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viernes, 26 de febrero de 2016

Hacer mejor, la revolución competitiva de Japón

Ya llegaron, que bueno verles, nos hemos alejando un poco, pero ya es hora de volver a hacer lo que nos gusta.

Imaginen un taller en el que un operario trabaja con unos destornilladores que penden del techo. Cada vez que lo usa, la herramienta se mueve de un lado para el otro; la siguiente vez que deba usarlo, unos segundos después, tiene que, literalmente, cazarlo.
Un trabajador notó que esto le quitaba tiempo y, por ende, era menos eficiente. Entonces, colocó un cordel elásticos de manera que el destornillador se movía sin esfuerzo pero luego de usarlo volvía a su lugar.
Esta sencilla innovación, según los expertos, le permitió a la empresa ahorrar unos 200 minutos al mes. Y si eso parece una nimiedad, vale decir que la empresa que hizo esto mejoró muchas otras cosas, las innovaciones funcionaron y ahora es un negocio lucrativo.
En Japón, donde se inventó y se ha desarrollado este método de mejora competitiva, se le conoce como kaizen, palabra que significa, literalmente, "cambio para mejorar"; occidente encargó su propia traducción: “mejora continua”.
Una actitud profundamente kaizen es, por ejemplo, disponer las herramientas en un orden lógico. Es decir, la que más se usa estará más cerca, pero todas tendrán un lugar específico, no se puede perder el tiempo buscando la herramienta adecuada.
Ahora, imaginen a todos los talleres de Japón haciendo lo mismo y al sistema empresarial del archipiélago comprometido con este sistema que lograr ahorrar tiempo y evitar el desperdicio. Este es uno de los sistemas que convirtieron al Japón de unas islas asoladas por las bombas lanzadas por Estados Unidos a la segunda economía más grande del mundo, en el tiempo récord de cuatro décadas.
Terminada de la II Guerra Mundial, Japón comenzó a rehacer su país con el dinero que le prestó el vencedor. Los problemas industriales eran serios y se creó una junta de científicos e ingenieros que propusieran la manera de tener productos que puedan competir mejor en los mercados internacionales. La reconstrucción demandaba de recursos millonarios.
Para lograrlo, las empresas tenían que escudriñar mucho en los procesos, de manera de lograr que el precio de los productos fuera el menor y la calidad la mayor. La junta mencionada invitó a dos expertos estadounidenses en mejoramiento de procesos.
El kaizen se volvió una revolución a partir de lo que hizo Toyota. Ahora se lo llama “toyotismo” y tiene cinco aristas en las que basa su mayor eficacia, los cinco ceros: cero error, cero avería (rotura de una máquina), cero demora, cero papel (disminución de la burocracia de supervisión y planeamiento) y cero existencias.
Esto último tiene que ver con el que hasta ese momento se creía que era el sistema de gestión más eficaz del mundo, conocido como el “fordismo” (el que se utilizaba en la fabrica de Ford). Toyota decidió fabricar solamente bajo pedido, de manera que no necesitaba una bodega, se elaboraba lo que ya estaba vendido.
Entonces se produce una explosión industrial y los productos “Made in Japan” se tomaron el mundo. Sin embargo, no hubiera sucedido a menos que hubiera mediado un factor adicional.
La fidelidad. Los trabajadores profesan un fidelidad extrema por su empresa, saben que cuando son aceptados en una vivirán para ella hasta que deban jubilarse. Luego, no se puede olvidar que la estructura empresarial prevé empleados multifuncionales, quienes desarrollan las actividades que sean necesarias; el director de una empresa puede limpiar los pisos, si eso es lo que se necesita para que la compañía esté bien.
Y luego, las opiniones de los trabajadores, sus puntos de vista acerca de la menaera de mejorar los procesos productivos es clave. Es decir, si es que se analiza cómo reducir los costos de los neumáticos en la flota de distribución de una empresa, los primeros en estar en el proceso son los conductores, ellos saben qué hacer. La clave de la competitividad está en los trabajadores.
El señor Yoshimasa Fukusawa, de la compañía Fukusawa Denko, declaró al medio digital Web Japan que “Nuestros empleados piensan siempre en maneras de mejorar el flujo de trabajo revisando los procedimientos para dar dos pasos en vez de tres, usar cinco segundos y no diez. Son pequeñas mejoras que suman un gran resultado, esto es kaisen”.
Hay ejemplos que van más allá. La empresa Sunaqua Toto contrata a muchos trabajadores que tienen alguna discapacidad. Sucedió alguna vez que las cosas, tal como estaban, generaron dificultades para su trabjo, por ejemplo la altura las mesas de trabajo para quienes asistían en sillas de ruedas. Colocaron unas gatas para automóvil que permiten regular la altura de las mesas, gracias a una idea de Toshiyuki Masatsugu. Él dijo que “Uno siente que ha logrado algo cuando se le ocurre una nueva técnica como esta. Disfrutamos pensando y colaborando con todos para hacer nuestro trabajo mejor”. Su jefe, el señor Kenichiro Hijikata, agregó “A menudo una idea para facilitar el trabajo con personas con discapacidad lo simplifica para todos”.
A pesar de que se piense que ser competitivo depende de contratar a expertos que hagan estudios superespecializados, la solución en Japón es mucho más simple. Es kaizen, un cambio para mejorar.
Con la mesa regulable los discapacitados se sintieron más cómodos, la comodidad empujó la producción: productos de mejor calidad elaborados con menos desperdicio.
Esta última palabra, desperdicio, es clave para entender el kaizen: desperdicio de tiempo.
Es un asunto cultural: mientras están trabajando, los japoneses hacen una sola cosa: trabajar. Tratan de ser los mejores y se retan permanentemente para que todos sean los mejores. El sentimiento de pertenencia a la empresa en la que trabajan hace que estén permanentemente preocupados de que las cosas cambien para bien. Es como si todos los días frente al altar shintoísta dijeran: “hoy fue un día mejor que ayer pero peor que mañana”.
(La cultura latina es muy diferente. Se ve por todas partes que los trabajadores hacen esfuerzos lícitos y no tanto por trabajar menos. Si algo no está bien, le reclamarán a sus jefes, pero nunca sugerirían como mejorarlo. Por otro lado, los jefes confiarán más en las opiniones de su junta directiva que de los obreros que se pasan el día lidiando con los procesos. Se necesita ser japonés para tener kaizen, es un asunto de identidad).
Esta es una lección de actitud nacional por el desarrollo muy importante. Mejorar continuamente aleja el fantasma de la perfección que, para estos fines, es más un estorbo que una aspiración.
En definitiva, se trata de eliminar todos los elementos innecesarios para alcanzar reducciones de costos y, de esta manera, cumplir con las necesidades de los clientes a los precios más bajos posibles.

Es bueno estar con ustedes. Ojalá se repita mucho y pronto.