruta pedregosa de Shizo Abe, II parte

"Dejar de ver, comenzar a actuar"

Es cierto que no ha habido historias disponibles recientemente. Voy a tratar de igualarme rápidamente, por ahora con esta que es la historia de una –o varias- encrucijada.

En mayo de 2014 se presentó en este mismo escenario el que hoy se entiende como el primero capítulo de un tránsito delicado (se puede leer aquí), texto en el que se ponía de manifiesto dos temas fundamentales que promueve el primer ministro de Japón, Shinzo Abe: la reforma económica y la participación de su país en la geopolítica actual.
Uno de los ejes sobre el que se planteó esta discusión es la posibilidad, que ahora está abierta, de que la utilización de la fuerza militar por parte del Japón tome un sentido diferente (cuyos detalles se pueden consultar en este vínculo).
Pues bien, si entonces se preveía ya un camino pedregoso, la ruta se ha puesto peor. Las aguas del Mar Oriental, como lo conocen los chinos, o del Mar del Japón, como lo nombran los nipones, ha subido de temperatura y amenaza con hervir.
Es una lucha incesante por el poder; tras de los hechos reales se apertrechan las verdaderas intenciones que generalmente se esconden; o, visto desde otro ángulo, verdades de las que se dejan suposiciones, que no certezas.
El hecho tiene nombre y apellido: las islas Diaoyutai (según la versión china) o Senkaku (en el hablar japonés). Vistas desde cualquier perspectiva es un conjunto de rocas a las que nadie dio importancia hasta que se descubrieron minerales en el lecho marino circundante. Entonces aparecieron los documentos, los testimonios, escritos, crónicas y reseñas con los que se podía demostrar al real soberano de esas porciones minúsculas de riquezas incalculables.
El primero que amenazó fue China y Japón descubrió que el país que juró defenderle, EE.UU. pensaría más de una vez si actúa para defender a su socio, porque eso significaría provocar un choque con una potencia de fuerza semejante.
Japón ha funcionado como un aliado estadounidense para mantener una presencia disuasiva geoestratégica en el Asia. Cuando Estados Unidos se erigió como vencedor sobre Japón en la II Guerra Mundial, obligó a que se redactara una constitución en la que los habitantes del archipiélago nipón se declararon un país de paz, renunciaron a tener un ejército y limitaron una fuerzas de autodefensa a actuar solamente para preservar su soberanía territorial. A cambio, el vencedor se comprometió a defender a su socio de cualquier amenaza exterior.
Pero cuando saltaron chispas por culpa de las islas Senkaku a Japón le quedó la sensación que ese protectorado no era absoluto y apareció la sombra de la desconfianza, del abandono.
El nacionalista primer ministro Shinzo Abe (ha durado en el cargo bastante más que el promedio) se ha propuesto provocar una interpretación de la Constitución de Japón que le permita tener una mayor fuerza de defensa.
China volvió a amenazar y los japoneses, al menos una parte importante, protagonizaron la más grande protesta de las últimas décadas para manifestarse en contra de la interpretación de la Constitución, no quieren ni imaginar que su país vuelva a hacer algo ligeramente parecido a lo que sucedió un siglo atrás.
Entonces, Japón se fue de conquista al continente, una aventura que dejó heridas profundas y dolorosas. China, una de las víctimas, ha mantenido de todas las maneras una posición de víctima, que le ha servido, además, para sostener una ánimo exacerbado de la población contra Japón. Ha exigido disculpas públicas que Japón las ha pedido todos los años desde que perdió la II Guerra Mundial.
Pero, el primer ministro Abe afirmó hace poco que “ No dejaremos que sean nuestros hijos, nietos y futuras generaciones, que no tuvieron nada que ver con la guerra, los que se disculpen”.
Pero parece que nada es suficiente para Pekín, ha emplazado los barcos guardacostas más grandes del mundo en una zona muy cercana a las islas; ya está operativo el bautizado como Zhongguo Haijing 2901, una inmensidad intimidante. El principal periódico de Japón, Yomiuri Shimbun, denunció que China comenzó la construcción de una base operativa a 350 kilómetro de las islas, que estaría equipada con hangares para aviones y helicópteros y un muelle para el amarre de seis barcos, inclusive el enorme Zhongguo Haijing 2901. También China ha dicho que construirá una base en las islas en disputa. Para concluir, existen en la actualidad 16 estructuras instaladas para extracción de petróleo, que ha violado un acuerdo previo para realizar una explotación conjunta de los recursos subterráneos.
