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viernes, 8 de enero de 2016

La alegría cantada por 10.000 voces

Hola. Beethoven, la I Guerra Mundial, el Himno a la Alegría. ¡Uf! Esto parece una mezcolanza, pero no lo es. Siéntense, me demoro muy poco.

Cuando el re menor retumba ,10.000 cuerpos se levantan de sus sillas. La voz del barítono Eijito Kai se apodera a la fuerza hasta de los espacios llenos del enorme recinto. Ha comenzado.
El coro final de la Sinfonía No. 9 de Beethoven cubre el sol de Osaka, Japón. Sin el menor desparpajo, millones de japoneses muestran la alegría en su rostro; sucedió igual en 1982 cuando se estrenó formalmente por primera vez; pasó en 1940 cuando se celebró el aniversario 2.000 de la fundación de Japón; y, fue muy parecido a la más modesta primera interpretación que origina esta historia, en 1904.
En diciembre, por 28 años consecutivos, se presentó el Daiku. De esta manera cariñosa le llaman los japoneses a la Sinfonía No. 9 de Beethoven. Daiku tiene dos significados: carpintero y noveno. Pero, en estas trampas que colocan los idiomas ideográficos, el trazo de la palabra noveno está muy cerca de “gran mérito” y “orden supremo”.
El Daiku está asociado a eventos que terminan por provocar una sonrisa. En 1904, durante la I Guerra Mundial, el ejército de Japón, debido a una alianza militar con Gran Bretaña, detuvo a soldados alemanes en China. Y los llevo a un campo de prisioneros en una localidad cercana a Osaka.
Los infelices alemanes se encontraron felizmente con un jefe de prisión cuyo padre había sido samurai y entendía muy bien el concepto del trato digno de los prisioneros.
Sucedió que se les permitió organizar una orquesta, les entregaron los instrumentos, los presos y un grupo de lugareños interpretaron, por primera vez, el Daiku en Japón. Fue un suceso, fue mucho más que un grupo de presos cantándole a la alegría. La palabra que se usó entonces fue “conmovedor”.
De hecho, se estableció una relación conmovedora entre Beethoven y el Japón, a tal punto que fue la música principal que se interpretó, luego, para celebrar los 2.600 años de fundación del país (los registros indican que el primer emperador del Japón se instaló en el 660 a.C.).
Luego, “En 1983, MBS pidió a sus empleados aportar ideas interesantes para celebrar la gran apertura de la Sala de Osaka Castle Hall, la sede del evento. A uno de los empleados se le ocurrió la idea de que 10.000 personas se reunan a cantar la Novena de Beethoven”, informa Josuke Arai, productor de MBS.
Mainichi Broadcasting System (MBS) es el principal medio comercial de la región de Kansai (donde se ubica Osaka) y tiene una audiencia de los 22 millones de espectadores. Osaka Castle Hall es un enorme teatro que está junto al Castillo de Osaka, una construcción histórica espléndida.
Ahí se estableció la principal, y más interesante, regla del Daiku: los cantantes debían ser no profesionales. Todos estos cantantes son aficionados.
“Cada año, cerca de 14.000 personas de todas las clases sociales aplican para el evento. Con esas aplicaciones se seleccionan 10.000 cantantes. Las solicitudes llegan de todo Japón, pero principalmente de la región Kansai y Tokio”, advierte Arai.



La pasión por Beethoven

Eijiro Kai canta “Freunde!” (¡Alegría!) y 10.000 voces, en vivo, responden con la misma palabra. La misma intensidad. Con Beethoven que les recorre por los poros.
Es, sin duda, el autor preferido del país. Tanto, que es tradicional, el 31 de diciembre, la llamada “Marathón de Beethoven”: se interpretan las nueve sinfonías en seguidilla, desde las diez de la mañana hasta las diez de la noche. El auditorio siempre está lleno.
Arai precisa que “No hay duda de que Beethoven es uno de los compositores clásicos más conocido para los japoneses. Sus obras musicales se utilizan con frecuencia televisión, radio, anuncios publicitarios, etc, aunque la asistencia a los conciertos no es tan común, supongo que la mayoría de japoneses cree que la música clásica es difícil de entender”.
La presentación del Daiku de 2011 fue especial. Si hizo una conexión satelital para integrar a 200 cantantes de la región de Sendai, la que recibió los garrotazos del terremoto, el tsunami y la crisis de la contaminación nuclear del año anterior.
En el Osaka Castle Hall se juntan los 10.000 cantantes y queda espacio para unos 7.000 espectadores. La entrada al concierto cuesta algo más de USD 50 y los asistentes pueden cantar con el coro una parte específica de la obra. "Yo no entiendo todas las palabras", dijo una niña de 9 años de edad a un programa de televisión. "Sólo repito los sonidos".
Desde el principio, este evento ha sido patrocinado por Suntory, un imperio industrial dedicado a las bebidas alcohólicas y alimentos, una empresa que factura más de USD 1.000 millones al año y que tiene una activa presencia en muchos eventos culturales.
La orquesta es la suma de varios músicos de diferentes grupos que se reúnen exclusivamente para este evento. Los cantantes tienen prácticas permanentes durante 4 meses antes del concurso.
El Daiku es la única composición musical considerada por la Unesco como Patrimonio Cultural de la Humanidad pero, por todo lo dicho antes, esta versión es conmovedora.
Esa es la palabra que mejor describe al Daiku, al “Beethoven’s 9th. With a cast of 10.000".


¿Listo para conmoverse? Siga esta vínculo.

Nos vemos pronto, hay otros asuntos que tratar para ustedes sobre Japón.

P.D.: Este artículo fue puiblicado originalmente en Revista Mundo Diners.