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jueves, 18 de junio de 2015

Koyasan está dos pasos más cerca del cielo

Les saludo con cariño y, como viene el tema, con harta espiritualidad.

Lo que nos llevó a Koyasan fue la inquietud de posar los pies sobre uno de los sitios sagrados más importantes del budismo. Pero también un deseo de dejar que el alma sea acariciada por los recintos en los cuales se reparte a manos llenas la espiritualidad, sonreír desde el corazón, como dice Roberto Chato.
Sucedió, además, que coincidió esta visita con la semana de celebración de la fundación de este complejo religioso y, al mismo tiempo, de la creación de la secta shingon que practica el budismo esotérico. ¿Cuántos años desde la fundación? No muchos, mil doscientos (¡1.200!).
La península de Kii está ubicada en el sur de la isla mayor de Japón, al este de Kioto. Es, este enorme territorio de 1.137 hectáreas, Patrimonio de la Humanidad en la categoría de Sitios Sagrados y Rutas de Peregrinación.
Los nipones creen, en principio, que sobre estas tierras la diosa Amaterasu fundó Japón hace más de 2.600 años y, como es su caso, la creación de una organización nacional está atada con cuerdas irrompibles al más profundo concepto religioso del país.
De manera que ir a un complejo de semejante trascendencia es excepcional. Más si Koyasan es el principal centro de budismo esotérico fuera del Tíbet.
Los japoneses les dan a ciertas montañas el apelativo de “san” (que significa señor o señora) como una señal de respeto. Así, es nombrado Fujisan ese maravilloso coloso cónico, y la montaña Koya, Koyasan. Este sitio sedujo al espíritu místico de Kobo Daishi (conocido como Kukai), el hijo de una familia acomodada de Kioto que trastocó la historia religiosa del Japón.
“Yo, el discípulo Kukai, movido por un impulso interior, he pensado todo el tiempo en volver al origen. Como no conocía el camino grité más de una vez parado en la encrucijada. Sin embargo, mi deseo sincero se cumplió. Encontré éste que es el enfoque budista esotérico. Empecé a leer (el Sutra de Mahavairóchana) sólo para darme cuenta que no lo podía entender. Entonces quise visitar China”, escribió.
Más allá del mar de Japón encontró a su maestro quien le reveló todos los secretos. Kobo Daishi era un hombre santo y no tardó en estar listo para volver a su país con la misión de predicar el budismo esotérico. El monje pronto contó con el auspicio de la corte imperial pero eso no provocó que desconociera una realidad curiosa.
Había, básicamente, dos ramas principales de budismo: aquellos funcionarios religiosos que de alguna manera se habían convertido en burócratas espirituales, que vivían -y de alguna manera gozaban- del oropel imperial; y, también había quienes se llamaba “religiosos particulares”, ascetas cuya tarea se centraba en adivinar y diseminar el budismo (en un territorio en el que convivían con el shintoísmo en armonía) y que andaban libres por las montañas, ese era un ambiente conveniente para sus meditaciones.
Kobo Daishi (llamado Kukai) logró un punto de equilibrio. Dejó escrito que “De acuerdo con los sutras de la meditación, ésta debería practicarse de preferencia en una zona plana en el corazón de las montañas. Cuando era joven, yo, Kukai, solía caminar por espacios montañosos (…) hay un lugar abierto y silencioso llamado Koya (…) alrededor hay picos muy altos en las cuatro direcciones. No hay caminos hechos por el hombre, ni siquiera senderos. Ahí me gustaría (…) construir un monasterio para la práctica de la meditación, para beneficio de la nación y de aquellos que deseen adoptar una disciplina”.
Sucedió en mayo del año 816, recibió la autorización para establecer la matriz física del budismo shingon desde donde partirían los maestros para extender su fe por todo el país. Fue a su montaña, le acompañaron muchos seguidores y otros tantos trabajadores que comenzaron a edificar el centro. De eso son ya 1.200 años.
El primer edificio es quizás el más llamativo o el más extraño o, si acaso, el más inusual dentro de las construcciones religiosas japonesas: Konpon Daito. Es una mezcla entre una estupa, edificios de veneración muy comunes en las zonas de influencia del budismo tibetano (Bután, Nepal, la China tibetana, India) y una pagoda, característica de los lugares sagrados de Vietnam, la China del sudeste asiático, Tailandia, Corea y el propio Japón.
Desde Kobo Daishi en adelante, Koyasan fue acumulando hitos sagrados en abundancia y se ha convertido en un espacio que hace que se encoja el corazón, da la impresión que las piedras tienen guardado un mensaje sagrado y que las hojas secas que han caído de los árboles son una conexión espiritual.
La secta shingon del budismo tiene particularidades importantes. Andrés Mora, en el blog Budismo, afirma que “Según el Shingon, la iluminación no es una realidad distante y lejana que puede tardar eones en alcanzar, sino nuestro derecho de nacimiento, una posibilidad real a lo largo de esta vida. Con la ayuda de un auténtico maestro y a través de un entrenamiento correcto del cuerpo, el habla y la mente, podemos reclamar y liberar esta capacidad iluminada para nuestro bien y para el bien de los demás”.
Y agrega, “En el Shingon, el buda Vairochana se dice que está en todas las cosas. (…) Este conocimiento depende de recibir la doctrina secreta de Shingon, transmitida oralmente por los maestros de la escuela a sus iniciados. Tanto el cuerpo como el habla y la mente participan en el proceso: el cuerpo mediante los gestos devocionales (mudra) y el uso de instrumentos rituales, el habla mediante fórmulas sagradas (mantra), y la mente mediante la meditación”.
Koyasan y las enseñanzas que partieron de la montaña lograron su propósito, en Japón existen cerca de diez millones de seguidores del budismo shingon, quienes asisten a unos diez mil templos.
Este complejo es un excepcional hito que forma parte de una de las más importantes rutas de peregrinaje. De hecho, buena parte de los 120 templos que componen el complejo tienen adecuadas facilidades para los peregrinos, adicionales a las propias de la actividad monacal.
Llegar a conocer todas las magníficas obras de Koyasan puede tomar varios días. Al autor de este blog le llamó la atención Danjo Garan, que es el nombre que recibe el complejo central de Koyasan. Y dentro de él la sala de rituales del edificio llamado Kondo: luminosa, enorme, decorada en una pared lateral por dos descomunales cuadros de sakura y en el fondo por una serie de objetos sagrados. Es un lugar en el que provoca meditar sonriendo. A través de uno de los ventanales se observa el que posiblemente sea el jardín zen más grande de Japón, intimidante mezcla de un mar de arena, piedras como islas y las especies vegetales justas para crear un ambiente que sirva para la meditación, para seguir meditando con una sonrisa.
Es interesante conocer que en el complejo también existe una universidad. Valga decir que Kobo Daishi inauguró, hace 12 siglos, el primero centro de estudios de acceso universal. En Koyasan se concentra como un instituto de estudios sobre el budismo shingon.