El diario El Mundo de España, por su parte, ha informado que “De momento, Abe ha creado un cuerpo inspirado en los Marines, permitido la exportación de armas y aumentado el presupuesto de Defensa tras una década de recortes. Toda una declaración de intenciones que aviva la mecha en una de las regiones más calientes del planeta”.
Jeffrey Hornung, en un artículo publicado en el medio digital nipon.com:  afirma que “Todo esto vaticina una seguridad regional precaria. Y lo que es peor, deja a los Estados Unidos en un aprieto. Si se produjese alguno de estos escenarios, Washington tendría un problema muy difícil. ¿Está dispuesto Estados Unidos a utilizar recursos militares para proteger a un puñado de islas deshabitadas y arriesgarse a una guerra a gran escala con China? ¿O está dispuesto a sacrificar su alianza con Japón y, con ello, poner en cuestión sus compromisos en todo el mundo para evitar un conflicto con China?”
Mientras, Watanabe Hirotaka, Director del Instituto de Relaciones Internacionales de la Universidad de Estudios Extranjeros de Tokio, declaró que “En primer lugar, y esto también huelga recordarlo, defenderse ante una ofensiva militar por parte de China, que está reforzando su presencia militar por mar y aire en el mar de la China Oriental y Meridional, y prepararse para un ataque imprevisto con misiles por parte de Corea del Norte son dos problemas de seguridad que Japón necesita atajar urgentemente. En consecuencia, resulta fácil comprender la postura que aboga por profundizar la solidaridad y la cooperación de la alianza con Estados Unidos para reforzar la capacidad defensiva de Japón.
“Y la cuestión de cómo deben colaborar ambos países para dicho fin pertenece al terreno de la gestión de riesgos”.
Finalmente, el Profesor invitado de la Universidad Aoyama Gakuin, Ogoura Kazuo, cree que existen cinco cambios urgentes que debe hacer la diplomacia nipona para enfrentar un escenario tan poco amigable.
1.- Revisar la política de los frenos: la Constitución y una serie de acuerdos han funcionado como una disuasión para que los japoneses ni piensen en la posibilidad de aumentar sus arsenales.
2.- El atrincheramiento: después de la segunda guerra mundial optaron por verse a sí mismos. Pero, “Ha llegado un momento en que Japón va a tener que pensar qué espíritu, qué valores va a ir proponiendo en adelante internacionalmente en común con sus aliados. Por decirlo de algún modo, tiene que salir de la trinchera y concebir una estrategia amplia de apertura al mundo”.
3.- La estrategia del no ser: luego de la II Guerra Mundial hubo un empeño diplomático por transmitir una imagen de “no somos militaristas”; luego, con el milagro económico se transformó en la imagen de “no vendemos productos en base a salarios bajos”. Es el momento de decir lo que sí es.
4.- La contribución al orden establecido: “La política exterior de Japón debería superar esta etapa de contribución al orden internacional existente y pasar a ser una política exterior para la construcción de un nuevo orden internacional”. Tiene que prever una China que es socialista pero que está moviendo la dirección del orden mundial, así como otros países emergentes.
5.- Un necesario reencuentro con Asia: “A fin de construir este nuevo orden internacional, Japón debería tener un papel rector en la introducción de todos los nuevos pensamientos e ideas que están surgiendo a gran velocidad en Asia. Y para ello, además de prestar oídos a lo que se dice en Asia, Japón debería también poner su toque en aquellos valores asiáticos que deberían ser compartidos por todo el mundo y esforzarse para convertirse, junto al resto de países asiáticos, en un foco de emisión hacia todo el mundo de esas ideas.
Para el profesor Kazuo, es necesario limar asperezas con China y Corea del Sur en cuanto a las interpretaciones de la historia y comprender que las guerras son sucesiones de atrocidades: Japón cometió contra China unas similares a las que China ha cometido contra Tíbet, por ejemplo. Y concluye: “Será necesario desplegar una política exterior que aborde los grandes retos de futuro que afronta el mundo compartiendo con el resto de los países pensamientos tan asiáticos como el de la convivencia de la humanidad con la naturaleza, y dejar ya de pensar que la modernización de Asia pasa por su sometimiento a los valores occidentales”.
En el horizonte no se ve ningún rastro de una intención sostenida para bajar las tensiones. Pero si China y sus amigos (Rusia entre ellos) y Japón con sus aliados (EE.UU. e indirectamente la Unión Europea) no hacen algo pronto el agua del Mar del Japón podría comenzar a hervir. Y eso significaría que la humanidad no ha aprendido ninguna lección.

Regresen pronto, esta es su casa.

lunes, 17 de agosto de 2015

Guía para perderse menos en la estación más concurrida del mundo

Hace calor en Tokio, de manera que nos podemos sentar a conversar mientras tomamos una cerveza helada, ¿qué les parece? Yo sigo con la historia. 

Hay personas que deben usar la estación de Shinjuku todos los días y sobreviven porque ya han diseñado un procedimiento para no ser engullidos por este endriago dormido. Pero los que están de pasada y más aún los turistas valerosos merecen un par de señas para que se pierdan lo menos posible en esta estación.
Vamos a ver un poco más de cerca las arrugas de esta historia a través de un personaje, lo vamos a llamar Akira y debemos decir que es uno de los millones de japoneses que todos los días actúan como exactos y eficientes parte de un mecanismos que funciona con eficiencia. 
El buen Akira vive al oeste de Tokio, en la prefectura de Saitama, uno de los grandes dormitorios de la megalópolis. Después de hacer pruebas, equivocarse, llegar tarde a su oficina y ser reprendido, logró trazar la ruta más eficiente, que le permite demorarse solamente una hora y 23 minutos desde su hogar hasta la oficina. 
Eso significa tomar un tren de cercanías hasta llegar a Shinjuku. Sabe que debe ocupar el vagón número seis de la hilera de doce y estar listo en la puerta número 3B: ese es lugar más próximo a las escaleras eléctricas. Sabe que desde que se baja del tren de cercanías tienes cuatro minutos y veinte segundos para tomar el siguiente tren. En ese momento se vuelve parte de las estadísticas: estas estación es utilizada por más de dos millones de personas al día. Más de 2'000.000 de personas al día.
Akira gira a la derecha, esquiva a un grupo de estudiantes distraídos, toma la ruta de la salida B-18 de la zona oeste, pasa el control de salida de la línea que ha usado hasta ahora, en cuarenta metros gira a la izquierda. Ha seguido la ruta a buena velocidad y no ha perdido la compostura por un instante. Resopla. Los sonidos de los zapatos que tamborilean y de las telas que rozan no dejan espacio para escuchar su respiración fuerte. En cincuenta metros más ha pasado por el control de entrada del subterráneo, el panel electrónico le informa que lleva unos segundos de retraso, la masa ha estado lenta se día, llega al mismo tiempo que su tren y tiene que poner un poco de presión con el hombro para caber antes que se cierren las puertas. No ha estado más de cinco minutos en la estación de Shinjuku pero fue y será siempre un lugar de transferencia en el cual se debe tener un procedimiento. Lo contrario es perecer engullido.
Para poder atender a más de dos millones de usuarios la estación tiene 36 andenes y más de 200 salidas. Y tiene 130 años desde que comenzó a operar. Para ponerle un poco más de emoción, pegada a la estación de trenes y subterráneo están las terminales de la mayoría de líneas de buses. Tiene escaleras que conectan los andenes y el subsuelo con tiendas de departamentos, oficinas públicas, almacenes de marca, barrios tradicionales, edificios privados modernos. Algunas hasta conectan este monstruo con la calle anónima. 
Vamos a introducir al siguiente personaje, quien llegó hace dos días desde su natal Italia: Lucía. Por recomendación de sus amigos quería devorarse el barrio donde está la estación y que se llama igual. Comenzaría visitando el Tocho, como se le conoce al edificio del Gobierno Metropolitano de Tokio, gozar de la vista completa de la ciudad desde el observatorio. Después cruzaría rápidamente a la zona sur para mirar vitrinas y gastarse unos yenes; pensaba almorzar en Kabuki-cho, barrio reconocido por la calidad, variedad y libertad del entretenimiento; y, terminaría el día en el famoso New York Bar, del hotel Park Hyatt Tokyo, casi un templo para los fans de Bill Murray y la infinita abulia que destilaba durante la película Tokyo Lost in Translation.