Y este, que queda consignado al final, es, como otros, estremecedor: Okunoin. Es el lugar en el cual el fundador recibió la iluminación, desde donde partió con rumbo al Nirvana. Se dice que Kobo Daishi descansa allí en eterna meditación. Para los japoneses es uno de los lugares más sagrados del país.
Está rodeado por el cementerio más grande del archipiélago nipón. Todo el mundo quiere estar al lado del maestro y por eso provoca una realidad insólita: junto a las lápidas que recuerdan a los sogunes, la alta aristocracia japonesa, están las de leñadores, campesinos o comerciantes. Es tanta la devoción que las más importantes empresas del país han construido monumentos como ofrendas al fundador para obtener sus bendiciones.
Pero el sentido de búsqueda espiritual domina desde el techo del templo, pasando por todas las lápidas, monumentos funerarios, templos, pagodas, salones, cuartos para peregrinos; es difícil no sentir que Koyasan está dos escalones más arriba de la Tierra. Dos pasos más cerca del cielo.
Kobo Daishi escribió un poema cuya parte final dice:
Jamás me canso de mirar los pinos y las rocas del monte Koya.
La límpida corriente de la montaña es la fuente de mi inagotable alegría.
Olvídate del orgullo por las recompensas mundanas.
¡No te calcines en la casa que arde, en el triple mundo!
Tan sólo la disciplina en los bosques nos permitirá acceder al reino eterno.

Vuelvo con ustedes pronto.

jueves, 4 de junio de 2015

Un templo para aprisionar al coloso del agua

El clima va pasando de templado a caliente, ¿qué les parece si nos sentamos un rato afuera, para aprovechar la brisa?
No pocas veces hay quien se pregunta qué movió a seres humanos a asentarse para vivir en zonas que son tan riesgosas, complicadas e inquietas; la pregunta se estira un poco más: cuántas otras virtudes tenía el Japón para animar a que las personas decidan construir aquí su hogar a pesar de ser la zona más sísmica del mundo, que es visitada por no menos de treinta tifones al año, que ha sido golpeada por tsunami y que tiene casi una centena de volcanes activos.
No hay una respuesta a la vista pero, pero el ingenio de los japoneses ha logrado mitigar en mucho los efectos devastadores de estos fenómenos inevitables.
El tema de hoy es un coloso llamado agua. Se han tomado, y se siguen tomando, acciones que siguen una dinámica permanente de innovación y desarrollo para ser cada vez más eficientes en el control de inundaciones. Los japoneses han decidido que una de las mejores estrategias es apresar al agua cuando se pone inmanejable y dejarla ir cuando se calme.
Se han inventado un especie de centro de detención provisional que, si bien puede sonar a un asunto relacionado a delitos penales o a un exceso de fantasía, las evidencias demuestran que funciona bien.
Vale volver a recordar que el 60 por ciento del territorio japonés está formado por montañas, en las zonas planas se han concentrado los asentamientos humanos que, por la falta de espacio, se han apiñado hasta formar, como en el caso de Tokio, ciudades sorprendentemente densas, en todos los sentidos.
Estos llanos tienen poca altitud, están generalmente pocos metros sobre el nivel del mar, durante la historia del país muchas veces los tentáculos de este coloso azul se ha metido por las calles hasta las casas, aquel líquido que baja rabioso por las montañas cuando pasan los tifones devastadores, el mismo que se mete desde el mar cuando entran los tsunami y arrasan.
De alguna manera este tema ya fue abordado en este artículo, pero hay novedades que añadir y la primera tiene que ver con el transporte y la manera cómo se está evitando que el agua entorpezca el sistema más puntual del mundo.
En Tokio hay dos operadoras de trenes subterráneos, que son propiedad del gobierno y de la administración metropolitana. Las dos operadoras tienen que lidiar con unos 10 millones de pasajeros que se movilizan cada día. Es como transportar a toda la población de Moscú o a toda Bolivia durante las 18 horas de operación (si se amplia la cuenta al Gran Tokio y a los trenes exteriores, cada día viajan 26 millones de pasajeros, la fuente es Japan Today; es algo más que toda la población de Australia).
Para que ello suceda operan 13 líneas, que utilizan 231 estaciones que unen una red de 286 kilómetros de vías. Todas estas estaciones están bajo tierra y son potenciales pozos a donde caiga el agua de lluvia que no sea canalizada correctamente.

Fotografía de Tokyo Metro
El hecho de la densidad poblacional de Tokio es importante. Normalmente, cuando llueve, el suelo absorbe el agua y que baja por conductos subterráneos hasta los sumideros naturales, que son los ríos. La naturaleza de cada zona ha trabajado por cientos de años en construir sus sistemas de desagüe.
Pero se invalidan en las ciudades, que están llenas de cemento y asfalto, materiales impermeables. Los niveles de lluvia son los mismos, pero ahora la tierra no absorbe sino que el agua fluye por las aceras, por las calles, a las alcantarillas y luego a los desagües artificiales, que suelen ser ineficientes en el momento de mayores precipitaciones.
El Scientific American Blog Network publicó un artículo en el que dice que “El control de inundaciones es un componente importante en la adaptación al cambio climático y los esfuerzos de resiliencia”.
Lo peor que le puede pasar a esta ciudad es que las vías de desfogue se saturen y el agua termine en las estaciones de metro, como sucedió en el pasado.
Una medida particular es la que desarrollo Tokyo Metro: es un sistema que sella el 20 % de las estaciones. Es decir, durante una inundación es más seguro estar dentro del metro en una de esas estaciones metros bajo el nivel del suelo que a la intemperie, que con los pies sobre la tierra.
El sistema es múltiple: unas enormes puertas sellan los túneles por donde transitan los vehículos. En el mismo momento, se cierran herméticamente los ductos de ventilación y la entrada a la estación, que está a nivel de la calle. Con esto se logra tener un espacio seguro. Este sistema también crea refugios apropiados si la amenaza es un tsunami.
Diario El País, de España, reportó hace poco que “Otro de los activos con los que cuenta la ciudad para luchar contra posibles inundaciones son los diques construidos en paralelo a sus ríos. En la actualidad el Departamento de Construcciones del Gobierno Metropolitano de Tokio está creando varios “súper diques”, capaces de aumentar el control sobre sus aguas. Estas macro estructuras construidas a lo largo de amplias extensiones de terreno también están pensadas para contrarrestar los efectos de posibles terremotos en las zonas donde se encuentran ubicadas. Junto a los diques, las esclusas situadas a lo largo de la bahía de Tokio juegan un papel fundamental en el control de las aguas en caso de desastre natural”.