Lucía llegó aproximadamente a las 10 de la mañana cuando la presión de la hora pico había disminuido. Sin embargo a Lucía le pareció interesantes ser parte de una hola humana, lo estaba disfrutando.  Siguió los consejos de sus amigos y atendió a todos los letreros, avisos, llamadas, banderines y pancartas para no perderse en el trayecto. Había una bifurcación tras otra, como una especie de rompiente sostenida. Por primera vez se sintió en un laberinto, pero 20 minutos después emergió de las profundidades, respiró profundo y casi pierde la estabilidad por el esfuerzo que representó levantar la mirada hasta la cumbre de las torres gemelas del Tocho. 
Cumplió con el plan, era el mediodía y calculó que llegaría a buena hora para una compras rápidas. Hacía un calor normal y se sentía una humedad japonesa, por lo que decidió aprovechar el laberinto que tenía control de la temperatura. Lucía apostó que caminaría por esa trampa intrincada por 20 minutos pero ningún tokiota hubiera apostado a favor de ella. 
Siguió la ruta de los letreros como creyó haber entendido, la presión de la gente no había cesado, le pareció que ya no era tan divertido andar con tantas personas y todavía le costaba acostumbrarse a caminar por el lado izquierdo. Por momentos perdió la ruta que le designaban los letreros pero su intuición funcionó bastante también. Creyó haber hecho el trayecto correcto y emergió. No, no había nada que le indicara que estaba a los pies de Takashimaya Time Square, su destino.  El letrero de la calle le mostró lo lejos que estaba, tomó mal una curva de manera que volvió a descender y a hurgar pasillos, andenes, galerías, escaleras eléctricas y probó otra salida que le volvió a mostrar un se había equivocado (desde ahí por la calle se hubiera demorado cerca de treinta minutos, estaba a unos tres kilómetros de distancia). Se animó a preguntarle a una mujer quien le dio claras indicaciones en japonés, de manera que se metió de nuevo entre las costillas de la gran bestia desalentada por no poder entender la ayuda. Al cuarto intento lo logró, había estado caminando por algo más de una hora por pasajes subterráneo. 
Miró más que compró y recobró energías en el mismo almacén de departamentos, donde comió, bebió té verde frío y estuvo sentada el tiempo suficiente para calcular los próximos movimientos en el socavón colosal. 
Bajó decidida a cruzar la estación completa hasta la salida Este sin equivocarse y tratar de disfrutar la tarde en Kabuki-cho. Desde el primer escalón sintió como un estorbo la cantidad de gente que había a su lado haciendo lo mismo, ya no era placentero ser una de los miles de millones de medusas que se suben y bajan iguales cuando les mece una ola, apenas entró a la estación se le perló la frente, se escuchaba a lo lejos a la dependiente de un almacén gritar a plena voz lo que creía eran las bondades de un descuento, unos minutos después de virar esquinas, tirar piernas para subir grades, apearse a la izquierda en las escaleras eléctricas, le golpeó por la derecha un aroma a azúcar que empalagó su olfato, regresó la mirada para descubrir que cosas que se comían olían con tanta solidez y cuando se dio cuenta el tsunami humano le había depositado en el control de entrada de una línea de subterráneo. Intentó salir inmediatamente pero la portezuela se negaba a permitirle la libertad y al funcionario le tomó algún tiempo entender el italó-inglés de Lucía y lograr que ella entendiera su japonés keigo, ese casi dialecto que extrema las cortesías. Se libró del aprieto por una puerta diferente desde donde no tenía ni una peregrina idea de cómo retornar a la ruta perfecta a Kabuki-cho. Diez minutos después una mujer septuagenaria, que formaba parte de un grupo de voluntarios que ofrecían ayuda en idiomas extranjeros, le dio una explicación que ni ella se creyó. Lucía galopó sobre el lomo de la incertidumbre unos 20 minutos más hasta que encontró un mapa cuyas referencias le eran familiares, se daba a sí misma voces de aliento en un volumen muy bajo, que alcanzó a escuchar un hombre ajado que rondaba por esa zona. Era occidental y le preguntó en italiano si requería ayuda, Lucía feliz le hizo un resumen de tres minutos y 25.000 palabras de lo que había sido su día en Shinjuku. El hombre le contestó que el endriago dormido le había devorado hace mucho, que llevaba siete meses y medio tratando de salir de la estación. Alguien les pidió, en japonés, que conversaran en un lugar donde no interrumpieran el paso pero no entendieron y provocaron cierto embotellamiento en esa bifurcación.
Tomo valor, respiró profundo, hizo a un lado a su interlocutor, se pegó bien a la pared del lado izquierdo comenzó a caminar con lentitud pero con la misión de no dejar de leer ninguno de los letreros que estaban colgados, pegados a la pared, adheridos al piso, menos aquellas estrellas luminosas de pantallas planas. Unos minutos después entró en la cuenta de que ya estaba caminando a la velocidad de los otros usuarios de la estación, que suele ser demencial, y que sin embargo no se había perdido ningún letrero. Rió para sí.
Había subido y bajado tanto que lo que más le sorprendió fue salir al mismo nivel de la calle. Había perdido 55 minutos dentro de la estación y ahí estaba, la Kabuki-cho, la zona roja de Shinjuku y uno de los mayores emporios de diversión nocturna del gran Tokio. Tenía pocos motivos para estar contenta, Lucía recorrió las calles estrecha, los negocios comenzaban a desperezarse y tenían un olor a resaca tras la víspera que se extendió hasta bien alzado el sol de ese día.
Pero no duró mucho, los pies le exigían descansar, regresó a mirar hacia la estación de Shinjuku y un frío húmedo le bajó de la nuca hasta media espalda. No iba a arriesgarse a nada más, no ese día. Caminó unas pocas decenas de metros hasta una avenida próxima y pidió al conductor que le lleve al Park Hyatt Tokyo, lo dijo con tanta firmeza, desesperación y arrogancia que el conductor no se atrevió a hacer ningún comentario. Tres cuadras después el taxi se apeó ante la impresionante entrada del hotel. Lucía subió al piso 42 del hotel, entró al New York Bar e hizo honores a Bill Murray acuñándose una borrachera descomunal.
Entre Akira y Lucía les une el uso de la estación de Shinjuku, la que más pasajeros usan en el mundo. Akira lo sabe y los amigos de Lucía no le dijeron, pero los japoneses parece que tienen un radar especial para sobrellevar la experiencia del endriago sin mucho apuro; lo que tampoco le dijeron, porque probablemente no lo sabían, es que el consejo básico es no entrar a la estación si no se conoce la salida.
Claro que esta historia tiene ficción, pero es la única manera coherente de provocar la sensación que causa estar en un mal día en este gran ícono del transporte público.
A pesar de soportar un tránsito tan pesado, es casi imposible tocarse con otra persona, los japoneses tienen una habilidad destacable para moverse en espacios delgadísimos sin provocar contacto que, por lo demás, está muy mal visto. Lucía lo comprobó y Akira depende todos los días de que el sistema funcione perfecto, en Shinjuku (en Japón), logran afinar hasta niveles insospechados la demanda por puntualidad (en 2013, todo el sistema ferroviario de Japón tenía un retraso acumulado de 36 segundos y pretenden bajar esa cifra a 25 segundos). 
De manera que la conclusión para perderse menos en la estación más concurrida del mundo es esa, no entre si no sabe cómo salir. ¡Pero anímese!, el Japón es uno de los países más seguros del mundo, las cosas no se pierden. Las personas tampoco.

Hasta pronto, me voy ahora para volver rápido a encontrarme con ustedes.