El diagrama fue realizado por Scientific American Blog Network
Pero el que se lleva todos los premios es el que se considera el más grande sistema de prevención de inundaciones del mundo, se le conoce como el Templo Subterráneo o G-Cans y su nombre oficial es Canal de Descarga Subterránea Exterior del Área Metropolitana.
Eugenio Rodríguez, en su blog Fieras de la Ingeniería, informa que los trabajos de construcción se iniciaron en 1992, se terminaron en 2009 y se usó cerca de 1.700 millones de dólares de las cuentas del gobierno.
Una manera muy práctica de entender cómo funciona es compararlo con la rendija que tienen los lavamanos por donde se va el agua cuando se acumula en exceso. Pero este proyecto japonés tiene dimensiones colosales.
Cuando hay una cantidad de agua que puede provocar daños a la población se recoge el excedente de agua, se lo canaliza hacia cinco silos a través de túneles y se deposita en un tanque de almacenamiento que es como el centro de detención provisional. Un sistema de más de 70 bombas conducen el agua hacia el río Edogawa, en las afueras de la capital de Japón.


Foto tomada de http://www.unmissablejapan.com
Cada silo, de hormigón, tiene una profundidad de 65 metros, piense en un edificio de 20 pisos. El diámetro de 32 metros. El túnel que une los silos tiene 6,4 kilómetros, un diámetro de 10 metros y está perforados a una profundidad de 50 metros bajo la ciudad. Cuando los silos se llenan, el túnel conduce el agua al imponente Templo Subterráneo. Es un depósito de 177 metros de largo y tiene una altura equivalente a un edificio de 8 pisos. Está conectado a un sistema de bombas que pueden drenar 200 toneladas de agua por segundo.
Satoshi Yamamoto dijo al medio digital Bloomberg que “…el calentamiento global parece estar haciendo que las tormentas y tifones ocurran con más frecuencia, lo que exigiría un aumento del uso de depósitos subterráneos de la ciudad. Japón registró un promedio de 13 tifones durante los tres primeros años de la presente década, en comparación con un promedio de alrededor de 11 en los seis décadas anteriores”. El científico cita como fuente a la Agencia Meteorológica de Japón.
Yamamoto fue entrevista por este medio de comunicación porque es el responsable de la construcción de uno de los mega silos, cuya terminación está planificada para 2016. Este, en particular, está ubicado en un lugar muy populoso y famoso: debajo de Roppongi. Tiene capacidad para almacenar el agua que llenaría 54 piscinas olímpicas.
Para el Japón, la solución a los problemas derivados del exceso de agua es crear espacios de almacenamiento temporal debajo de la ciudad. Hasta el momento ha servido, Tokio no ha sentido ningún efecto adverso de los tifones de los últimos tres año. El sistema no ha sido probado todavía con un tsunami y lo mejor sería que eso no suceda nunca. Lo mejor, por el momento, es la seguridad que genera saber que hay un sistema trabajando para hacer la vida mucho más llevadera en este país que se retuerce.

Me encantará verles ya mismo para contarles otra historia.


Antes que se vayan, si siguen este vínculo pueden tener un "streetview" del G-Cans, gracias a Google Maps.
En este otro pueden hacer una visita con la cámara de un aficionado.